1988-2020

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El resultado del plebiscito de abril establecerá una nueva correlación de fuerzas que determinará un nuevo cuadro. La derecha ordena sus filas para participar.

Fernando Bahamonde

Profesor

28/02/2020. En un plebiscito la plebe se expresa y para resolver su destino donde no se votará por personas, sino por una idea de transformación de toda la institucionalidad.

Hace 32 años Chile enfrentaba un plebiscito bajo las reglas impuestas por la dictadura en un clima de incertidumbre, violencia y escepticismo. El camino al 5 de octubre estuvo pavimentado por represión política, cientos de chilenos encarcelados y un gobierno que monopolizó los medios de comunicación para desatar una feroz campaña del terror. El dictador corría sólo y no podía perder, para lo cual viajó por lo ancho y largo del país movilizando obligatoriamente a funcionarios públicos y el “voluntariado” de CEMA Chile. A diferencia del dictador, Piñera difícilmente puede salir de La Moneda sin sufrir un funa callejera.

La oposición se encontraba dividida entre aquellos partidos que venían manteniendo un diálogo con el gobierno desde 1983 y el ministro del Interior de la época Sergio Onofre Jarpa. Otro sector de la oposición específicamente la izquierda era escéptica sobre las posibilidades de triunfo en el plebiscito, entre otras cosas, porque sufría una terrible represión y entre sus filas se encontraban miles de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos y torturados.

Una semejanza es que en ambos casos es la derecha que convoca a un plebiscito. 1988, fue la ruta de la institucionalización que trazo la dictadura, para permanecer en el poder. En 2020 es la salida a un cuello de botella para zanjar un conflicto estructural que se expresa a través de la mayor movilización social desde el fin régimen dictatorial.

En 1988, la participación electoral en el plebiscito fue de 97,53% del padrón. Hoy cuando no se pudo lograr legislar el voto obligatorio la participación es un misterio. Lo que se resolvió hace 32 años concluyó con una transición pactada entre la oposición que se transformó en la Concertación y la dictadura, proceso que nos trae hasta acá cargando una pesada mochila, a un nuevo plebiscito.

El resultado del plebiscito la noche del 26 de abril establecerá una nueva correlación de fuerzas políticas que determinará un nuevo cuadro. Una baja participación electoral implicará que la opción rechazo tiene posibilidades de triunfo. La derecha ordena sus filas para participar, cabe recordar que la baja participación electoral fue uno de los elementos lo que permitió el triunfo de Sebastián Piñera el 2018.

Por otra parte, si la opción apruebo obtiene un triunfo contundente, junto con la votación de una convención constitucional el escenario estará abierto para acumular fuerzas para la masiva participación ciudadana en un proceso constituyente que será inédito en nuestra historia. La participación es la única vía para crear una real democracia en nuestro país.  La participación evitará una nueva transición pactada entre un sector de la oposición y la derecha que desea perpetuar su modelo económico y social, hecho que es una posibilidad cierta en el contexto actual.

Si en 1988 el triunfo del No permitió el cambio de gobierno en 1990, esto no significó el cambio del modelo y la mantención del dictador como Comandante en Jefe del Ejército, sino más bien su naturalización en el tiempo. Ahora, existe la posibilidad que en la medida que este gobierno comience a desvanecerse hasta cumplir su mandato, paralelamente comiencen a construirse los cimientos de un nuevo modelo de desarrollo político y social a escala humana para nuestro país. Pero a no bajar los brazos porque el gobierno para no sucumbir intentará instalar proyectos de ley como el de infraestructura crítica y la materialización del “acuerdo por la democracia y por la paz” anunciado el 25 de febrero recién pasado con el propósito de excluir a sectores o partidos políticos de la escena legal.

En el presente el gobierno a pesar de la derrota que sufrirá el 26 de abril intentará transformar la futura Constitución en el legado del estadista Piñera. Otra cosa será la lucha frontal que dará la derecha y el empresariado por la mantención del neoliberalismo en la sociedad chilena recurriendo a todas las formas de terror incluso para no llegar al plebiscito.

Si bien luego la derrota electoral del 88, la dictadura triunfó en mantener su edificio, por ello la transición no existió; hace 32 años el plebiscito definió un cambio de gobierno, importante, por cierto, para dejar atrás el horror de muerte y tortura. Pero la épica del 5 de octubre no se sostuvo en el tiempo porque las reglas del juego permanecieron de manera estable en un marco de democracia de baja intensidad.

En el transcurso de los próximos años se podrá estar cerca de la gran tarea política de derrumbar el edificio dictatorial para construir un nuevo Estado y nuevas formas de sociabilidad que surgirán de la movilización, lo que puede significar el paso de un enfrentamiento político desde las trincheras, donde cada sector mantiene una postura desde una posición para minar al adversario a otro tipo de enfrentamiento caracterizado por movimientos en terreno amplio del campo, es decir la  lucha de clases se desarrollará a cara descubierta. Fuera de la historia se encuentran las cerca de 200 “figuras” de la Concertación que proponen acuerdos para sólo representarse asi mismos para intentar una nueva transición, como en el pasado, con la derecha.

 

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