Mi modesta vida. Lide “Lily” Castillo Riquelme

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“Pasamos las de kiko y caco, muchas veces con dificultades para parar la olla. Le puse el hombro a todos esos momentos con el apoyo de nuestras familias y nuestro partido. En periodos de ilegalidad criamos unos pocos conejos y pollos, tuvimos huerta, y salíamos a vender verduras. Yo tejí y también compartimos casa con alguno de nuestros familiares para costear el arriendo y gastos varios”.

Lily Castillo. Santiago. 2022. Mi nombre es Lide Gladys Castillo Riquelme, me dicen Lilí y como costumbre de mi generación me agrego el de Corvalán. De estudio tengo principalmente la universidad de la vida.

Nací el año 1926 en Iquique. Hija de padres nortinos, soy la menor de 7 hermanos. Mi madre, Rosa Riquelme Ramírez trabajó desde muy joven en una Lavandería que en esos años instalaron los chinos. Estas consistían en contratar mujeres que pasaban largas horas refregando y escobillando en la artesa, pagándoles unas pocas chauchas. También trabajó de cocinera en las casas de los ricos, de los ingleses en la Pampa. Cocinaba como los dioses y muchas noches esperábamos la comida que la dejaban llevarse a la casa para poder calmar el hambre. Sus patrones querían y valoraban mucho a mi mamá.

Era una mujer de armas tomar, no se le pasaba una y, como ella decía, muy de manos a la cintura: “¡Nadie se mete con la Rosa Riquelme!”.

En cambio mi padre Víctor Manuel Castillo era más bien callado y quitado de bulla. Se fue de su casa a los 14 años porque el padrastro lo maltrataba, durmió en la calle, trabajó en el mercado cargando cajones, barriendo lo que viniera. A una mujer dueña de un puesto le dio pena este muchacho, y se lo llevó a su casa. Allí le dio alojamiento y comida. No me acuerdo cuánto tiempo pasó, pero la cosa es que mi padre subió a la Pampa a trabajar a una de las casi 200 oficinas salitreras. Fue barretero, que era uno de los trabajos más duros en la Pampa. Los barreteros son los que aparecen en las típicas fotos con el Barrete, un fierro largo, parecido al chuzo, y ellos picaban a golpes el salitre. No sé en cuál de todas las oficinas trabajó mi padre, si en una de las grandes o pequeñas, si de los ingleses, italianos o franceses. Luego de varios años bajaron al pueblo y mi padre trabajó cargando el salitre en los barcos, adonde muchas veces yo le llevaba el almuerzo. Recuerdo que me gustaba mucho cuando me bajaban con una cuerda amarrada en la cintura para pasárselo en la plataforma del barco de carga.

Desde niña me gustaron las fiestas, bailaba y cantaba bien. Con mis padres conocí a Luis Emilio Recabarren y varias veces participé en las actividades culturales que él organizaba.

Cuando en Iquique no había en qué trabajar, mi familia se trasladó a Santiago. Esto fue  varios años después de que se cerraran las oficinas salitreras.

En la capital, comencé a trabajar en el diario El Siglo un par de años como ayudante de la asistente social y más tarde como secretaria del director, cuyo cargo ocupaba Lucho.

Nos enamoramos. Él dice que yo cerré la puerta con llave por dentro en su oficina y siempre tuvimos dos pícaras versiones de ello.

Me enamoré de este hombre por el cual mis hermanas me molestaban por lo bajito que era. Nos casamos el 14 de diciembre de 1946. Tuvimos 4 hijos, Luis Alberto, Lily, Viviana y María Victoria. Fui muy feliz junto a Lucho, un hombre bueno como el pan, de carácter tranquilo, respetuoso y cariñoso.

Pasamos las de kiko y caco, muchas veces con dificultades para parar la olla. Le puse el hombro a todos esos momentos con el apoyo de nuestras familias y nuestro partido. En periodos de ilegalidad criamos unos pocos conejos y pollos, tuvimos huerta, y salíamos a vender verduras. Yo tejí y también compartimos casa con alguno de nuestros familiares para costear el arriendo y gastos varios.

Participé como tantas mujeres en las campaña de Allende. Siempre cuando se podía acompañaba a Lucho, nos gustaba estar juntos en todos lados. Así fue como viajé y conocí a personalidades de varias partes del mundo. Formé parte del Comité de Navidad y otras actividades para aportar un granito de arena a nuestro gobierno, el de Salvador Allende.

Lucho fue perseguido por ser un dirigente comunista casi toda su vida. Bajo la represión de González Videla lo detuvieron y lo relegaron a Pitrufquén. Bajo el gobierno de Ibáñez del Campo lo relegaron a Pisagua. Me las tenía que arreglar sin él, e igual salí adelante con la ayuda de mi familia. Y luego, la represión más dura fue, sin lugar a dudas, la larga dictadura que derrocó al gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende.

Si tuviera que volver a nacer, volvería a casarme con Lucho. No me arrepiento de nada. Tuvimos momentos de una vida dura, pero también de mucha felicidad.

Soy una mujer sencilla, del pueblo y me siento orgullosa de ello.

El homenaje a Lily Castillo

Santiago. 25/04/2022. El pasado domingo se realizaron los funerales de Lily Castillo, quien fuera la compañera de toda la vida de Luis Corvalán, ex secretario general del Partido Comunista (PC) y una destacada militante asumiendo multiplicidad de tareas.

A nombre de la organización, asistieron a los funerales Guillermo Teillier, presidente, Lautaro Carmona, secretario general, y el diputado Boris Barrera. Teillier expresó palabras de reconocimiento al papel de Lily Castillo como militante, en la defensa de los presos políticos, primero durante la dictadura de Carlos Ibáñez, luego bajo la Ley Maldita de Gabriel González Videla y durante la dictadura de Augusto Pinochet, y en otras tareas que ella asumió.

Siempre estuvo al lado de Luis Corvalán, que sufrió la cárcel, estuvo en campos de concentración, y apoyó a su hijo que estuvo detenido y sufrió torturas, que debilitaron su salud y posteriormente le costó la vida.

Lily Castillo es de la generación que creó condiciones para el triunfo popular con Salvador Allende a la cabeza. Tras el golpe de Estado, fue defensora de la vida e integridad de los presos políticos y luego, al partir al exilio, fue una activa colaboradora en la solidaridad internacional.

Tanto en su velorio como en su funeral, se destacó que el ejemplo y las conquistas alcanzadas por esa generación no se ha perdido en el tiempo, se reaviva permanentemente en la lucha del pueblo que hoy abre la gran posibilidad de una nueva Constitución para Chile. Es el ejemplo de tantas y tantos como Lily Castillo, se indicó.

En el acto de homenaje participaron sus hijas Viviana, Victoria y Liliana, sus nietas y nietos, quienes hicieron recuerdos de su madre y abuela. La ceremonia fue conducida por Adela Secal, actriz y nieta, quien leyó de testimonio de Lily Castillo de Corvalán (Ver nota adjunta)

 

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