El sociólogo Víctor Acuña ha trabajado en intervenciones psicosociales en algunos sectores complejos. Actualmente es coordinador de programa “Quiero Mi Barrio”.

Patricia Schüller G. Periodista. Los vecinos de La Legua Emergencia se despertaron con el ruido sordo de los disparos la madrugada del sábado 7 de octubre, tiroteo que no cesó durante 72 horas. Ese día, las bandas narcos “Los Cochinos” y “Los Gálvez” se enfrentaron dejando un fallecido, tres heridos y un vehículo blindado de Carabineros baleado. Lo ocurrido alertó a las autoridades e hicieron volver obligadamente la mirada hacia los planes de intervención social y policial en barrios críticos que distintos gobiernos realizaron entre 2001 y 2017.

Las reacciones no se hicieron esperar. Se elevaron cuestionamientos a algunos de estos programas implementados como “Barrio Seguro”, “Iniciativa La legua” y “Juntos Más”, porque no tuvieron el impacto esperado. De hecho, un informe de la comisión investigadora de la Cámara de Diputados (aprobado el 15 de septiembre pasado), que revisó las intervenciones sociales y policiales en sectores de alta complejidad, que actualmente llegan a once, dio cuenta de descoordinaciones, falta de liderazgo y de recursos.

El sociólogo y académico de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC), Víctor Acuña, que ha trabajado en intervenciones sicosociales en barrios vulnerables y tiene una mirada crítica de lo realizado, fue uno de los que se detuvo a observar este escenario. Y desde su experiencia en terreno reflexionó acerca de esta realidad que pide a gritos -dice él- una intervención más profunda y comunitaria, que no solo se enfoque en la seguridad y el control punitivo, sino en la entrega de herramientas a los vecinos para mejorar su calidad de vida.

El académico, con un Magíster en Psicología, con mención en Psicología Comunitaria, trabaja en el programa “Quiero Mi Barrio”, del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) -esta iniciativa surgió en 2016 con el objetivo de iniciar una recuperación física y social facilitando el vínculo de ese barrio con su ciudad- y es coordinador del barrio Villa El Cabildo de Pudahuel Sur. En el patio de la UAHC, mientras toma café, desmenuza el fenómeno que se apodera de la agenda noticiosa.

¿Cuál es tu análisis de lo que sucede en los llamados barrios críticos donde en algunos casos la delincuencia y drogadicción tienen cercados a los vecinos?

Hay que hacer una diferencia importante entre dos fenómenos que parecieran ser similares, pero que no lo son. Uno de ellos es lo que se denominó los “con casa”, problema que se gestó a raíz de la política habitacional posdictadura que obligó a generar grandes extensiones de viviendas sociales en zonas periféricas de la ciudad y que luego se transformaron en grandes guettos urbanos que generaron un problema importante de delitos. Años después se realizaron focos de intervención en estos barrios. Un caso distinto es lo que sucede en poblaciones emblemáticas, como La legua, La Victoria o La Bandera, que son más tradicionales y cuya construcción es anterior a esos guettosurbanos. A mí entender lo que sucede acá tiene que ver con un fenómeno de represión política. Hace cerca de tres meses, por ejemplo, estuve en La legua y en el ingreso de la población observé patrullas de Carabineros de Fuerzas Especiales. En ese espacio territorial hay una represión permanente.

¿Por qué no resultan efectivos los programas de intervención implementados cuyo objetivo es, además de restablecer la presencia del Estado, mejorar las condiciones de vida y generar un entorno de seguridad?

Programas como “Barrio Seguro”, “Iniciativa La legua” y “Juntos Más” tienen su dependencia administrativa en el Ministerio del Interior. Los profesionales o la organización (de estas iniciativas) están, por ende, menos sensibilizados a la cultura de lo comunitario y más sensibilizadas al control social. Otra política distinta es el “Quiero Mi Barrio” que, de alguna forma, toma la experiencia que se había dado en el seno del Ministerio del Interior, pero con el énfasis de una política comunitaria más profunda. Nos encontramos entonces con dos formas de intervenir que son diferentes y que están en disputa.

¿Una intervención comunitaria es la herramienta más efectiva de intervención?

Soy hincha del “Quiero Mi Barrio” como política de intervención. Estas políticas públicas no están ajenas, en todo caso, a los vaivenes de la política. Ejemplo de ello es que este programa, en el primer Gobierno de (Michelle) Bachelet, no fue igual al que se desarrolla en la actualidad. (Sebastián) Piñera, durante su gestión, quiso desarticular esta iniciativa como política pública. En este Gobierno se retomó la intervención comunitaria, pero con las trabas institucionales que venían de la administración anterior.

Víctor Acuña remarca “que lo punitivo controla solamente el síntoma, mientras que no es capaz de transformar las relaciones sociales subyacentes que permiten que esos cambios permanezcan en el tiempo. Cuando se llevan a cabo políticas de intervención que tienen un carácter más comunitario estas perduran por las transformaciones sociales que se generan”.

¿En qué consiste el “Quiero Mi Barrio” y por qué no se desarrolla como política pública en más sectores?

Consta de tres etapas: Primero se realiza un diagnóstico con la comunidad. Se llega al barrio que, por su vulnerabilidad, tiene desarticuladas sus relaciones y se convoca a un grupo de personas, que se llama Consejo Vecinal de Desarrollo, con el cual se elabora un diagnóstico social y constructivo. Luego se genera un plan maestro de intervención acordado con los propios vecinos. La fase dos es la ejecución de este y la tercera se refiere a la conclusión de obra y evaluación. Todo el proceso dura tres años”.

