Los apodícticos actos de corrupción que han enlodado a la dirigencia partidaria chilena, exceptuando al Partido Comunista.

Gonzalo Moya Cuadra

Licenciado en Filosofía

24/04/2019. Chile vive una época donde el neoliberalismo alienante ha transformado y deshumanizado a toda una sociedad que no ha comprendido que este sistema  ha dado origen a un ciudadano  casi irracional e inseguro que se está alejando paulatinamente del vanguardismo político renovador, sistema que podría transformar a nuestro país en una de las naciones más conservadoras de América Latina, tanto en lo axiológico como social, si no se renuevan todos los partidos de izquierda en una estructura programática unitaria, práctica y sólida, que les permita alcanzar un consenso lúcido y pétreo, para poder llegar a ser una real alternativa de gobierno.

Esta Nueva Izquierda, deberá depurar con inteligencia política todos los resabios de la dictadura, convergiendo hacia lineamientos reormistas y potentes, respetando y tolerando la singularidad ideológica de cada partido, para evitar caer en una trapisonda política sin sentido. Los apodícticos actos de corrupción que han enlodado a la dirigencia partidaria chilena, exceptuando al Partido Comunista, deberán ser erradicados con ineludibles compromisos éticos, siendo una de las tareas más esenciales de este nuevo conglomerado de izquierda, Si el país sigue caminando hacia la involución moral, es posible inferir con certeza que Chile estará inmerso en un sistema insubstancial de ultraderecha, trivial, voluble, carente de sólidos elementos culturales y alejado de compromisos solidarios con los precarizados que no tienen siquiera las condiciones básicas para llevar una vida digna y acorde  a una sociedad igualitaria y progresista.

El Partido Comunista deberá ser, por su consecuente lucha democrática a través del tiempo, por su tremenda lealtad a los gobiernos en que ha participado, por su siempre y humilde autocrítica, el ejemplo de un nuevo modelo de sociedad y de un moderno sistema político, para ser el partido que conduzca la Unidad con los demás conglomerados de la Nueva Izquierda.

Escribo la verdadera izquierda, no aquella izquierda ambigua y burguesa. Ahora es el momento para inducir a trabajar por un modelo que incentive al chileno contemporáneo a no seguir siendo un desertor de sus propios valores trascendentales y a reconocer que no está perdido ante las grandes interrogantes de la existencia. Ser comunista es una opción de vida, ser comunista es una gran opción para alcanzar los grandes ideales de justicia y equidad, aquellos ideales jubilosos y prodigiosos por los que luchó Jorge Inzunza, ideales que jamás podrán ser conculcados por las cántigas medievales y retrógradas de la derecha integrista.