Demasiadas molestias con las iglesias que generan escándalos y episodios de impacto político. Ceremonias en el ojo del huracán.

Gonzalo Magueda. Periodista. Formalmente, desde inicios del Siglo pasado, el Estado de Chile es laico, está separado de la Iglesia o de las iglesias. Eso debe regir para todas las entidades estatales y del sector público.

Pero no se cumple o se promueven en instituciones del Estado las prácticas religiosas, como en el Ejecutivo, el Congreso o las Fuerzas Armadas. Lo más cursi o materialmente comprobable, es que en el palacio presidencial hay representantes de las iglesias, con espacios ceremoniales, que las FFAA y Carabineros tienen capellanes y dignatarios de iglesias, que las sesiones del Parlamento y de otras entidades se abren “en nombre de Dios” (además, de manera discriminatoria, porque se trata del Dios de los católicos).

Bochornosos y críticos episodios de esta semana vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de que el Estado chileno, y por tanto los sucesivos gobiernos y mandatarios, se mantengan alejados de vínculos institucionales, formales y ceremoniales con las iglesias.

Es impresentable que altas autoridades gubernamentales tengan que estar negociando en estos días con pastores evangélicos que al Presidente Sebastián Piñera se le trate bien en el Te Deum de esa iglesia -que se realizará este domingo- y que los seguidores de esa corriente religiosa no se le van a ir encima con protestas, como lo hicieron, incluyendo a los más altos jerarcas, contra la ex presidenta Michelle Bachelet. Menos que eso sea por la implementación de políticas públicas, proyectos estatales y por decisiones democráticas del Poder Legislativo.

Es evidente, además, que todo está empañado con el anuncio del presidente de Senado, Carlos Montes, y la presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández, de que no asistirán a la ceremonia evangélica dadas las actitudes intolerantes y de falta de respeto de las iglesias que constituyen esa entidad, hacia altas autoridades del Estado.

Sin dejar de recordar que el Te Deum evangélico fue un invento de la Junta Militar, promovida sobre todo por el almirante José Toribio Merino, para reforzar un apoyo a la dictadura y ponerlo en contraste con el Te Deum de la Iglesia Católica que no siempre resultaba del gusto de los mandos militares dictatoriales y de la derecha política de esos tiempos.

Las cosas son peores. Por primera vez quizá en décadas, el jefe de la Iglesia Católica chilena, Ricardo Ezzati, no presidirá el Te Deum del 18 de septiembre, ante la andanada de avisos de personeros del Estado, en el sentido de que no asistirían si él lo encabezaba -con declaraciones desde La Moneda de que sería inconveniente la presencia de Ezzati- dado su rol en ocultamiento y mal manejo frente a una gran lista de denuncias y procesos por abusos sexuales de parte de sacerdotes y jerarcas eclesiásticos en contra de niños y jóvenes.

Aunque se encontró otro sacerdote que dirigiera esa ceremonia, el Presidente de la República, los presidentes del Parlamento, legisladores, altos mandos de las Fuerzas Armadas, cuerpo diplomático, ministros, representantes de otras esferas de la sociedad, irán a quizá la ceremonia católica institucional más importante, a pocos días de sucesivos allanamientos a parroquias e iglesias en búsqueda de antecedentes de abusos sexuales y con decenas de miembros de esa institución acusados o procesados por ese tipo de casos.

Recordando que el propio Ezzati y personeros eclesiásticos de varias iglesias, han lanzando ofensivas políticas y comunicacionales, han realizado lobby entre parlamentarios y movilizados a colegios católicos y evangélicos para criticar y salir al paso a políticas de Estado en materia de prevención del embarazo y enfermedades de transmisión sexual, despenalización del aborto en algunas causales, planes de educación sexual, etc.

Hace un tiempo, la diputada Camila Vallejo planteó la iniciativa de no abrir las sesiones del Parlamento “en nombre de Dios” y argumentó, entre otras consideraciones, que los legisladores no laboran para Dios. En La Moneda suelen ser recurrentes las alusiones a Dios

Son muchos y evidentes los ejemplos de cómo las iglesias chilenas intervienen y presionan al Estado y sucesos gobiernos, se meten en trámites legislativos y tienen influencia en sinnúmero de ministros, subsecretarios, parlamentarios y dirigentes políticos. Lo que daña la independencia.

Por algo al nivel internacional existe desde hace cientos de décadas principios y criterios por los Estados laicos, aconfesionales, independientes de religiosidades. Se sabe, por lo demás, el daño que en muchas regiones del mundo causan Estados regidos por religiones, las más de las veces en sentido del fanatismo.

Es algo que dados los acontecimientos que se están viviendo, en Chile debería reforzarse.