La economía mundial venia experimentando un proceso de desaceleración. A ello se sumó desde enero la pandemia del coronavirus con impactos muy fuertes en el contexto económico.

Hugo Fazio. Economista. 16/03/2020. Cuando el mundo sufría el proceso de expansión de la epidemia del coronavirus, afectando en múltiples formas la actividad económica global, se produjo el 9 de marzo la fuerte caída en la cotización del petróleo, partir de una diferencia muy grande de origen geopolítico en cómo enfrentar el proceso de debilitamiento en el precio entre Arabia Saudí y Rusia, que habían actuado hasta entonces de común acuerdo para impulsar las decisiones de la OPEP+, que reúne a la organización de países exportadores del crudo con otros Estados que participan en a sus resoluciones, entre los que destaca Moscú, al ser el tercer mayor productor a nivel mundial.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), ya a mediados de febrero, se había visto obligada a reaccionar ante la caída producida en la demanda global del oro negro. Acordó reducir en una quinta parte el incremento acordado de su producción para el año. Explicando en su comunicado que “la principal causa tras esta revisión es el brote de coronavirus y su esperado impacto en la demanda de petróleo de China y, por extensión, en el mundo. En los últimos años –agregó- el combustible para transporte y especialmente el de la aviación, ha sido un factor importante en el crecimiento de la demanda china. El reciente brote de coronavirus –añadió- afectará inevitablemente la demanda de petróleo, particularmente en la primera mitad de 2020. Es probable –estimó- que el virus también tenga un impacto significativo sobre el sector industrial (…)” (13/02/20).

Antes de la fuerte caída de la cotización del petróleo, la consultora IHS Markit había estimado que en el mercado no existía demanda para 3,8 millones de barriles diarios de producción.  Para lograr equilibrar el mercado, golpeado por el coronavirus, cuando se incrementaban los niveles de almacenamiento, era preciso reducir la oferta. Era la forma histórica de reaccionar de la OPEP.

A comienzos de marzo, la OPEP analizó una propuesta de Arabia Saudí de reducir la producción para detener el descenso en la cotización. Rusia rechazó la propuesta con Kazajastán. Moscú sostuvo que antes de adoptarla era necesario tener claro el impacto completo de la epidemia del coronavirus en el mercado del petróleo. El nivel de la cotización también repercute en la producción de esquisto en EEUU. “La caída de los precios –comentó Financial Times- llegó en un momento difícil para el esquisto estadounidense. Si bien –añadió- la producción se ha disparado en la última década (…), la industria ha consumido dinero prestado alineando a los inversionistas. Eso lo ha dejado vulnerable a una caída de los precios” (10/03/20).

Al rechazo de Rusia a disminuir la producción en 1,5 millones de barriles diarios, Aramco, la mayor empresa productora global, por decisión de Riad, contestó con el anuncio de que procedería a incrementar su producción. Más aún, Arabia Saudí recortó los precios oficiales de venta para abril en todos los niveles de crudo y a todos sus destinos. Teniendo previsto elevar su suministro por vez primera desde mayo de 2019 a más de diez millones de barriles diarios. En enero produjeron 9,7 millones de barriles por día. El golpe afecta directamente a los países exportadores de petróleo, varios de ellos latinoamericanos.  También a las empresas en EEUU productoras de petróleo de esquisto, con una fuerte expansión en la década pasada, las cuales según el Deutsche Bank precisan de un precio promedio de cuarenta a cincuenta dólares para ser rentables. Poco, después, Aramco informó que a partir de abril subiría la producción a 12,5 millones de barriles diarios.

Fue otra decisión inesperada del príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman. Se trata de un país sin impuestos, cuyo gasto público se financia con los ingresos del petróleo. El conflicto condujo a una fuerte caída de su cotización en los mercados internacionales. En un primer momento se derrumbó en casi un 30%, pero luego se redujo a 24,1%, el mayor porcentaje desde el 17 de enero de 1991 en la fase final de la Guerra del Golfo Pérsico. Ello se produjo cuando la propagación del coronavirus hacía temer un agudo descenso en la cotización durante el primer trimestre. El día 6 de marzo ya se había desplomado en un 9%. Los inversores en los mercados financieros intensificaron refugiase en los activos tradicionalmente más seguros. El “lunes negro” el petróleo WTI cerró en US$ 31, mientras Brent descendía a US$ 34,4.