Indica que “la razón de por qué no se implementa en más sectores es porque es más cara (se inyectan 600 millones de pesos en un barrio)  y se requieren procesos que son más largos en el tiempo, por lo tanto, las retribuciones políticas son más acotadas. Y como genera procesos organizativos muy profundos, generalmente en barrios que tienen una vulneración más permanente, lo que se desarrolla en el corto y mediano plazo es una comunidad más exigente. Por lo tanto, ello le provoca un problema a los propios municipios. Dificulta también su puesta en práctica la creencia arraigada desde los medios de comunicación que lo que se necesita es el control político, más policías”.

“En todo caso -agrega- no se sacaría nada con ejecutar más ‘Quiero Mi Barrio’ si no resuelve antes la problemática de la segregación urbana”. Destaca que “mientras no seamos capaces de hacer una ciudad más diversa, la intervención es solo un parche que puede funcionar mejor o peor” dependiendo del sector.

¿Qué cambios son urgentes en este sentido?

Mencionaré lo que sucede con la policía en Chile. Mi tesis de Magíster la desarrollé en este ámbito. A mi juicio, hay elementos que son necesarios y urgentes (de implementar) como que exista un escalafón único. Un oficial de Carabineros, por ejemplo, nunca conoció una población hasta que se hizo cargo de una Comisaría. Un escalafón único permitiría que un Cabo que llega a una Comisaría, en veinte años pueda estar a cargo de esta misma. Se necesita una policía diversa, que genere programas de integración.

¿Este tipo de intervención comunitaria se puede realizar en sectores vulnerables donde hay abandono, abuso, mucha desregulación emocional entre sus habitantes y donde es tierra de cultivo la delincuencia?

Siempre se puede. La diferencia está en cuál es la intensidad (de la intervención) y cuán largo puede ser el proceso. Tenemos una deuda también en el sentido de entender que los procesos de intervención comunitaria no pueden estar estandarizados. Se requiere flexibilidad, porque no es lo mismo una población que otra. En este sentido, otro de los aspectos que yo considero urgente es un programa de salud mental. No tenemos ningún sistema efectivo de tratamiento de control de drogas. Cuando se acerca un muchacho y te confiesa que consume pasta base, uno no tiene dónde derivarlo para que tenga atención cada dos semanas o una vez al mes. Los que están más vulnerables requieren paralelamente a una intervención comunitaria, una intervención de salud mental profunda.

Tú estás en contra del control punitivo, pero si esto no ocurre la situación se puede hacer inmanejable, porque en algunos sectores la delincuencia y droga tienen prisioneros a los vecinos.

El control punitivo es necesario en algunas situaciones, pero es distinto que haya una balacera y que se llame a las Fuerzas Especiales, a que en forma permanente vehículos blindados de Carabineros controlen una población. Esta intervención más comunitaria se ha tratado de instalar también en la policía de algunos países como Brasil. En Chile, al mismo funcionario de Carabineros que tiene relación con los dirigentes sociales después lo mandan, junto a otros efectivos de Fuerzas Especiales, a reprimir a ese mismo dirigente que participa en una protesta. Reitero que es necesario el control punitivo, pero se podría realizar un control comunitario desde la misma policía.

“Me gustaría que estas iniciativas dependieran de Vivienda o Desarrollo Social”

¿La intervención en barrios críticos debería ser normada con un proyecto de ley? ¿Qué ministerio debería estar a cargo de estos programas?

Me gustaría más que estas iniciativas dependieran de los ministerios de Vivienda o Desarrollo Social y no del Interior. La relación de esa Secretaría con las Fuerzas Armadas tiene muchos resabios de la dictadura y ello produce dificultades para instalar procesos en la comunidad. Sería interesante empezar a pensar en una institucionalidad de articulación comunitaria.

Pone de relieve otra problemática que surge en este marco que es la construcción, ya sean los “laberintos” de La legua o las torres de edificios que existen en la población El Volcán. “La política social más nefasta es el condominio social”, remarca, porque se relaciona precisamente -asegura- con la existencia de sectores conflictivos.

“Si queremos implementar una política seria se debería empezar a demoler las construcciones que se levantaron entre los años ’90 y ’95. Déjame soñar un poco. ¿Qué haría yo? Demoler casas para hacer viviendas de calidad, a más escala humana, pero eso requiere de la regulación del mercado de suelo. Es importante trasladar la problemática del delito en las poblaciones a esta mirada más estructural. Entonces, más que un proyecto de ley, deberían hacerse reformas constitucionales que permitieran abordar estos otros problemas”.

“Piñera trató de desarticular el ‘Quiero Mi Barrio’”

Faltan pocos días para las elecciones presidenciales. ¿Da lo mismo que gane la derecha o la centroizquierda pensando en la implementación de los programas de intervención?

En el Gobierno de Piñera el programa “Quiero Mi Barrio” se trató de desarticular: los equipos que eran multidisciplinarios se redujeron; las actividades comunitarias de elaboración de obras se transformaron explícitamente en puntos de prensa. Entonces, no da lo mismo. Concretamente, a Piñera y a la derecha no les gusta este modelo, porque invierten mucha plata y capitalizan poco. Además, generan comunidades más exigentes y demandantes. Sería lamentable para la política comunitaria que el candidato de “Chile Vamos” asumiera el poder”.