Balance de 110 años de siembra en las luchas populares

El PC fue una de las organizaciones que formó parte de la forja de la “Vía Chilena al Socialismo”. Con la crisis del socialismo real y el fin de la Unión Soviética, los comunistas chilenos se las arreglaron para adaptarse a los nuevos tiempos. No queda lugar a dudas la importancia política, social y cultural que los y las comunistas chilenos han tenido a lo largo de la historia del país.

 Rolando Álvarez Vallejos(*). El 4 de junio de 1912, un puñado de luchadores y luchadoras sociales reunidos en la nortina localidad de Iquique, liderados por Luis Emilio Recabarren, firmaron el acta de fundación del Partido Obrero Socialista. Fue una organización política pionera por su perspectiva de clase, que buscó posicionarse como una alternativa obrera y popular ante los partidos representantes de la clase dominante. Sin renunciar a esta óptica antioligárquica, el naciente partido nunca se negó a ocupar los espacios legales, especialmente los electorales, para disputar la consciencia y los corazones de las mayorías. Además, recogiendo la experiencia del movimiento popular chileno proveniente de décadas pasadas, impulsó la “regeneración del pueblo”, a través de la fundación de la prensa obrera, la sociabilidad popular, la música, el deporte y la cultura en general.

Diez años más tarde, este acervo se fundió con los vientos de esperanza prevenientes de la Revolución Rusa, que había despertado una oleada de entusiasmos entre amplios sectores del movimiento obrero del mundo entero. Es por ello que el Partido Obrero Socialista decidió en enero de 1922 modificar su denominación por el de Partido Comunista de Chile. Este hecho simboliza las particularidades del comunismo chileno, cuyas características resultaron de una fusión -que no estuvo exenta de polémicas en algunas etapas- de la tradición “recabarrenista” de los fundadores del POS, con la ideología proveniente de la Revolución Rusa. Como lo señalara el historiador Hernán Ramírez Necochea, el carácter eminentemente internacionalista del Partido Comunista de Chile, nunca fue contradictorio con la férrea raíz local de sus  orígenes.

Pieza fundamental en diversas etapas

Durante esta más que centenaria trayectoria histórica, los y las comunistas han recorrido senderos sinuosos. Muchos de ellos fueron en las más adversas condiciones, como los alrededor de 37 años de clandestinidad, producto de los tres periodos en los que ha sido proscrito de la vida pública del país.

En su primera de existencia, logró movilizar a franjas importantes del movimiento popular, que luchaban por sus derechos laborales más elementales. Por eso fue parte de la oleada que puso en jaque al orden oligárquico en la década de 1920. Más tarde, fue pieza fundamental en la conformación del Frente Popular, coalición que, con limitaciones, realizó avances importantes en materias de derechos sociales y económicos en Chile. Muchos de sus militantes fueron líderes del movimiento sindical, estudiantil y de pobladores, los que fueron decisivos en la construcción de un país más justo y equitativo. En la década de 1950, sumido en la clandestinidad, fue una de las organizaciones que formó parte de la forja de la “Vía Chilena al Socialismo”, iniciada en 1952 con la primera candidatura presidencial de Salvador Allende. Experiencia de influencia mundial, el posterior triunfo de Salvador Allende 1970 simbolizó la originalidad de la izquierda chilena, la que buscaba conjugar democracia y socialismo en un mismo momento histórico.

Durante la dictadura militar, el Partido Comunista se jugó desde la primera hora por la recuperación de la democracia en base a una amplia alianza antifascista. También enfrentó con la mano armada a un régimen que intentaba imponer a sangre y fuego un proceso de refundación capitalista. Más tarde, con la crisis del socialismo real y el fin de la Unión Soviética, en un contexto nacional y mundial adverso, los comunistas chilenos se las arreglaron para adaptarse a los nuevos tiempos. Se mantuvieron tradiciones y la identidad partidaria, pero también se estuvo dispuesto a comenzar a recorrer nuevos políticos, todo bajo el telón de fondo de la nueva hegemonía neoliberal.

Las miradas están abiertas

No caben dudas que los juicios sobre esta extensa trayectoria están abiertos. Militantes, exmilitantes, cientistas sociales y la ciudadanía en general, podrán tener opiniones más o menos severas sobre algunas de las etapas de esta centenaria colectividad. De hecho, el propio Partido Comunista de Chile ha sido crítico de algunas de ellas. Sin embargo, más allá de estos balances, no queda lugar a dudas la importancia política, social y cultural que los y las comunistas chilenos han tenido a lo largo de la historia del país.

Desde el punto de vista de la larga duración histórica, el PC ha sido clave, en distintas etapas y junto a sus aliados, en la ampliación de todo tipo de derechos para los habitantes de nuestro país. La izquierda chilena, y dentro de ella, el Partido Comunista, ha jugado un papel determinante para la existencia de un sistema democrático y de derechos en Chile. Por ello, es posible recoger las palabras del poeta comunista español Marcos Ana, que resumen lo que queremos plantear: “Cometimos errores, pero los cometimos luchando, quizás bastantes, porque luchamos mucho y ni un solo día nos sentamos en la puerta de nuestra tienda para ver pasar el cadáver de nuestro enemigo”.

Historia jalonada de continuidades, también ha estado marcada por los cambios. Ha sido la capacidad de resolver exitosamente la tensión entre ambas dinámicas las que permiten explicar la dilatada existencia del comunismo chileno. Esta no se ha reducido a una lógica solo testimonial, sino que sigue teniendo influencia en las organizaciones sociales, como también desde el punto de vista electoral. Con todo, nunca ha sido fácil resolver las múltiples tensiones que generan las dimensiones del accionar partidario. Por ejemplo, la relación entre la esfera política y la esfera social, en donde el PC corrientemente cuenta con presencia, pero que no siempre tienen los mismos tiempos y necesidades. También la compleja relación entre la situación internacional y la nacional, que en más de una ocasión a lo largo de su historia ha sido objeto de debates. Y para qué decir la manera de resolver las tensiones entre los aspectos doctrinarios del proyecto comunista, que aspira a sustituir la dominación capitalista, con las necesidades cotidianas de la población. En el ir y venir entre la utopía y lo práctica de todos los días, es donde se ha forjado históricamente la cultura política comunista.

Este nuevo aniversario, encuentra al Partido Comunista de Chile, por cuarta vez en su historia, siendo parte de un gobierno de coalición con presencia en el gabinete presidencial. En las últimas elecciones, logró elegir senadores por primera vez desde marzo de 1973. Además, cuenta con una importante representación parlamentaria, de alcaldes y concejales. Por otra parte, no ha perdido el clivaje con las organizaciones sociales. Chile vive un momento de definiciones históricas tras la revuelta de octubre de 2019, el debate de la nueva Constitución y la suerte que corra el gobierno del Presidente Gabriel Boric. En todas estas decisivas materias, como fue en el pasado, el papel del Partido Comunista será fundamental. Los surcos sobre los cuales se siembra el futuro del pueblo chileno, sigue contando con las semillas que aportan la colectividad de la hoz y el martillo.

Rolando Álvarez Vallejos(*). Historiador, académico de la Universidad de Santiago de Chile.
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