Los mercados bursátiles reaccionaron también inmediatamente a la baja. Wall Street experimentó un descenso que no se registraba desde fines de 2008, cuando vivió los efectos de la Gran Recesión, con disminuciones superiores al 7%.  El Dow Jones cayó 7,8%, el S&P 500 un 7,6%, sus mayores reducciones desde octubre y diciembre de 2008 respectivamente. En Europa el Euro Stoxx se contrajo un 8,45%. El MSCI Acwi, que incorpora a las bolsas de los países desarrollados y emergentes descendió 7,07%, su día más negro desde octubre de 2008.

 

Al día siguiente, Wall Street registró en promedio una recuperación de 4,6% puntos, mientras el EuroStoxx volvió a caer. Pero, el día miércoles los indicadores estadounidenses nuevamente se contrajeron. El Dow Jones disminuyó 5,9%, experimentando así una reducción de veinte puntos si se compara con su nivel máximo alcanzado el 12 de febrero. Ingresó así a lo que se denomina un mercado bajista. La última vez que se había anotado una situación similar fue durante la crisis financiera de 2008. Además, en esta oportunidad lo hizo en un lapso más breve, menos de veinte sesiones. Una caída de una rapidez de estas características se produjo en octubre de 1929. La velocidad del derrumbe se aceleró cuando se conoció que la Organización Mundial de la Salud había declarado al coronavirus una “pandemia global” (12/03/20).

Incrementándose todavía más luego del anuncio de Donald Trump las cuales limitando los vuelos desde la Unión Europea a EEUU, con la excepción de los del Reino Unido, por treinta días y prohibir el ingreso a EEUU de personas que dos semanas antes hayan estado en algunos de los países del espacio Schengen, el cual permite la libre circulación de personas entre 22 naciones. Posteriormente, debido al incremento de casos en el Reino Unido, lo incluyó en el listado de restricciones junto a Irlanda. “El coronavirus –expresó un comunicado de la Unión Europea suscrito por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel- es una crisis global, no está limitada a un continente y requiere cooperación más que una decisión unilateral. Rechazamos –concluyó- la decisión de imponer una prohibición de viajar”. La agencia informativa France24 destacó que la determinación “ignora la magnitud de la crisis del coronavirus en su país, mientras al mismo tiempo criticaba a la Unión Europea por no controlarlo. Puede cerrar su país, pero eso no cambia nada”. Cumple así con su eslogan de campaña “Estados Unidos primero” (13/03/20). Pero, el viernes 13 tanto el S&P500, el Dow Jones como el Nasdaq se recuperaron en algo más de nueve puntos, luego de que Washington  declarara la emergencia nacional y se solicitó al Departamento de Energía que adquiriese petróleo para la reserva estratégica, los que serían retirados del mercado mundial.

El derrumbe bursátil fue desde luego aún mayor en las aerolíneas, debido a la reducción de vuelos y pasajeros provocado por el coronavirus. Fue en cerca del doble de la disminución general y, en algunos casos, aún superior. Por ejemplo, el retroceso de American Airlines desde comienzos de enero al 10 de marzo era de 41% y el de United de 40%. Ello antes que se aplicase la suspensión decidida por Trump. Por ello, France24 afirmó que la resolución de Trump constituirá una “catástrofe completa”. Una de las aerolíneas afectadas es Latam, controlada por el grupo Cueto, que en lo transcurrido del año llevaba pérdida la tercera parte de su capitalización, la cual ya había descendido durante 2019. Ante este escenario procedió a suspender vuelos internacionales, su principal fuente de ingresos.

El indicador de volatilidad VIX, conocido en EEUU como el “índice del miedo” subió el lunes 9 por primera vez sobre cincuenta puntos, lo que igualmente no acontecía desde la crisis financiera, para hacerlos el jueves 12 a 75,47 puntos, superior al de septiembre de 2008 cuando se produjo la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers. Constituyó el segundo peor día en la historia de Wall Street.

