Apoyo a la derecha y el gobierno marcó “punto de quiebre” de la DC en el seno opositor. La vocera interpelada por otro “insulto” y el posicionamiento de las 40Horas.

Equipo ES. 23/08/2019. “Punto de quiebre” en la oposición con la DC

Los votos de varios parlamentarios de la Democracia Cristiana (DC) posibilitaron -junto a los sufragios de legisladores de partidos de la derecha- que el gobierno se anotara el logro de sacar adelante su reforma tributaria en la Cámara de Diputados, cuestionada por el grueso de la oposición, economistas, organizaciones sociales y sindicales, sobre todo porque permite devolver a las familias o personas más ricas del país, alrededor de 800 millones de dólares cada año, afectando las arcas financieras fiscales. Es un retroceso a lo conseguido con la reforma tributaria del gobierno de Michelle Bachelet, votada favorablemente en el Parlamento.

Eso fue el “punto de quiebre”, como lo indicaron personeros de la oposición, con la DC en el ámbito opositor. Ningún partido del mundo progresista y de izquierda dejó de cuestionar la decisión de los democratacristianos que también han dado su voto de respaldo a proyectos del gobierno de derecha en materias de pensiones, trabajo y seguridad.

Desde diversidad de sectores se dijo explícitamente que con esto la DC simplemente se convirtió en aliada de la derecha, de Sebastián Piñera y del gobierno, y abandonó el campo opositor. Raúl Soto, el diputado de la falange que terminó renunciando a su partido por las decisiones que está tomando, indició que los democratacristianos están “cogobernando con la derecha”.

Por cierto, la salida de Soto fue uno de los efectos negativos para la falange, en decisiones que son gatilladas por Fuad Chahín, el presidente de la colectividad que lleva adelante la estrategia de “colaborar” y “dialogar” con el gobierno, y sostiene que por ese tránsito, se refuerza “el camino propio” de su colectividad.

Pero de acuerdo a declaraciones de parlamentarios y dirigentes de la oposición, el asunto es de mayor calado. Se sostuvo estos días que con esto, entre otras cosas, se hace poco viable un acuerdo con la DC para las elecciones municipales, ya que no se podría tener alianza con un partido con el cual hay diferencias programáticas sustanciales.

Todo indica que el apoyo DC a la reforma tributaria de la derecha, torpeó acuerdos programáticos, políticos y electorales de la mayoría de organizaciones progresistas y de izquierda con la falange. Esto podría proyectarse a los procesos electorales parlamentarios y presidenciales.

Vocera interpelada

Fue transversal el repudio y crítica a la vocera de La Moneda, Cecilia Pérez, por su declaración se establecer tácitamente un vínculo del Partido Socialista (PS) con el narcotráfico.

La defendió el Presidente Sebastián Piñera -agregando otro elemento de cuestionamiento a su gestión comunicacional y política-, pero fue interpelada por todo el arco opositor, muchos parlamentarios y dirigentes de la derecha, e inclusive a través de un editorial del diario conservador El Mercurio.

Hay versiones de que “el insulto” -como calificaron en el PS las palabras de la vocera- fue planeado desde el Comité Político de La Moneda, para así golpear a los socialistas en su intento de llevar adelante una acusación constitucional con la ministra de Educación, Marcela Cubillos. Lo real es que finalmente los dichos provocaron un remezón político y mediático y pusieron a Cecilia Pérez en la línea de la agresión. Lejos de cambiarle la agenda al PS y/o defender a Cubillos, la alta funcionaria le abrió otro conflicto al gobierno y ella misma se puso en una situación difícil, sin olvidar que hace meses se habla de su posible salida por ineficacia en la gestión e instalar un estilo confrontacional que no va de la mano de la estrategia del gobierno de querer tener diálogo y alcanzar acuerdos con colectividades opositoras, entre ellas el PS.

Además, el asunto se judicializó y le puede generar tensiones en la agenda de Pérez, ya que unos senadores socialistas recurrieron el Ministerio Público acusando a la vocera de omisión en entrega de antecedentes, ya que por sus declaraciones debería saber algo de esos supuestos vínculos del PS con narcotraficantes. Puede quedar como imputada.

Lo que ocurre, por cierto, es que dentro del oficialismo hay un amplio sector que no ve bien esos errores forzados que lejos de apuntalar la agenda gubernamental, generan conflictos, abren espacios de disputadas innecesarias, tensionan el ambiente política, ponen en una situación incómoda al Presidente y llevan las cosas por un camino considerado inconducente.

40Horas rompiendo la agenda

A estas alturas está claro que el proyecto de reducir la jornada laboral semanal a 40 horas -presentado por la Bancada Parlamentaria del Partido Comunista hace dos años, con la diputada Camila Vallejo como principal promotora- le rompió la agenda laboral al gobierno y lo metió en un zapato chino que, entre otras cosas, tiene en entredicho la gestión u habilidades del ministro del Trabajo y Previsión Social, Nicolás Monckeberg, y el itinerario de Sebastián Piñera en este tema.

Como se ha dicho, la primera batalla que ganó 40Horas fue la comunicacional, con todo tipo de medios de prensa, programas y formatos (incluidos medios extranjeros) hablando o promoviendo tácitamente la idea y colocando en un rol protagónico a la propia Camila Vallejo y en el último tiempo también a la diputada Karol Cariola.

Luego, se está ganando una batalla política por el apoyo transversal, incluidos sectores de la derecha, a la iniciativa, un desperfilamiento del proyecto laboral del gobierno -sustentado en la flexibilidad laboral- y la instalación de que la idea del PC es viable y podría concretarse.

En términos del contenido, y a pesar de la despreciativa y ridícula mención del titular del Trabajo de que el proyecto de los comunistas apenas tiene dos articulados, se está demostrando por distintos especialistas, legisladores y economistas, que las 40Horas permiten productividad, empleo y salarios adecuados, y que afectaciones a esos elementos estriban en otros problemas, no en la reducción de horas de trabajo. También tomó más peso el análisis comparado y la evidencia internacional respecto a los resultados positivos de jornadas semanales de 40 horas e incluso menos.

En este marco, una de las cuestiones desperfiladas, es la indicación que metió el gobierno a su proyecto de reducir a 41 horas “promedio” la jornada, no encontrando consenso ni siquiera en el sector empresarial y patronal, y con críticas desde la derecha y gremios patronales de que se trató de una improvisación. Desde la oposición se indicó que fue solo una maniobra comunicacional ridícula para contraponerse a la iniciativa impulsada por Camila Vallejo y Karol Cariola.

Si bien los últimos días de la penúltima semana de agosto estuvieron concentrados en la aprobación de la reforma tributaria, el tema de las 40Horas seguramente volverá a posicionarse con fuerza porque además empiezan votaciones en el Parlamento, al menos a nivel de comisiones. No es menor que se está viendo que en la Cámara de Diputados y en el Senado esta iniciativa está concentrando respaldos.

En tanto, la idea de “modernización”, “flexibilización” y “adaptabilidad” promovida por el gobierno a través de su reforma laboral, está en la esfera del cuestionamiento, la crítica, el debate, la inestabilidad, la confusión, sin que La Moneda y la cartera de Trabajo logren posicionarla con fuerza y amplio respaldo.

Deja una respuesta