El negocio del agua

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El capitalismo no es un sistema de propietarios, es un sistema de desposeídos. “En la medida en que la demanda de agua limpia crece, las compañías relacionadas están en posición de crecer en los años que vienen”, afirmó el director del s&p Dow Jones Indices, Tianyin Cheng. Los números no fallan. Según el Foro Económico Mundial, citado por el artículo, la industria global del agua es de unos 413.000 millones de dólares, y en los últimos cinco años 23 fondos privados para la inversión en el agua fueron lanzados con un capital estimado de 8.000 millones, de acuerdo con datos de Morningstar.

Ernesto Estévez Rams. “Granma”. La Habana. 09/2022. CNN advirtió, el día 7 de septiembre, que el acceso al agua está en crisis. “El mundo está en necesidad desesperada de agua. Sequías y el incremento de temperaturas han amenazado con impactar casi todos los sectores fundamentales de la economía, desde la energía a la agricultura, a la transportación naviera”.

Frente a ese comienzo dramático uno debería esperar, lógicamente, la preocupación del medio por lo que eso significa en términos humanos y sociales; pero no, para CNN este contexto es una oportunidad de negocio que no debe ser ignorada. El título del artículo no tiene desperdicio: “El agua está escasa. El mercado debe prestar atención”.

Frente a la calamidad global que trae la escasez de agua, el foco de atención del medio transnacional es que las acciones de las empresas que tienen que ver con el agua están al alza, una oportunidad de oro para el inversionista.

“El índice Global s&p de Agua, que sigue a 50 compañías alrededor del mundo, involucradas en utilidades sobre el agua, infraestructura, equipamiento y materiales, ha sobrepasado al Índice Global de s&p para el Mercado en más de tres puntos porcentuales desde su surgimiento en 2001 (…). Este año, el índice s&p de agua ha estado casi cinco puntos porcentuales sobre su contraparte global”. Si no entendieron, lo que está diciendo es que invertir en el agua es más rentable que en otros sectores económicos: arriba, hagan ganancia con la calamidad del agua como un bien escaso.

“En la medida en que la demanda de agua limpia crece, las compañías relacionadas están en posición de crecer en los años que vienen”, afirmó el director del s&p Dow Jones Indices, Tianyin Cheng. Los números no fallan. Según el Foro Económico Mundial, citado por el artículo, la industria global del agua es de unos 413.000 millones de dólares, y en los últimos cinco años 23 fondos privados para la inversión en el agua fueron lanzados con un capital estimado de 8.000 millones, de acuerdo con datos de Morningstar.

Uno pudiera pensar que tanto dinero ingresando al tema puede ser bueno en lograr revertir la situación de crisis. No sea ingenuo.

Las Naciones Unidas recientemente reportaron que 16,2 millones de personas del cuerno africano (Etiopía, Kenya, Somalia y Eritrea) están en peligro por la sequía, de ellos, 2,8 millones de niños. Según la Organización Mundial de la Salud, hasta 40 millones de infantes están en situación de vulnerabilidad por esta causa. No es para revertir eso hacia dónde va el dinero de las inversiones.

Pero las cosas no se reducen a esto. La perversión del sistema puede ser aún más cínica. En 1992, durante la presidencia de Menem, los servicios de agua se privatizaron en Argentina. Con la llegada al Gobierno de Néstor Kirchner, las concesiones privadas fueron cerradas después de congelados los precios por el servicio.

Las compañías reclamaron al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), una instancia del Banco Mundial que, en 2010, consideró que el Gobierno argentino había actuado contrario a las corporaciones, por no permitirles cobrar más caro el agua. Le impuso al país, por daños al sector privado, un pago de 1 200 millones de dólares. Argentina fue multada por no permitir que compañías privadas le cobraran más caro a su población el acceso al agua. Saquen cuentas.

En 1997, el Gobierno de Bolivia otorgó la concesión del manejo de agua en Cochabamba a una compañía controlada por la empresa yanqui Bechtel. Simultáneamente se aprobó una ley que le daba a la compañía el monopolio de facto sobre todas las fuentes de agua, incluyendo las de riego, sistemas comunales, potable, e incluso –no es mentira– el agua de lluvia que se recogía en las casas.

La primera medida de la dependencia yanqui fue subir el precio de acceso un 35%. El pueblo boliviano se levantó en protestas y el Gobierno se vio forzado a terminar la concesión. La compañía demandó al Estado y este tuvo que llegar a un arreglo cerrado con el capital privado. Bolivia fue castigada porque no mantuvo la privatización hasta del agua de lluvia acopiada.

El Banco Mundial financia proyectos de ampliación de acceso al agua a gobiernos y localidades con necesidad de ello; pero una de las condiciones para recibir tales financiamientos es que incluyan en estos a compañías privadas. No esperemos menos de un órgano del capitalismo global neoliberal.

De acuerdo con Beauty Dhlamini, analista de salud global, “en África las reformas privatizadoras del agua pueden calificarse como una ‘recolonización’ por el dominio que, sobre esas privatizaciones, tiene el capital internacional”. Sigan sacando cuentas.

Pero el problema no es solo de los países pobres. Margaret Thatcher abrió a la privatización los servicios del agua del Reino Unido, en 1989. El primer año, el acceso al líquido se había encarecido un 46%. En 1994, hasta dos millones de británicos declararon no poder pagar sus cuentas de agua, y un millón más estaba atrasado en sus pagos. En Inglaterra, a nueve compañías privadas que controlan el negocio del agua se les debe 48 000 millones de libras esterlinas; esa cantidad significa 1.300 millones de libras esterlinas que se les paga en intereses, solo en 2019. En vez de invertir las ganancias en mejorar el sistema de manejo de agua en el país, las compañías les han pagado a sus accionistas 2.000 millones como promedio anual, desde la privatización. Negocio redondo.

El capitalismo no es un sistema de propietarios, es un sistema de desposeídos. No lo olvidemos.

 

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