Las intromisiones matonescas del Pentágono, no logran revertir la tendencia de los pueblos de América a generar mejores gobiernos que les permitan mejorar sus condiciones de vida.

 Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

15/12/2019. En La Habana, con la presencia entre otros altos dignatarios de los presidentes Nicolás Maduro y Daniel Ortega, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, al conmemorar los 15 años de existencia de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) señaló que: “Debemos enfatizar a la ALBA como plataforma de coordinación política en defensa de la independencia, la paz y la integración desde la solidaridad y la cooperación” a la vez que fijaba como objetivo del encuentro el “valorar de conjunto propuestas para aprovechar nuestras capacidades y fortalezas”.

La realidad de nuestra América difícilmente puede explicarse por categorías de análisis que la historia muestra como insuficientes. La ALBA sigue mostrando un camino, a pesar de la traición del ecuatoriano Moreno y la reciente (y esperamos de corta duración) determinación de las autoridades bolivianas elegidas por el gobierno de EEUU, de retirarse de esta coordinación regional. Asumen los Fernández en Argentina, pero el Frente Amplio pierde por una leve diferencia la presidencia de Uruguay; los pueblos de Chile, Ecuador, Colombia se levantan y movilizan  con vehemencia en una lucha cuyos objetivos aún no se logran, pero que tomando diferentes formas se proyectarán a futuro; Cuba y Venezuela no sólo resisten, sino también construyen; en México reconocemos a nuestros iguales de Norteamérica. La teoría de los ciclos se resquebraja y la realidad continental da cuenta de un cambio epocal, en la cual la economía sufre fuertes modificaciones por los cambios en las relaciones  de producción,  a la vez que presenciamos una nueva organización del comercio internacional, con una fuerte incidencia de China, en tanto la batalla por democratizar el conocimiento y los avances de la revolución tecnológica en desarrollo marcha en paralelo a la lucha por mantener en nuestro planeta condiciones que permitan la vida.

Las intromisiones matonescas del Pentágono, no logran revertir la tendencia de los pueblos de América a generar mejores gobiernos que les permitan mejorar sus condiciones de vida. En la situación de Chile por ejemplo, una encuesta de la U. de Chile arroja que el 64,9% de los encuestados/as está de acuerdo en la continuidad de la movilización social, un 78,3% cree que se han violado sistemáticamente los DDHH en este período de convulsiones sociales y un 89,9 %  desea participar del plebiscito previo a la reforma constitucional. La alta participación en la consulta organizada por la Asociación Chilena de Municipalidades en algo más de 200 municipios habla de la voluntad del pueblo soberano de tener una democracia en la cual su opinión sea considerada, como manera cierta de superar las injusticias del actual modelo.

A la luz de estos antecedentes, la conducta de los parlamentarios que rechazaron incluso discutir el fondo de la acusación constitucional contra Piñera, resulta inexcusable. Y mientras voceros de ambos sectores firmantes del llamado Acuerdo entran en un laberinto discursivo para explicar lo firmado y que a pesar de los casi dos meses transcurridos, del natural agotamiento y del desgaste orientado al cual ha jugado el gobierno, grandes manifestaciones populares se suceden, gritando que aquí faltan soluciones. Nuestro compañero Boris Barrera decía en su intervención acusadora, criticando la respuesta represiva a la protesta social, así como la actitud permisiva a la violación generalizada de los DDHH del gobierno de Piñera “¿si no fuera él, quién responde entonces políticamente o sólo se debe responder penalmente? No somos un tribunal, no es para definir una responsabilidad penal (…), no fue el Presidente quien disparó o atropelló, este es un juicio que define una responsabilidad política de abierta infracción a la norma constitucional”.  Lo necesario de dejar en claro es que la responsabilidad política principal es de Piñera, pero no exclusivamente; también lo es de un gran empresariado que se complementa con la derecha política para mantener vergonzosas prebendas y la molestia con estos ocho parlamentarios es que ellos, siendo elegidos como opositores a este gobierno, terminan haciéndose parte de la casta dominante.

 

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