Será con esas correlaciones de fuerza en que se libren las batallas populares este año que está por iniciarse.

Eduardo Contreras

Abogado

29/12/2019. Se nos va el 2019, el año en que hemos dicho que “¡Chile despertó!”, en que el pueblo sintió colmada su paciencia de tantos años y decidió romper en mil pedazos el traicionero pacto que hizo posible mantener hasta hoy el mismo modelo económico y social impuesto por la dictadura de Pinochet. Incluido ese catálogo de abusos que es nuestra vigente Constitución Política redactada entre 4 paredes por los asesores del tirano.

Un pacto artero y silencioso establecido entre los partidos de derecha que sostenían la dictadura y un grupo de partidos supuestamente democráticos que no supieron estar a la altura del poderoso ¡NO! que chilenas y chilenas habían expresado públicamente. Hablo de ese grupo que conocimos como Concertación de Partidos por la Democracia, en el que militan hasta aquellos que viajaron a Londres para salvar al tirano de la segura condena que le esperaba con el juez Baltasar Garzón.

Y vinieron los gobiernos de Aylwin, Frei Ruiz Tagle, Ricardo Lagos, todos de un mismo color; renegando de su propio pasado que, en el caso del Presidente Lagos, llegó al extremo de traicionar sus propias ideas personales de toda una vida, consignadas en su texto “La Concentración del Poder Económico” editorial del Pacífico, primera edición en enero de 1961.

De las administraciones posteriores a la dictadura en nuestra opinión sólo el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet intentó algunos cambios y, desde luego, dio inicio a un proceso cuyo objetivo era el de una Nueva Constitución. Se crearon comisiones de estudio, se elaboraron propuestas, se realizaron cabildos ciudadanos y hasta en una “Fiesta de los Abrazos” del Partido Comunista pudimos debatir con juristas como los colegas Francisco Zúñiga del Partido Socialista y Patricio Zapata del Partido Demócrata Cristiano. Pero no fue suficiente el terreno caminado.

Y de nuevo Piñera, el del proceso por estafa del Banco de Talca, el de las tarjetas con Ricardo Claro, el orador central del acto de los pinochetistas cuando el dictador estaba en Londres. Sin duda, un personaje menor en que lo suyo son las jugadas comerciales no la política, sin formación intelectual alguna, y que, con un poquito de dignidad, hace rato que debió haber renunciado.

En ese contexto llegó octubre de este año y la explosión social que ha creado interés en todo el mundo por la vastedad y precisión de objetivos de las demandas populares en que se establece la relación entre las exigencias urgentes del plano económico y social con la exigencia de cambiar el marco jurídico y político que fija las reglas del juego del modelo que regula a la sociedad. El pueblo exige cambios ¡ahora! Pero a la vez se da cuenta que no es posible asegurar con seriedad los cambios de fondo indispensables para una nueva organización política de la sociedad chilena sin dejar de lado para siempre la actual Constitución pinochetista y elaborar a la brevedad una Nueva Constitución Política del Estado de Chile.

Los defensores del sistema de siempre -es decir el pinochetismo y los concertacionistas- ya suscribieron un apresurado pacto “…de la paz “ a fin de tratar de impedir el cumplimiento de la exigencia nacional y popular con el pueblo en las calles durante meses. Se le sumaron un par de despistados supuestamente progresistas que ya recibieron el justo repudio. En tanto, las organizaciones verdaderamente de Izquierda y desde luego el Partido Comunista han mantenido justas posiciones de apoyo al movimiento popular tanto por sus demandas sociales más urgentes como por la exigencia de una verdadera Nueva Constitución para Chile.

Será en este contexto y con esas correlaciones de fuerza en que se libren las batallas populares este año que está por iniciarse. Digamos al tiempo que es el año en que se cumplirán 50 desde la histórica victoria de la Unidad Popular con el Presidente Salvador Allende que abrió grandes alamedas de cambios y que habrían de ser bloqueadas a sangre y fuego por la traición de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, instituciones más próximas a los intereses geopolíticos y económicos del gobierno norteamericano como se desprende de los propios documentos de la época del Senado de los EEUU. Lo que no ha cambiado mucho en nuestro continente si se tiene en cuenta los sucesos en Bolivia por ejemplo.

Está claro que la dura fase de la lucha de clases en el país vivida este fin de año marcará la historia por mucho tiempo. La valentía de los jóvenes, el heroísmo de las compañeras, la presencia de los trabajadores de la cultura, el trabajo de las organizaciones sociales, la creatividad artística y cultural de las manifestaciones, contrastan con la estupidez infinita de los actuales gobernantes, su silencio culpable, su ánimo represivo, su cobardía sin límites.

En su infinita incapacidad Piñera recurre a la mentira y denuncia la presencia de “agitadores extranjeros” en la lucha del pueblo chileno, luego se desdice para luego volver a mentir y hablar entonces de “videos grabados fuera del país”. Ha sido desmentido hasta por el propio Fiscal Nacional y otras autoridades judiciales, pero persiste en hablar las boberías conocidas. Sus ministros son idénticos, un gobierno de incapaces.

Los policías que cometen a diario brutales violaciones a los derechos humanos de la población -según denuncian entidades como Human Rigth Watch, Instituto de DDHH, Alta Comisionada de la ONU, etc.- son muy luego puestos en libertad por tribunales en tanto que los detenidos y torturados por la policía suelen permanecer largo tiempo en prisión.

El número de muertos, torturados, violadas y violados sexualmente, o los que han quedado ciegos o han perdido uno de sus ojos, los secuestrados por carabineros, incluidos discapacitados, configuran un cuadro propio de una feroz dictadura. Ese es el Chile real de hoy.  Y no hablemos de los mandos institucionales de Carabineros, ya desde hace años en su mayoría vinculados a ilícitos como fraudes, apropiación indebida, estafas, etc., etc…

Señalemos, además, que para crear confusión también contribuyen los grandes medios de comunicación de televisión, radio y prensa escrita; el monopolio de la prensa en manos de los grandes grupos económicos de nuestro país, en fin, los partidarios del statu quo que resisten los cambios planteados a la orden del día.

No hay más alternativa que seguir intentando abrir las grandes alamedas. Para recuperar lo que teníamos garantizado hasta el 73, Educación Pública gratuita y de calidad, Salud Pública, Previsión Social estatal, Agua, Sal, Vivienda, Transporte, Cultura, Libros, Vejez Digna, Ferrocarriles a lo largo del país y los principales medios de producción en manos del Estado, como pregonaba Ricardo Lagos en 1961, y no en manos de empresarios privados. El Cobre, el Litio, para Chile.

Y en cuando a Piñera, cuánta razón tiene el escritor chileno Luis Sepúlveda quien, en su más reciente nota enviada desde Guijón, España, le llama simplemente “el loco de La Moneda” sin entender porqué no se va de una buena vez.

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