El ponernos delante de un programa de variedades, familiar y divertido, nos hace relajarnos y bajar las defensas ideológicas.

José Luis Córdova

Periodista

Una de las formas más efectivas y sutiles para la imposición del modelo neoliberal en Chile y el resto del mundo han sido los medios de comunicación -específicamente la televisión- y sobre todo a través del entretenimiento (el viejo adagio romano “pan y circo”).

El ponernos delante de un programa de variedades, familiar y divertido, nos hace relajarnos y bajar las defensas ideológicas. Al fin y al cabo ¿qué maldad puede hacernos ese simpático chef de cocina y ese apuesto joven que aspira a la fama en la música? Todo, para pasar el rato nomas.

Por algo se han popularizado los espacios de cocina o de talentos artísticos donde una serie de concursantes, tras duras pruebas de selección entre una serie de candidatos, ingresan a un taller donde conocidos maestros los instruyen sobre los secretos de la gastronomía y la canción.

Cada semana se efectúa una “gala” donde los aprendices-concursantes presentan al público sus habilidades (innatas o adquiridas) con diversa suerte. El jurado y/o los instructores nominan supuestamente a los menos calificados para eliminarlos de la “academia”, pero finalmente el responsable de su expulsión resulta ser el público. Todos se alegran o entristecen, lloran o ríen tras una votación telemática. La procesión va por dentro, desconocemos parámetros, métodos de evaluación, puntuaciones, calificaciones ni otros factores que inciden en las decisiones, salvo la espontaneidad del público.

La idea es que lo más importante es el éxito, la popularidad y que para conseguir estos dos objetivos es indispensable deshacerse de sus iguales. Los programas no son una muestra de los métodos de aprendizaje ni las galas una exhibición de capacidades, sino para vender la competitividad y el esfuerzo a como dé lugar. Estudiantes y trabajadores, profesionales y aficionados son premiados con la oportunidad de grabar un disco o simplemente ganando cantidades de dinero para “cumplir sus sueños”

En estos programas desconocemos el origen de los concursantes, a lo sumo se destaca si procede de de una situación extremadamente precaria, para dejar en claro la diversidad de la que goza nuestra sociedad. Todos somos iguales, tenemos las mismas oportunidades ante las cámaras.

El esfuerzo y la excelencia se muestran a través del entretenimiento y son los instrumentos mediante los cuales el gran empresariado encubre su sistema de dominación y la genuina y dolorosa desigualdad de oportunidades.

Tenemos que situarnos en esta sociedad actual con el televisor como centro del hogar. No hay concurso de cocina o música que no transmita nuestra televisión criolla. Pan y circo.