Ese debate nunca es simplemente técnico, lo que se enseña y cómo se enseña es una decisión política y con múltiples consecuencias para la vida social.

José Manuel Morales

Estudiante de Doctorado en Educación Comparada, Zhejiang Normal University, China.

30/05/2019. Los debates curriculares poseen una gran importancia para la vida en sociedad. A través de este instrumento, desde un determinado centro, se puede transmitir conocimientos a amplios grupos sociales distribuidos geográficamente y así incidir en su cultura y sus transformaciones. Su discusión nunca es simplemente técnica, lo que se enseña y cómo se enseña es una decisión política y con múltiples consecuencias para la vida social.

A su vez, un buen currículum–cualquiera que sea este– requiere un cierto nivel de estabilidad en el tiempo: no sería algo positivo estar cambiando continuamente los contenidos curriculares, estableciendo excesivas diferencias de conocimientos entre las distintas generaciones; cómo tampoco sería positivo que un currículum se eternice en el tiempo y no incorporen los nuevos conocimientos que emergen. Por todo esto, estamos ante un debate serio, que requiere de participación democrática, con una visión integral, que debe alejarse de la discusión política más inmediata y de coyuntura, sino que debe asumirse como un debate de largo plazo, respecto a la sociedad que queremos construir.

En Chile ha ocurrido un fenómeno –a propósito del proceso de generación de las nuevas bases curriculares que impulsa la institucionalidad educativa– en el cual se generan arduas y esporádicas reacciones ante la amenaza de reducción de la participación en el currículum de determinadas disciplinas. Sin embargo, quienes hemos hecho el cuestionamiento a las tendencias privatizadoras que atraviesa nuestra educación, no hemos sido capaces de articular una mirada integral y propositiva respecto del currículum que necesitamos para el país que queremos.

El actual proceso de renovación de bases curriculares, está fuertemente inspirado en el paradigma de la educación por competencias que promocionan organismos internacionales, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), a través de instrumentos como la prueba PISA, donde se mide por medio de pruebas estandarizas la “calidad” de la educación en distintos países, sin atender a sus contextos culturales y económicos particulares.

Según este enfoque, sería necesario pasar de un modelo educativo basado en disciplinas a uno donde se prioricen las habilidades teórico-prácticas que deban adquirir los estudiantes con el objetivo de desempeñarse de manera eficaz en sociedades cada vez más competitivas. Detrás de esta concepción, se encuentran las teorías del capital humano, donde cada persona debe ser un emprendedor de sí mismo y el conocimiento sería una forma de invertir en búsqueda de un mayor retorno futuro.

La crítica, por tanto, no puede estar en torno a la reducción de una disciplina específica, sino a un cuestionamiento transversal respecto a la orientación del conocimiento que se transmite. No es correcto que existan disciplinas críticas, como la historia y otras funcionales al sistema, como las matemáticas. Todas puedan ser orientadas a ser transmitidas cómo habilidades específicas para maximizar rentas futuras y, a su vez, todos los saberes pueden/deben contribuir al desarrollo de un pensamiento crítico y que promueva formas colaborativas para nuestra vida en sociedad.

En definitiva, mi invitación es que superemos esta lógica reactiva de dar los debates curriculares, basada solo en la oposición a los cambios: el currículum escolar debe ser cambiado, por lo que el desafío no es resistir a los cambios, si no que incidir en su orientación. Para eso requerimos una articulación en torno al cuestionamiento del principio de la competencia y las competencias en la educación y avanzar hacia la construcción de una propuesta que promueva la colaboración y el pensamiento crítico a través de la transmisión holística de los distintos saberes. Eso hará de nuestras sociedades mejores lugares donde vivir, y al conjunto de las personas contribuidoras activas en ese proceso.