Isabel Guzmán, coordinadora de la Secretaría de las Mujeres Inmigrantes, desmenuzó la realidad y derribó mitos sobre las trabajadoras extranjeras.

Daniela Pizarro Amaya. Periodista. Hace algunos meses la Coordinadora Nacional de Inmigrantes inauguró la Secretaría de las Mujeres Inmigrantes como un mecanismo que “aporte a una sociedad chilena más justa y democrática entre los géneros, fortaleciendo la autonomía y capacidades de transformación, organización y el accionar político feminista de las mujeres inmigrantes desde sus realidades territoriales”.

La instancia es dirigida por Isabel Guzmán, quien en entrevista con ElSiglo.cl detalló parte de la realidad que tienen que enfrentar las miles de mujeres migrantes que viven en Chile. La salvadoreña abordó las complejidades, las discriminaciones y las nuevas políticas migratorias, como factores que dificultan la inserción al mercado laboral.

Dijo que hay muchas mujeres universitarias que no se pueden desempeñar en sus campos aunque validen sus títulos, porque hay mucha segregación sobre todo dependiendo del país de origen. Apuntó a la discriminación por nacionalidad y color de piel. Sostuvo que las políticas migratorias del Gobierno son un retroceso y apuntan a precarizar a los trabajadores migrantes.

También, Guzmán aclaró mitos sobre el trabajo sexual de las migrantes y sobre el estereotipo de delincuentes que cae sobre los hombres.

¿Por qué se abre esta Secretaría dentro de la Coordinadora de inmigrantes?

Desde su nacimiento la Coordinadora siempre ha tenido un fuerte compromiso con las mujeres inmigrantes y en ese marco se hacían varias actividades, pero como la realidad es bastante dinámica, ahora la realidad nos dice que es necesaria una instancia especializada para atender las necesidades y los intereses estratégicos de las mujeres inmigrantes, o sea, con esto la Coordinadora va consolidando el compromiso que tiene con las mujeres.

¿Cuáles son los principales problemas que presentan las migrantes en Chile?

Lo prioritario tiene que ver con el tema de la autonomía económica y eso está directamente ligado con el tema laboral. Hay muchos casos donde las mujeres tenemos estudios universitarios, pero no nos insertamos en el mercado laboral de Chile como profesionales, sino que trabajamos en lo que se presente primero y obviamente con bajos salarios, entonces, hay una situación bastante precaria.

¿Es muy complejo el proceso para validar los títulos?

Eso depende mucho del país de origen, porque hay países que hacen convenios con Chile y es más fácil, pero hay otros que no y ahí los trámites son más engorrosos. También, depende de la profesión, por ejemplo la gente que ha estudiado Medicina lo tiene más complicado que alguien que haya estudiado Trabajo Social. Hay muchos que siguen ese proceso y logran validar sus títulos, pero aun así les cuesta mucho conseguir trabajo en sus campos, entonces, hay una tendencia en el mercado laboral que aparte de hacer una segmentación horizontal hace una vertical, es decir, el mercado laboral chileno no está dispuesto a ceder puestos laborales profesionales para la inserción en este caso de las inmigrantes, o sea, ni hablar de altos cargos o jefaturas, llegar a eso es muy complicado. Esto no quiere decir que no haya personas migrantes en esos puestos, las hay, pero son muy pocas.

¿Cuáles son las áreas laborales que más copan las mujeres migrantes?

Labores de cuidado (niños-ancianos), labores domésticas y como vendedoras de distintos tipos y en diferentes locales. Mayormente se desarrollan como empleadas domésticas, porque cuando llegamos al país no tenemos visa para trabajar, la tenemos que gestionar y en lo que se demora (siete meses) lo más inmediato es insertarse en ese tipo de trabajo.

Con el proceso de regularización que comenzó este Gobierno se están extendido esos tiempos de espera para poder trabajar ¿Cómo afrontan ello?

Ese tipo de políticas migratorias lo que hace es precarizar aún más la situación económica de las mujeres, en este caso, porque hay que aferrarse a cualquier empleo para generar recursos. Por otra parte quienes contratan saben de esa dinámica, saben de la necesidad y se aprovechan y ofrecen menos salario de lo que le pagarían a una chilena, entonces está la disyuntiva entre generar algo para comer o estar en nada y ahí claro que es mejor quedarse con lo poco que se ofrece.