Las consecuencias se dieron a nivel mundial produciéndose el lunes negro los mayores descensos en América Latina. El Merval trasandino cayó 13,75%, el Bovespa brasileño en 12,7% y el Colcap colombiano en 10,53%. En Chile, el S&PIPSA descendió 4,58%, contrayéndose la totalidad de los treinta títulos que lo componen. Las caídas continuaron en los días siguientes. El día 11 el Bovespa volvió a descender 7,64% encabezada por las líneas aéreas Gol y Azul, mientras el IPSA descendía por primera vez por debajo de los 4.000 puntos desde julio de 2016, anotando dos días después 3.737,60 puntos. Luego del anuncio de Trump, los efectos se multiplicaron. En Argentina el riesgo país, que se calcula por la diferencia de tasas entre los bonos trasandinos y los de EEUU, sobrepasó la barrera de los 3.000 puntos, alcanzando su mayor nivel en quince años cuando el país se encontraba en cesación de pagos.

El impacto en la paridad cambiaria de los países exportadores de petróleo fue inmediato. En América Latina la más afectada el primer día fue la moneda colombiana con una reducción de 5,45%, seguido por el peso mexicano con un descenso de 3,36%. Su nivel venía declinando desde principios de febrero, influido por las elevadas pérdidas de la petrolera estatal, Pemex, cifradas en 2019 en US$ 18.000 millones, un 92% más que el año anterior. Los procesos devaluatorios prosiguieron en los días siguientes, alcanzando el jueves 12 varias monedas de la región mínimos históricos. El real brasileño superó los cinco reales por dólar, el peso colombiano sobrepasó por primera vez los $4.000, el peso mexicano se acercó a las 23 unidades por dólar. Ello condujo al Banco de México y a la Secretaría de Hacienda a intervenir en el mercado, anunciando ventas de divisas por US$ 2.000 millones.

En los procesos devolutorios de las monedas de países emergentes influían desde antes otras variables. El Instituto de Finanzas Internacionales (IFI), expresión de la gran banca mundial, calculó que desde el inicio de la crisis del coronavirus, a mediados de enero, se produjo desde los países emergentes una salida de capitales hasta comienzos de marzo de US$ 29.300 millones. Se trata de la cifra más elevada desde que se tienen registros, superior a la experimentada durante la Gran Recesión. “Nuestra muestra –explica Jonathan Fortun Vargas, responsable de las estadísticas de IFI- cubre sobre el 85% a 90% de los flujos hacia los países emergentes”. Agregando que en el caso de los países latinoamericanos, a diferencia del resto, “no han logrado atraer nuevas entradas en los meses previos” (10/03/20). Se produjo desde países emergentes un elevado refugio en los bonos del Tesoro estadounidense. La cifra del IFI es anterior al derrumbe en la cotización del petróleo y bursátil, estando además en el caso de América Latina presente igualmente la incertidumbre interna política y económica. Esta fuga de recursos, manifestó el economista jefe del IFI, Robin Brooks, constituye “una detención súbita y sin precedentes de flujos de capital (…) con flujos de salida superando (…) la crisis financiera global”. En las últimas semanas, detalló, los retiros diarios de reservas llegaron en los mercados emergentes a US$2.000 millones (13/03/20).

La situación de Argentina, en proceso de renegociación de su deuda externa con acreedores privados, es particularmente difícil. El riesgo país avanzó el 13 de marzo a los 3.124 puntos. El proceso devaluatorio hace que los compromisos en pesos argentinos sean cada vez mayores. Mientras el valor real de los bonos trasandinos disminuyen, más atractivos se convierten para los “fondos buitres”. El ministro de Hacienda, Martín Guzmán, insistió en que los acreedores privados deben aceptar “la necesidad de un alivio sustancial” y ser “flexibles pro la emergencia global”. “Nos estamos quedando –concluyó- sin las reservas que el Tesoro puede utilizar para pagar la deuda, necesitamos resolver el problema rápidamente” (14/03/20).

En Chile, el Banco Central en la reunión efectuada por el Consejo de Estabilidad Financiera recordó que las facilidades extraordinarias de provisión de liquidez, que estableció a fines de 2019 junto con la intervención en el mercado cambiario, tanto en pesos como en dólares, siguen vigentes. Igual que este programa, cuya aplicación se encuentra suspendida. Estas formulaciones del instituto emisor en los hechos significaron una “intervención verbal” en el mercado, lo cual contribuyó a la reducción de la paridad al día siguiente del  “lunes negro” a  $ 835,73. No había transcurrido una semana cuando el Consejo del instituto emisor informó que extendería los plazos del programa de liquidez hasta la primera semana de julio, el tiempo que la paridad cambiaria superaba la barrera de los $ 850 por dólar, cerrando el día 12 al nivel récord de $ 853,70. A la vez, la libra de cobre descendía a US$ 2,443.

