La guerra comercial EU-China en curso, la modificación en las expectativas internas, la mala percepción económica, las alertas de economistas conservadores.

Hugo Fazio Rigazzi. Economista. La problemática del crecimiento económico debe analizarse, nos parece, teniendo presente grandes tendencias del devenir mundial. En el último medio siglo, el crecimiento global nunca alcanzó los niveles de la época dorada transcurrida en décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Entre 1950 y 1973 la economía mundial promedió un 4,9%. Posteriormente fueron frecuentes los momentos de crisis y  de bajo crecimiento. Después de la Gran Recesión, a fines de la década pasada hubo varios años de predominio de la denominada “nueva mediocridad” o “estancamiento secular”. Más aún el cuadro general habría sido aún más magro de no mediar el alto crecimiento registrado en economías como China e India.

¿Los peligros del momento más difícil consecuencia de acontecimientos externos han desaparecido? “Como el principal productor mundial, de cobre, y una de las economías de Sudamérica más abiertas -comentaba Financial Times al finalizar julio-, Chile es particularmente vulnerable a la caída en los precios del cobre (…) El metal -cuantificó- representa más del 43% de las exportaciones de Chile”. “(El cobre) podría ser algo como un canario en la mina de carbón -dijo a la vez Carlos Végh, economista jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe-. Si hay fundamentos en la economía mundial que hacen que los precios de las materias primas caigan en el futuro cercano -concluyó-, entonces es muy probable que el cobre sea la primera víctima”. (31/07/18)[1].

Las guerras comerciales y las confrontaciones económicas se saben cómo comienzan pero no cómo terminan, siendo un factor de incertidumbre, que repercute tanto en las inversiones como en el consumo, afectando el crecimiento económico. A la fecha la confrontación entre las dos mayores economías mundiales, y que constituyen los dos más grandes mercados para las exportaciones chilenas, seguían un curso creciente, con repercusiones inmediatas y potenciales para la economía del país. Describimos este escenario para destacar la dependencia de Chile en materia de crecimiento a acontecimientos externos.

Más elevados que en otros países, debido a la dimensión alcanzada por la apertura comercial y del movimiento de capitales en la lógica de las concepciones neoliberales dominantes desde los años de dictadura, agravada por la deformación de la estructura productiva chilena. Ello no niega la incidencia a la vez de hechos internos y de políticas que se implementen en el curso cíclico.

Si observamos la incidencia de la evolución económica global desde la Gran Recesión vivida a fines de la década pasada, vemos  que en Chile ella incidió poderosamente en la evolución con cifras de crecimiento negativas en el cuarto trimestre del 2008 y en 2009. Este último año, durante la primera administración de Michelle Bachelet, se aplicó la más poderosa acción anticíclica de todo este período, utilizando para incrementar fuertemente el gasto público fondos soberanos generados por el superciclo vivido en la cotización del metal rojo.

En este contexto, en un país donde dominaban las concepciones neoliberales, el entonces ministro de Hacienda, Andrés Velasco, a mediados de enero del 2009 constataba que “en Santiago de Chile hoy todos somos keynesianos y me alegro” (16/01/09). Era una conclusión muy general a nivel global. “Ahora -reflexionaba en esos días el premio Nobel Joseph Stiglitz- somos todos keynesianos. Incluso la derecha de Estados Unidos se sumó al bando keynesiano (…), lo que está sucediendo ahora -agregó- es un triunfo de la razón y la evidencia sobre la ideología y los intereses” (…)[2]. Para enfrentar el curso  recesivo se dejó de lado el recetario monetarista y se volvió a recurrir a las políticas keynesianas para enfrentar la crisis.

Esta política anticíclica fue decisiva en sacar a la economía chilena de la recesión, repercutiendo en los niveles de crecimiento registrado luego en la administración de Sebastián Piñera, a lo cual coadyuvaron al mismo tiempo las medidas de reconstrucción posterremoto de febrero del 2010. Una conclusión a sacar de los hechos consignados es que, incluso en momentos de poderosos hechos externos presentes, las medidas internas pueden tener una incidencia importante. Lamentablemente, con posterioridad a la acción descrita los fondos soberanos existentes en el exterior no se emplearon aunque hubo situaciones que lo ameritaban.

En 2010 y 2011 se produjo un incremento de la actividad global, impulsada por las medidas reactivadoras fiscales y monetarias efectuadas mundialmente, lógicamente con especial gravitación de las decididas en las economías más grandes, aunque su impulso en no pocos casos significó solo impedir que la Gran Recesión se transformase en una segunda Depresión y no fue capaz de lograr un crecimiento sostenido más elevado.

Entre 2012 y 2016, la economía mundial, de acuerdo a cifras de Fondo Monetario Internacional (FMI), se movió anualmente con tasas de variación entre 3,2% y 3,5%, lo que condujo al  organismo dirigido por Christine Lagarde a definir esta fase como “nueva mediocridad” y al expresidente de la Universidad de Harvard y exsecretario del Tesoro estadounidense, Lawrence Summers, de denominarla “estancamiento secular”. Al iniciarse 2018, el FMI estimó en el año un crecimiento de 3,9%,  constatando que se producía “la recuperación sincronizada más amplia de crecimiento desde 2010” (23/01/18). Sin embargo, esta tendencia positiva debió modificarla poco después, en julio pasado, al constatar que “debido al incremento de las tensiones comerciales, la amplia expansión global que empezó hace dos años se ha estancado y hecho menos equilibrada”.

