La derecha, a través de sus cáusticas líneas comunicacionales, ha lanzado una campaña anticomunista, cuyo único objetivo es desinformar a la opinión pública.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

01/08/2019. La disciplina, como conjunto de normas principales y estructuradas para un buen funcionamiento político, es uno de los elementos fundamentales en el constante fortalecimiento organizacional del Partido Comunista de Chile. La derecha, a través de sus cáusticas líneas comunicacionales, ha lanzado una campaña anticomunista, cuyo único objetivo es desinformar a la opinión pública sobre la democrática disciplina existente al interior de este histórico partido,  pues sabe que su Unidad es la parte esencial y fundacional para las grandes reivindicaciones del pueblo pobre y explotado por el sistema económico que rige al país, el incivil neoliberalismo. El Partido Comunista, partido substancial de la liberación proletaria, es capaz de derrotar con discernimiento disciplinado a una derecha involutiva, cada vez más contradictoria y sin rumbo político, cada vez más  incomprensible en su gurrumina administración, derecha que pretende desalentar y desorientar a la ciudadanía con burdas aporías propias de prácticas goebbelsianas. Ergo, no tiene argumentos para contrarrestar la experiencia política  del Partido Comunista, dialogante y con visión de futuro, que reúne todas las condiciones necesarias para liderar el naciente conglomerado de izquierda cuyas trascendentales proyecciones sociológicas están definitivamente construidas  con madurez política, solidez moral y, más que todo, calidad humana. Como partido que ha sufrido las terribles consecuencias de la dictadura militar, el Partido Comunista es un férreo protector de los derechos humanos,  defendiendo cabalmente la autonomía de cualquier pueblo que lucha por consolidar un proceso justo y legítimo en su constitucionalidad. Simplemente es la disciplina de un partido serio, decente y calificado para establecer un nuevo tipo de sociedad, justa y libre.

La política actual está contaminada por apóstatas que reniegan de su anterior condición partidaria por no tener o ser incapaces de adquirir la suficiente cultura ideológica que le permitan lograr la consecuencia que todo partido requiere para llevar a cabo su programa político. La apostasía, como un acto de transformación o conversión política, es propia de una distorsionada estructura mental acomodaticia. Los conversos ya no tienen cabida en ningún orden político, pues sólo queda para ellos la desconfianza y el desprecio por su estólida mutación. En este sentido, el Partido Comunista es monolítico en su ordenación institucional por su cimentado trabajo político-cultural que lo ha llevado  a aglutinar en sus filas a consecuentes militantes, con clara formación y vocación partidaria, quienes sólo luchan incansablemente en su cotidianeidad por lograr ampliar la tan necesaria Unidad con las demás fuerzas de la izquierda real. El Partido Comunista es parte trascendental de la condición humana de izquierda, pues es un partido autocrítico, tolerante y categóricamente alejado del fetiche neoliberal. Podemos incluso decir  que es la reserva política y moral  para el futuro de nuestro país, la reserva de la esperanza.

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