El derrumbe de la cotización del petróleo se dio en un momento delicado en la economía mundial y cuando se repetían las señales de alerta por los efectos que estaba teniendo la pandemia del coronavirus. La economista jefa del Fondo Monetario, Gita Gopinath, en un artículo dado a conocer en esos días manifestó que los fenómenos de descensos en la demanda y en la oferta que se estaban produciendo hacán recordar lo acontecido “durante la fase más aguda de la crisis financiera global” y superaba lo visto en “otras epidemias recientes o después de 11-S (11 de septiembre de 2001)”.

Los bancos centrales de EEUU e Inglaterra y de otros países procedieron rápidamente a reducir sus tasas de interés. La Reserva Federal anunció en un comunicado dos medidas. Una fue facilitar a los mercados financiación a corto plazo ascendente a US$ 1,5 billones. Y la segunda que incrementaría la compra de bonos del Tesoro, mecanismo que estaba utilizando hasta US$ 60.000 millones mensuales. El Banco de Inglaterra, por su parte, disminuyó la tasa en 0,5 puntos porcentuales desde 0,75% a 0,25%, a lo que sumó llevar el encaje bancario de 1% a 0%, junto a otorgar un elevado financiamiento temporal para salvar, manifestó su gobernador Mark Corney, “un período potencialmente desafiante” (12/03/20).

El Banco Central Europeo no varió su tasa de interés, que se encuentra en terreno negativo, procediendo a ampliar la compra de activos. “La propagación del coronavirus –constató Christine Lagarde, su presidenta- ha sido un shock importante para las perspectivas del crecimiento de la economía global y la economía de la zona del euro y ha aumentado la volatilidad del mercado. Una posición fiscal ambiciosa y coordinada es necesaria ahora en vista del débil panorama y para protegerse contra una mayor materialización de los riesgos de desaceleración” (13/03/20).

El 15 de marzo, la Fed en forma previa a la reunión que tenía convocada intensificó sus medidas de estímulo económico.  Redujo su tasa de interés en un poco usual un punto porcentual, a 0%-0,25%. Luego dio a conocer que recurriendo al mecanismo de relajamiento cuantitativo aumentará la masa monetaria en US$700.000 millones, US$500.000 millones en bonos del Tesoro y US$200.000 millones en títulos respaldados por hipotecas. Las operaciones se iniciarán el día 16 colocando US$40.000 millones.  Además, facilitará dinero a los bancos comerciales a través de una ventana de descuento. Las medidas permanecerán vigentes hasta que exista la seguridad “de que la economía ha resistido –señaló- los últimos acontecimientos y está en camino a alcanza sus objetivos máximos de empleo y estabilidad de precios” (15/03/20).

Al mismo tiempo, se acordó en conjunto con el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra, el Banco de Canadá, el Banco de Japón y el Banco Nacional de Suiza, permitir a bancos centrales tener acceso a dólares a cambio en su propia moneda. El costo del préstamo en dólares será de un 0,25% por encima de la tasa de fondos federales. Esta coordinación busca garantizar la liquidez del dólar, la principal moneda mundial, en el sistema financiero global.

Al mismo tiempo el vocero del FMI, Gerry Rice, constataba que la institución estaba “recibiendo consultas y pedidos de (financiamiento) de varios países entre ellos Irán” (13/03/20). Este país, uno de los más afectados por el coronavirus y sometido a sanciones económicas por EEUU, solicitó un préstamo ascendente a US$5.000 millones.

Las consideraciones recesivas se multiplican. “Estamos –reflexionó Carmen Reinhart, académica de la Universidad de Harvard- ante un shock doble que afecta la oferta, porque rompe las cadenas de comercio internacional, mientras que tiene un efecto en la demanda, debido a que toda la actividad económica está paralizada. También impacta el sector servicios, por el mandado de evitar contagios a través del aislamiento”. En general considera que se trata de la crisis más amplía y compleja desde la Gran Depresión” (15/02/20).

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