También, está la opción de los trabajos informales, principalmente en las ventas, pero con ello se corren muchos riesgos porque está el factor carabineros que no te dejan vender en las calles. Hay otras mujeres que hacen comidas y las venden en las oficinas, o sea, hay diferentes maneras informales, porque trabajo formal está muy complejo.

¿Hay mucha discriminación a la hora de conseguir un buen trabajo?

Sin duda y va más allá del ser mujer y migrante, que ya son dos factores de discriminación, además, depende de tu color de piel y el país de origen, por ejemplo las haitianas en un muy bajo nivel han podido insertarse como trabajadoras domésticas. Misma situación sucede con las colombianas, pero en ese caso las chilenas no las contratan para las labores de la casa por el miedo a que les quiten el marido y eso es por los estereotipos que se generan de las migrantes de acuerdo a su nacionalidad.

¿Cuál es la nacionalidad que más se repite entre las mujeres?

Las colombianas llevan la delantera. En el caso de las haitianas si  hay muchas, pero hay más hombres que mujeres.

Hay varias haitianas que están trabajando en Lo Valledor, pero que actualmente están teniendo algunos problemas.

Si, es un grupo grande de vendedoras (cefeteras) que están teniendo problemas con los permisos para poder vender, porque se los quitaron y ahora ellas no pueden trabajar, pero ellas están muy organizadas y están haciendo varias asambleas para recuperar sus permisos que estaban en regla.

¿Hay muchas inmigrantes que frente a todas estas dificultades para trabajar optan por el comercio sexual?

Sí, eso se da más en el norte, o sea, mayormente en Arica y Antofagasta, en Santiago también, pero son menos. Ahora eso no significa que todas las trabajadores sexuales sean inmigrantes, porque también hay muchas chilenas, pero esta opción tiene que ver mucho con la forma en que tú entras al país, si entras ilegal por la zona norte hay mayor vulnerabilidad de que te desempeñes en esas labores, porque desde la irregularidad es más complejo el insertarse en el mundo laboral aunque sea con un salario precario, entonces, ellas terminan optando por ese camino y en lugares donde se alimenta el comercio sexual.

Este Gobierno ha utilizado bastante la situación de irregularidad de los migrantes incluso se han hecho expulsiones mediáticas ¿Cómo ven esa situación?

Lo que ocurre es que en términos generales la sociedad chilena es discriminadora, entonces, en la campaña presidencial se utilizó mucho la idea de rescatar Chile de las manos de la migración, que fue una oferta más o menos equiparable a la que hizo Donald Trump en Estados Unidos. En ese sentido, el Gobierno tiene que tener una justificación para poder implementar todas esas políticas que van en detrimento de los derechos humanos de los inmigrantes, por eso crean mitos e intentan poner en el imaginario colectivo todo lo negativo que pueda tener la población migrante.

Por ejemplo, en las noticias podemos ver que cuando un asaltante es extranjero se pone la nacionalidad, se habla del asaltante o delincuente colombiano, pero cuando es chileno es delincuente a secas y resulta que de mil colombianos uno es delincuente, pero se genera esto de que todos los son.

Así van generando estereotipos negativos y la gente termina repudiando a todos los migrantes y piensan que venimos a robarles trabajo o hacer ilícitos. Esta situación también tiene que ver con la clases, porque la sociedad solo discrimina a un tipo de extranjeros, por ejemplo, a aquellos que aceptan trabajar precarizados, a quienes pueden ser tildados de delincuentes, o sea, quienes son más pobres, entonces, comienzan con esto de que todas las migrantes se dedican al trabajo sexual, que los hombres se dedican a robar, a ser narcotraficantes y a todo lo ilegal, cuando claramente eso no es así.

¿Cómo vieron el movimiento feminista que se levantó en Chile, pudieron participar de ello?

El movimiento feminista que se levantó en Chile como aun es incipiente no tenía considerado entre sus banderas las reivindicaciones de las mujeres migrantes, entonces, no fuimos parte activa de ello, porque también, hay muchas mujeres migrantes que tienen miedo a organizarse o formar parte de alguna lucha reivindicativa por el temor a que las expulsen del país. Además, hay que considerar que esta ola nació desde las universidades y las inmigrantes todavía tenemos poca presencia en las universidades, hay, pero pocas, entonces, no llegamos a esos espacios.

Pero pretendemos empezar a articular nexos para poder sumarnos para apoyar y sumar nuestras demandas al movimiento feminista chileno, creo que es cosa de tiempo.