El número mínimo de asambleístas mínimo debiesen ser 310. Se ha propuesto 155 en el acuerdo de medianoche entre la derecha, la concertación y el frente amplio.

Pablo Monje-Reyes

Miembro Comité Central. Partido Comunista

18/12/2019. En estos últimos días, en nuestro país ha comenzado un intenso debate acerca de cuáles son los criterios más idóneos para la óptima elección de una asamblea constituyente, que sea lo más representativa posible de la diversidad social de nuestra comunidad y que exprese de la mejor forma las demandas de la sociedad chilena. Las reflexiones aquí presentes pretenden aportar algunas ideas, elementos y mecanismos para una elección lógica y transparente de ciudadanos constituyentes, asegurando legitimidad y una participación social completa, en concordancia con las demandas de la sociedad chilena movilizada. 

Primero, algunos antecedentes a saber: la proporcionalidad de género en nuestro país es, según datos demográficos, las mujeres 8.972.014, y corresponden al 51,1% de la población total del país, y los hombres son 8.601.989, y que corresponden al 48,9% de la población total del país. Por su parte; en lo que respecta a la proporcionalidad étnica, es el 12,8% de la población, que es la gente que se considera perteneciente a un pueblo originario, es decir, son 2.249.472 habitantes (Fuente: INE; Informe Censo 2017). 

El número mínimo de asambleístas mínimo debiesen ser 310. Se ha propuesto 155 en el acuerdo de medianoche entre la derecha, la concertación y el frente amplio. El mantener el mismo número de asambleístas a la actual número de escaños de la cámara de diputados es parlamentarizar su constitución y se sabría de antemano las tendencias de su conformación. 

El procedimiento para que se expresen proporcionalidades planteadas es el siguiente: Proporcionalidad de género: Mujeres; 158 (el 51,1% de la asamblea), y Hombres; 152 (el 48,9% de la asamblea). La proporcionalidad étnica nos señala 40 asambleístas (el 12,8% de los 310), y de esos 40, por paridad de género; 20 mujeres y 20 hombres.

El instrumento de elección debería ser un voto por lista nacional, por partido político, sociedad de partidos o por listas de hombre y mujeres independientes, también por lista de representación étnica, en caso de esta última, con un tope de 40 candidaturas. La forma de inscripción para las listas de independientes y étnica, debería ser con el 0,25% de firmas de apoyo (guarimos que se exige para la conformación de un partido político), porcentaje referido a la participación de los votos válidamente emitidos en la última elección parlamentaria de diputados a nivel nacional. Así, el requisito de participación sería recolectar 16.500 firmas aproximadamente a nivel nacional. 

¿Porque lista nacional y no distrital? Por qué el objetivo de una asamblea constituyente es la elaboración de una constitución de carácter nacional y su dimensión de aplicabilidad jurídica es todo el territorio nacional. Al usar el distrito como unidad de generación de asambleístas se insistirá en la darle características de parlamento a la asamblea, de la misma manera la incidencia de los y las parlamentarias en la elegibilidad asambleístas será muy alta y por tanto será una elección con altos niveles de captura parlamentaria. Como en cualquier otra elección se requerirá hacer campaña donde existirá gasto de recursos financieros, si el financiamiento es por distrito exacerba los dos juicios críticos anteriores. Ante lo cual podemos tener una asamblea constituyente reflejo y semejanza de la composición de la actual cámara de diputados en términos de tendencias políticas, por supuesto con mayor representación de mujeres y de etnias, pero castigando a las fuerzas emergentes o con menos de 5% de representación como también a los y las independientes.   

El mecanismo para definir quiénes son asambleistas en un sistema de proporcionalidad electoral perfecta, o pura, y que tenga un carácter nacional, requiere una sola circunscripción nacional. Se definen como sistemas proporcionales puros (Israel, Holanda, Nicaragua) aquellos que aspiran a la proporción matemáticamente posible del conjunto de escaños disponibles (Nohlen, 1985:74). La fortaleza principal para el caso de una Asamblea Constituyente es que: “nadie está excluido de la representación, las minorías pueden llegar a obtener escaños; y como corolario de lo anterior, los electores que no optan por candidatos con posibilidad de obtener la mayoría de los votos siguen teniendo una voz para que sus preferencias puedan tener representación” (Colomer; 2004).

Para cumplir con la paridad de género y la proporcionalidad étnica, todas las listas deben ser inscritas ya habiendo aplicado ambos criterios en la presentación y diseño inicial de sus candidaturas. Listas cerradas por uno o más partidos, lista cerrada para independientes, lista cerrada étnica, una mujer, un hombre, hasta el cupo 310 en el caso que lo decidan así y, una mujer, un hombre, hasta el cupo 40 en lista étnica. La evidencia internacional muestra que este formato garantiza la representatividad más equilibrada entre hombre y mujeres. Ídem para el caso de la condición de género en el componente de representación étnica. 

El mecanismo de participación debiera ser con Voto Obligatorio. Y el voto se aplica a un candidato o candidata por lista y se suma al total de la lista para cálculo de elegibilidad de asambleístas de la misma lista. Esta elección pretende representación de ideas, porque el objetivo final de una asamblea constituyente es plasmar diferentes visiones de mundo en la Constitución Política. 

Por último; ¿cómo se eligen los asambleístas?, calculando la proporción obtenida por la lista de los votos válidamente emitidos. Posteriormente, se aplica el guarismo o porcentaje al total de cupos en la asamblea, así, se obtiene el número de asambleístas que cada lista elige. Manteniendo rigurosamente la paridad de género y la proporcionalidad étnica. Al ser listas cerradas, conoceremos los nombres y rostros de quiénes serán las ciudadanas y ciudadanos constituyentes que tendrán la responsabilidad histórica y señera, de dotar a nuestra sociedad de normas de convivencia genuinamente democráticas como necesitamos y nos merecemos.

 

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