Violencia hacia niñas migrantes: desigualdades y exclusiones

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¿Qué condiciones están generando las políticas públicas, discursos políticos, sociales e institucionales para que esto pueda ocurrir?

Caterine Galaz V.

Académica Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Coordinadora Núcleo Diversidad y Género. Abordajes feministas interseccionales.

“Me insultan con garabatos, negra, puta de mierda, y cuando intento defenderme, los miro pero no puedo decirles: ´blancos de mierda´, porque en verdad no lo son, son morenos”.  Esta es la vivencia que narra una adolescente haitiana, en un colegio en Pedro Aguirre Cerda.

06/03/2020. Cuando hablamos de desigualdad de género, pensamos en las  injustas diferencias entre las personas por su posición relacionada al binario: hombre-mujer. Sin embargo, hay mujeres adultas, jóvenes y niñas que van siendo ubicadas en diferentes posiciones de desigualdad que muchas veces quedan invisibles, si es que privilegiamos sólo una forma de ver la realidad. ¿Por qué hoy en Chile a una niña haitiana se le ubica en una posición social de subordinación de tal manera, que algunos/as se arrogan el derecho de insultarla diariamente? ¿Qué condiciones están generando las políticas públicas, discursos políticos, sociales e institucionales para que esto pueda ocurrir?

A estas mujeres no sólo se les diferencia por su procedencia nacional, sino también por su color de piel, por su posición socioeconómica y por su género. La diferencia que se hace de ellas funciona como un “marcador social” que va configurando procesos de inclusión perversa, es decir, dejarlas estar dentro del sistema, pero en los espacios que nadie desea transitar. Esto no sólo está dado por las relaciones cotidianas, sino por leyes, normas restrictivas, discursos políticos y sociales, requisitos específicos para acceder a derechos, el funcionamiento del mercado, la educación, y una serie de otros aparatajes que forman un dispositivo que va controlando, disciplinando y encausando a algunas mujeres migrantes a espacios de subordinación.

Las “niñas migrantes” son homogeneizadas a partir de  múltiples factores: por su edad, al verles en su calidad únicamente de infante (“es que una niña y su madre no la cuida correctamente”), o bien es hipervisibilizada a partir de su condición de extranjeridad, sin prestar atención a las similitudes de edad con niños y niñas nacionales (“es que son así, es su cultura, ellas son así en su país”), o bien es diferenciada por su género, hipersexualizándolas, al quitarles la consideración de niñez, atribuyéndoles características de una persona adulta (“es que no es una niña, es una mujer, son desarrolladas y sensuales”).

Este 8 de marzo, urge que la reivindicación feminista adopte una mirada interseccional: un modo de comprender la complejidad de las relaciones sociales, donde las condiciones de vida política, económica y social de las mujeres no sólo están marcadas por un único factor. La organización del poder y la generación de desigualdades son comprendidas de mejor manera si no se les considera formadas sólo por un eje de división social sino que formadas por múltiples ejes que se influencian mutuamente.

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