¿Es posible que el aparato político del Estado pueda dar respuesta a la ciudadanía?

Fernando Bahamonde

Profesor

23/11/2019. Hoy la ciudadanía a alcanzado en el proceso de constantes movilizaciones altos niveles de conciencia política marcando con ello un punto de no retorno al estado de pasibilidad y despolitización anterior al 18 de octubre. De tal modo que los acuerdos adquiridos en el seno de las instituciones políticas nacen muertos y carentes de sentido para gran parte de la población.

Un elemento central es que la institucionalidad política de Chile que emerge en el pasado dictatorial con el único sentido de dotar de cierto nivel de legitimidad al modelo económico-social. Por ello, dicha institucionalidad representada en los poderes del Estado vive momento de alta tensión puesto que su tejido es débil y, por cierto, hoy el modelo económico y social que debe proteger está en el ojo del huracán.

Pero a no equivocarse, el gobierno aún posee poder y está personificado en las FF. AA y de orden.

Sin embargo, los costos que está pagando carabineros frente a la ciudadanía son aún insospechados. La tesis expresada por algunos generales de que la institución es el pilar fundamental en el resguardo del Estado de derecho cae a pedazos con las sistemáticas violaciones de los DD. HH, además de demostrar la incapacidad política del poder ejecutivo de sostener el Estado de derecho por otra vía que no sea la coerción.

Parece desconocerse que la fuerza pública obedece un mandato político que arrastra a la institución a un abismo sin fondo. Lo ocurrido, recientemente, con el análisis de la composición de los perdigones raya en lo ridículo y demuestra lo feble de la institución Carabineros de Chile.

Por otra parte, el ejército a desechado salir nuevamente a las calles desatendiendo la solicitud del hasta ahora Presidente de la República. Este hecho nos indica que cumplen un papel deliberante y al no subordinarse al poder civil porque están conscientes del altísimo costo que pagaran, uno de esos costos es perder los beneficios adquiridos en dictadura que los diferencian de cualquier otro chileno.

El contexto es diferente a los a las décadas pasadas donde las FF. AA abrazaron la doctrina de seguridad nacional identificando al enemigo como interno. Lo que queda, hay que insistir, que estas instituciones buscaran mantener sus privilegios para seguir existiendo.

También en este marco actual el ejército y carabineros, saben que a diferencia al pasado dictatorial no pasaran treinta años para que se haga justicia en materia de violación a los DD. HH.

La firma del acuerdo constituyente entre parlamentarios oficialistas y parte de la oposición entregó algo de momentáneo oxígeno al gobierno. No obstante, este acuerdo no incorporó el ingrediente principal la participación de organizaciones sociales las que identificaron tempranamente el acuerdo como “la cocina”.

Pero esto no es todo porque frente a los mil detalles de forma y fondo para el cumplimiento del acuerdo constituyente suceden dos cosas obvias. En primera instancia la derecha pondrá toda la carne a la parrilla para evitar concretar una nueva Constitución, pero aún más grave es que ciertos senadores de derecha trabajan para quebrar el acuerdo lisa y llanamente porque desean precipitar la caída de Piñera. Con buen olfato saben que se acerca la hora de los cuchillos largos que esconden debajo de la toga.

Entonces a la pregunta, si es posible que el aparato político del Estado pueda dar respuesta a la ciudadanía, por ahora esto es imposible porque la institucionalidad se desfondó y es incapaz de operar.

Con la movilización y los grados crecientes de politización de la población, en efecto, observamos el desarrollo de una revolución democrática que está empujando al limite de sus posibilidades la institucionalidad, pero para superarla y construir otra.

En una línea se encuentra el proceso de desinstitucionalización del aparato del Estado, pero que aún posee la fuerza. Por otra línea, la politización de amplias capas de la población. Líneas que no se comunican y que han tomado posturas antagonistas.

Es posible que ambas fuerzas entren en una suerte de equilibrio catastrófico que en un primer momento se neutralizan, pero cuya salida y resolución es violenta. Un factor clave será el rol que asumirán las FF. AA y de orden lo que inexorablemente producirá el desequilibrio a favor de unos o de otros. En América Latina es imposible no pensar la política sin las FF. AA, y su comportamiento histórico en horas donde reina la incertidumbre social y la improvisación en el gobierno.

Hoy es la hora de la política con mayúscula para evitar el cesarismo militar que sólo añadirá más violencia.

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