EL EDITORIAL. El verdadero norte es apoyar una nueva Constitución


Hay que dejar a un lado las escaramuzas, las noticias falsas, las distorsiones, las ignorancias, los bochornos, los insultos, las desacreditaciones, las caricaturas, para dar lugar a los argumentos, las verdades, los debates, la inteligencia, las certezas, las reflexiones, el diálogo.

El Editorial. “El Siglo”. Santiago. 03/05/2022. En algunos es un error y en otros es una mala intención, establecer como eje de discusión y esfuerzo una “tercera vía” o “plan b” en relación a la aprobación de una nueva Constitución en el plebiscito de salida del próximo 4 de septiembre.

Ocurre que bien leídas las normas y articulados aprobados hasta ahora por la Convención Constitucional, se constata que hay avances positivos y sustanciales en el nuevo texto constitucional, que apuntan, por ejemplo, a establecer nítidamente derechos sociales, caracterizar adecuadamente realidades del país, garantizar la protección del medioambiente y recursos naturales para bien de la mayoría de la población, avanzar hacia un Estado democrático y de derechos dejando atrás el ineficaz rol subsidiario, y lograr una democracia e institucionalidad acorde con tiempos contemporáneos y representaciones nacionales y regionales.

En concreto, se está avanzando hacia una nueva Carta Magna que superará el carácter de la actual, impuesto por la dictadura cívico-militar junto a juristas y representantes de poderes económicos y fácticos, y que dará cuenta de los nuevos tiempos que Chile vive como sociedad y como país.

No puede sorprender que sectores conservadores se opongan a los contenidos del nuevo texto, que acusen maximalismos y sectarismos, porque en definitiva se asiste a transformaciones estructurales de las normativas constitucionales que rompen con una institucionalidad retrógrada que, por lo demás, causó y causa serias afectaciones a la democracia del país y a los derechos de la sociedad.

Lo que puede causar alguna sorpresa es que segmentos progresistas y liberales amenacen con rechazar la nueva Constitución por sus críticas a los acuerdos de la Convención, no compartir ciertas normativas y criticar las formas del proceso constituyente, atribuyendo prácticas o actitudes nocivas que, cuando menos, están a discusión.

Es cierto que la Convención vivió y vive episodios bochornosos y negativos, algo que no se debe naturalizar u omitir, pero que no constituyen una afectación determinante al proceso y a lo que está resultando del trabajo de las y los convencionales, quienes hacen un esfuerzo intelectual, político y técnico de envergadura.

Lo que ocurre, es que desde algunos sectores, sobre todo conservadores, se estigmatiza y se teme el hecho real de que en la Convención hay representaciones de los mundos indígena, popular, feminista, comunista, social, con toda la diversidad que eso implica, y que muestra al verdadero Chile. La Convención no es el molde elitista, convencional y tradicional que solía existir, sobre todo en los últimos cincuenta años y que daba “cierto orden” a los espacios institucionales y políticos. Es evidente que el pueblo llegó a la Convención.

Hay que dejar a un lado las escaramuzas, las noticias falsas, las distorsiones, las ignorancias, los bochornos, los insultos, las desacreditaciones, las caricaturas, para dar lugar a los argumentos, las verdades, los debates, la inteligencia, las certezas, las reflexiones, el diálogo.

No hay que perder el norte de trabajar por la nueva Constitución y por aprobarla como un paso decisivo del país y la sociedad hacia una institucionalidad de derechos, de más y mejor democracia, representativa, soberana y que permite el desarrollo sostenible, participativo, democrático y justo.

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