Nosotros, que aspiramos a la construcción del socialismo en nuestra patria, miramos con interés y simpatías el caso chino, pero convencidos que no es conveniente rezar en ninguna catedral.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

29/04/2019. A raíz de la visita de una delegación oficial del gobierno de Chile encabezada por el presidente Piñera a la República Popular China, desde sectores del mundo popular surgen interrogantes sobre el carácter de esta relación.

Frente a esto es necesario tener presente que fue Chile el primer país de América que restableció relaciones diplomáticas con China, en diciembre del año 1970, una de las primeras medidas del gobierno popular del presidente Allende, cuando la República Popular China era tratada como un paria internacional, no reconocida en la ONU (era Taiwan el Estado validado), lo cual logró en la práctica un año después. Asumir que tal vez esta debilidad internacional  fue la que llevó al gobierno chino a mantener relaciones como Estado con la dictadura de Pinochet.

Desde el año 1978, teniendo como máximo dirigente a Deng Xiaoping, la república china inicia un proceso de reformas económicas, en la cual validan y fomentan la empresa privada como motor del desarrollo de su nación. Ellos hablan de estar construyendo el socialismo con particularidades chinas. En esta visión, como política internacional ellos plantean que la  globalización y el libre comercio son las tendencias del desarrollo económico y que el multilateralismo y el diálogo siguen siendo la aspiración común de una mayoría de naciones.

En los últimos años, China ha utilizado la oportunidad de la revolución científica y la transformación industrial para promover el floreciente desarrollo de las industrias emergentes y acelerar el perfeccionamiento de las industrias tradicionales, convirtiéndose en el país que ha contribuido con más del 30 por ciento al crecimiento económico mundial. Dentro de este aporte, la innovación ha desempeñado un importante papel. La innovación, como fuente de crecimiento, no sólo está dando forma a las nuevas ventajas del desarrollo de China, sino que también le genera un poder económico y político que cuestiona y pone en peligro la hegemonía norteamericana, incluso en nuestro continente. La amplia colaboración de China con otras naciones de Asia y África, a través del desarrollo  de proyectos diversos en infraestructura de estas naciones, adquiere una planificación más global en la denominada “ruta de la sede” que es un ambicioso plan chino de relacionamiento comercial y cooperación con los países de América y Europa.

Esto también le da una fuerte voz al estado chino, que emplea por ejemplo en la crisis de Venezuela, cuando su vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores, Geng Shuang, declara que las naciones latinoamericanas son países soberanos, capaces de decidir por su propia cuenta con qué Estados colaborar : «América Latina no pertenece a ningún país y no es el patio trasero de nadie», recalcó Geng, agregando que su nación «siempre apoya el desarrollo de  relaciones amistosas con los países» de la región, entre ellos Venezuela. «La cuestión venezolana puede ser resuelta sólo por el pueblo venezolano, la estabilidad en Venezuela redunda en interés del país, así como de la región», reiteró, en respuesta al asesor de Seguridad Nacional del presidente de EE.UU., John Bolton.

El principal socio comercial de Chile es hoy la República Popular China, de allí que más allá de la posible incomodidad de los empresarios chilenos, partiendo por Piñera,  que conforman esta delegación, lo más probable es al igual que Enrique IV piensen que “ París bien vale una misa” . Nosotros, que aspiramos a la construcción del socialismo en nuestra patria, miramos con interés y simpatías el caso chino, pero convencidos que no es conveniente rezar en ninguna catedral.