ANÁLISIS. El poder Centauro


“Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una con las leyes; otra con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda”. Nicolás Maquiavelo.

Fernando Bahamonde. Punta Arenas. 20/05/2022. En el entendido que la sociedad humana es un organismo vivo donde eventualmente encontramos largos periodos de consensos políticos-institucionales interrumpidos por abruptos quiebres; o como en el caso de nuestro país el consenso neoliberal fue ideológicamente impuesto con violencia y consolidado luego de la recuperación de la democracia, podemos señalar que vivimos consenso en descomposición.

El logro del consenso a partir de la ruptura se obtuvo a través de la acción de las minorías que han obtenido el poder del Estado para someter a las mayorías por medio de los aparatos coercitivos, en primera instancia, y luego mediante el uso de los aparatos ideológicos estatales como: la educación, leyes de distinta índole hasta la instalación de un nuevo régimen político producto de la Constitución de 1980. Y, en paralelo mediante el ejercicio de esa minoría en los aparatos correspondientes a la sociedad civil: medios de comunicación de masas. Hasta lograr constituir un discurso circular que se internalizó en la existencia cotidiana.

El escenario es de crisis permanente en Chile se encuentra de manifiesto en el modelo económico que luego de un periodo de expansión y crecimiento que no es capaz de satisfacer derechos sociales fundamentales. Lo que acrecienta y profundiza la brecha de clases. Diluyendo a la mal denominada “clase media” y que ha arrastrado aún más a las y los trabajadores a la precarización.

Crisis institucional, porque se encuentra paralizada por el freno neoliberal y en algunos casos empapadas por la corrupción. Espacios institucionales ocupados mediante el cuoteo que hace ver que existen operando poderes fácticos. Y, por cierto, crisis del conjunto del sistema político por la representatividad y la incapacidad de sostener mayorías estables que terminan por mermar la capacidad de ejercer gobierno.

Un lugar común es decir que las crisis son una oportunidad, es cierto, pero también las crisis son un precipicio sin fondo que arrastra a millones a la desesperación y al sin sentido de no poder encontrar salida y ese es el camino de la irracionalidad política.

La violencia es deliberada en aquellos que desean no perder sus privilegios, nos referimos a ese uno por ciento que controla la economía del país y grupos políticos conservadores que los representan que abarca un abanico desde neofascistas a la autodenominada centroizquierda.

Esta violencia no necesariamente es física, en este momento obedece a una planificación, que busca crear incertidumbre y un clima de caos social, para generar violencia espontánea de aquellos que no encuentran satisfacción inmediata a sus demandas y necesidades básicas.

Las mayorías insatisfechas, que se sienten sin representación y repudian la representatividad de los diversos actores políticos institucionales no observan el sistema político desde la perspectiva tradicional de eje horizontal compuesto por el centro, la derecha e la izquierda, precisamente por la crisis de representación y representatividad de toda la institucionalidad y porque dichas categorías se han en parte diluido. Lo que visualizan es un eje vertical de clase política de privilegiados y pueblo menoscabado.

En síntesis, la clase dominante y el sector político que la representa tiene un plan que posee distintos pasos en función de los resultados que se van a observar en el camino. Crear un clima de inestabilidad social fundamentalmente con énfasis en seguridad pública, estimular demandas en esa dirección hacer ganar la opción del rechazo en el plebiscito de salida del 4 de septiembre.

Luego, hacer claudicar al gobierno de su programa, aprovechando para ese efecto el empate en el senado entre la derecha y el un oficialismo reducido si nos referimos a Apruebo Dignidad, y disperso si consideramos a los senadores que pertenecieron a la Concertación. Hablamos de un senado que se resistirá a morir, por lo cual no será extraño ver senadores demócratas cristianos, socialistas o independientes trabajando por el rechazo.

Faltan, entonces, definiciones profundas que provengan desde el gobierno; si se apoya en la institucionalidad de la cual hace usufructo la minoría, lo que conlleva en profundizar la brecha de desconfianza entre elite y la ciudadanía.  O se sostiene en la mayoría electoral que le dio el voto. En el segundo caso se debe explicar el camino, sus dificultades y el horizonte a alcanzar.

Es obvio que de triunfar la opción rechazo, la crisis se agudizará, porque no habrá forma de canalizar y satisfacer demandas de derechos bajo esta forma de Estado. Por eso, en última instancia los sectores dominantes saben que pueden recurrir a la institucionalidad para iniciar una seguidilla de acusaciones constitucionales para terminar por derribar al gobierno. Leyes y violencia juntos, el centauro mitológico es el sentido del poder y la acción de esta poderosa minoría.

La única flecha que puede paralizar el poder centauro de la minoría es la política. La caída de las instituciones es la fase final del discurso circular de antaño. Vale decir, se requiere construir políticamente una nueva forma de existir social, pero ya no la forma de las minorías que han detentado el poder para sostener sus intereses. Sino desde las mayorías que se expresaron hastiadas en octubre de 2019 y lograron instalar un proceso constituyente. Por cierto, el primer paso para un nuevo discurso circular, ahora de mayorías, es el triunfo del apruebo.

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