Kirchnerismo: sí se puede

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Las diversas formas del peronismo en Argentina nos demuestran que mientras hay vida existe posibilidad.

“Basta! Me voy, rumbo a la puerta

Y después al boliche a la esquina

A tomar una ginebra con gente despierta

Esta sí que es Argentina!”

Luca Prodan.

Fernando Bahamonde

Profesor

19/08/2019. El panorama electoral en América Latina se ha visto sacudido luego de la extraña primaria en Argentina. Durante la segunda mitad de este año se realizarán elecciones en el país trasandino, Bolivia y Uruguay.

En el caso de Bolivia y Uruguay, lo que está en juego es la mantención en el gobierno de coaliciones que ya se encuentran desplegando procesos de transformación que con matices intentan superar el neoliberalismo como “sentido común” social. Tarea que desde ya parece gigantesca y que en primera instancia significa obtener un triunfo electoral sobre la base de logros significativos en la mejora de las condiciones de la población. Es el difícil tránsito entre reformas estructurales que emanan desde el Estado, gestión económica, finalmente, para concretar el triunfo electoral para sostener el proceso.

El desafío en Argentina es desalojar a la derecha del gobierno, que al igual que en Chile, no ha sido capaz de concretar sus promesas de campaña como la superación de la pobreza y estimular el crecimiento económico, muy por el contrario, la inflación se empina al 22,4%.

Desde la segunda mitad del siglo XX la Argentina se ha caracterizado por tener un sistema político inestable, por lo demás no distinto a otros países de la región, y contradictoriamente posee históricamente un increíble potencial para el desarrollo económico despilfarrado donde han estallado en el país colapsos hiper inflacionarios que han gatillado estallidos sociales que vuelven a sacudir el sistema político.

Si tuviéramos que establecer una simple comparación entre Chile y su vecino inmediato habría que decir que el sistema político chileno desde 1932 en adelante fue relativamente estable hasta 1973, lo que configuró el mito de la solidez de nuestras instituciones que se derrumbaron en septiembre de 1973. Paralelamente, nuestra economía, a diferencia de la Argentina, careció de una suerte de burguesía nacional desarrollista capaz de transformarse en la punta de lanza de la modernización capitalista. Nuestra elite industrializadora, jamás fue capaz de existir sin el alero, alentador, del Estado.

La expresión de la derecha argentina desde 1945 en adelante fueron los continuos golpes militares y, luego del advenimiento de la democracia recién en 1984, el peronismo cubrió todo el espectro político conteniendo en sí mismo a sectores progresistas transformadores y a representantes del neoliberalismo, por tanto, tuvo un poder casi hegemónico, tal cual la Concertación en nuestro país.

El justicialismo, lejos de ser un partido político en términos tradicionales es un movimiento que ha agrupado tendencias disimiles y difícil de entender dentro un partido sino es por la presencia de caudillos aglutinadores que se turnaron en el poder extendiendo sus redes en organizaciones y dirigentes sindicales.

La actual situación argentina se remonta al quiebre total del 2001 y la caída del último presidente perteneciente a la Unión Cívica Radical, el recientemente fallecido Fernando de la Rúa. El desbarajuste duró dos años hasta la elección de Néstor Kirchner electo en una segunda vuelta electoral a la cual accedió como segundo candidato más votado en competencia con Carlos Menen que bajó su postulación envuelto en numerosas acusaciones de corrupción.

Los 12 años de Kirchnerismo, fueron contradictorios porque por una parte ofrecieron cierto nivel de estabilidad y crecimiento económico, medidas que reposicionaban al Estado como garante de derechos, pero lo anterior acompañado con nuevas acusaciones de corrupción. Ese fue el escenario para la aparición del empresario actual presidente y la articulación de una derecha formal fuera del peronismo que se abrió paso electoral a través de este denominador común, como en Brasil, la corrupción.

Entonces, el desafío para las fuerzas “progresistas” de Argentina va más allá de superar numéricamente a la derecha mediante el voto, se trata de poder garantizar transformaciones sociales y no acompañar el proceso sin corrupción, clientelismo y crisis económica, en esta segunda o tercera oportunidad el Kichnerismo se juega la vida. Y sin quererlo, el resto del subcontinente verá esto como el inicio o el fin de una posibilidad real de transformación. En resumen, las diversas formas del peronismo en Argentina nos demuestran que mientras hay vida existe posibilidad.

 

 

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