Este curso global, desde luego, incidió en el curso de la economía nacional. Por ejemplo, la “nueva mediocridad” repercutió en lo que denominamos, utilizando una terminología empleada internacionalmente, como “recesión con crecimiento”[3]. Esta fase se inició en el segundo semestre de 2017, en la última etapa de la primera administración de Piñera, muy influida por la caída de la inversión minera a nivel global y la reducción en la cotización del cobre. Pero también por la aplicación de un esquema defendido en muy diversas circunstancias por Sebastián Piñera de que el gasto público debe crecer por debajo del incremento en el producto, lo cual en un momento de caída en la actividad económica la refuerza. Y duró hasta el cuarto trimestre de 2017 cuando, fundamentalmente también por factores externos, la fase económica se modificó.

La modificación de las expectativas

Cuando ha transcurrido algo menos de seis meses de la segunda administración Piñera, las expectativas, que en economía desempeñan un papel no menor, se modificaron. Para Lawrence Summers, generar confianza es la forma más barata de estimular la economía.

Por tanto, durante algunos meses repercutieron positivamente las expectativas en sectores empresariales por el triunfo electoral de Piñera y las afirmaciones realizadas sobre su impacto en la actividad, Sin embargo, en julio el Índice de Percepción Económica de Adimark, disminuyó en 2,7 puntos porcentuales con relación a junio, produciéndose un equilibrio entre las visiones positivas y negativas. De la misma manera, el Informe de Percepción de Negocios dado a conocer en los primeros días de agosto por el Banco Central, constató la modificación  de los ánimos en el mundo empresarial, particularmente sobre el proceso de repunte económico, “La gran mayoría de los entrevistados -constató- señala que el desempeño de sus negocios ha sido más bajo de lo que ellos esperaban al comienzo del año”, por lo que han  atrasado las expectativas de un repunte más sustantivo hacia fines de 2018 y comienzos de 2019” y coinciden en que “no se aprecian proyectos de inversión en gran escala y tampoco hay claridad sobre cuándo podrían materializarse”.

Desde luego, para las fuerzas progresistas el tema no se puede circunscribir a constatar tendencias en el mercado, ni centrar su atención en las propuestas a entregar por el Ejecutivo, sin plantearse las transformaciones estructurales y sociales que se requieren en la realidad existente y construir las alianzas políticas-sociales que las hagan posibles.

Ahora bien, en estos primeros meses de la segunda administración Piñera las cifras de crecimiento fueron elevadas, favorecidas por el efecto comparación. El indicador mensual del Banco Central creció en el primer semestre 4,7% con relación a iguales meses del año anterior cuando lo hizo en 0,1%. Pero no fue el único factor presente, tuvo relación también con una fase del ciclo económica diferente iniciada en el segundo semestre de 2017, impulsada ante todo por factores externos. No existen para esta evolución políticas económicas decididas por el nuevo Gobierno, continuando presente eso sí la decisión del Banco Central de mantener bajas sus tasas de interés.

Conocidos economistas que apoyaron públicamente la opción presidencial de Piñera expresaron sus inquietudes. Hernán Büchi, que fuese ministro de Hacienda en los años de dictadura y forma parte gracias a los votos de las empresas de Julio Ponce Lerou en el directorio de SQM, comentando la determinación de bajar la nota de la clasificadora de riesgos estadounidense Moody’s y en particular su conclusión de “que no percibe una aceleración del crecimiento de largo plazo más allá del 3% anual”, fue uno de los que reflexionó sobre el accionar del gobierno de derecha a la fecha. “Esta percepción -escribió- no es solo de Moody’s, quien según sus dichos esperó un tiempo para analizar si el nuevo Gobierno daba señales de poder resolver el dilema de las aspiraciones crecientes en un ambiente de progreso más incidente. El Gobierno -concluyó- debe esforzarse más para convencer en este aspecto. Es conveniente que tome nota que para los observadores externos y numerosos agentes internos aún no ha dado pasos suficientes para convencerlos de que será exitoso” (05/08/18).

Si hubiese que sacar una conclusión general del cuadro descrito sería la necesidad de levantar la exigencia de producir modificaciones estructurales en la economía del país, actuar por reducir la hegemonía de la pequeña minoría que se beneficia en este estado de cosas y propiciar políticas activas para acentuar en consonancia con el escenario existente teniendo siempre presente su curso cíclico.

[1] Las fechas indican el día que la información fue registrada en la Base de Datos del Cenda, confeccionada con publicaciones abiertas del día respectivo.

[2] Véase, Joseph Stiglitz, El retorno triunfante de John Maynard Keynes, reproducido en enero de 2009 en numerosas publicaciones  de diferentes países.

[3] Véase, Chile: su larga fase de recesión con crecimiento. Ediciones Cenda 2017.