Ernesto Águila: Hay que “desñuñoizar” la campaña de Boric

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El sociólogo y columnista de medios planteó que “hay que salir a hablarles a las regiones…Hay que hacer una mejor lectura del mundo popular, de los trabajadores… Se requiere ser más claros y precisos en términos de reactivación económica” y colocar énfasis “en aquello que tiene que ver con la vida cotidiana de las personas”. Enfatizó que “en esta segunda vuelta (Boric) tiene que sumar apoyos políticos, pero también ir hacia una lectura, comprensión y propuesta que apunte directamente a sectores sociales que no han estado suficientemente integrados ni en la propuesta, ni en el discurso, ni en la estética que ha predominado”. El también académico de la Universidad de Chile, catalogó como “una construcción súper mediática” hablar de una segunda vuelta presidencial entre extremos y opinó que lo que hay es “un programa que es de extrema derecha” y “un programa de transformaciones progresistas, moderado en sus objetivos y en sus ritmos”. Resaltó que en este balotaje habrá “una gran batalla de las ideas”.

Hugo Guzmán. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 22/11/2021. Hay tantas preguntas que hacer…Una básica es a qué atribuyes el triunfo de José Antonio Kast.

Estaba dentro de las posibilidades que Kast pudiera pasar a segunda vuelta desde un primer lugar. La distancia con Gabriel Boric es poca, dos puntos y medio. Creo que el dato más preocupante de la elección no está dado por esta pequeña ventaja de Kast, sino porque él representa un crecimiento y una recuperación de la derecha que se había perdido a partir en las elecciones posteriores al 18 de octubre de 2019. No olvidemos que la derecha se aglutinó en torno al Rechazo a la nueva Constitución y tuvo un 20%, luego obtuvo un solo gobernador regional de 16, en la elección de convencionales constituyentes no alcanzó el tercio que ambicionaba, y veníamos en un ciclo electoral de debilidad y acorralamiento de la derecha que se rompió con la elección de este domingo. Por eso, más que esta votación de Kast, es la votación de la derecha, que si sumas lo de él y lo de (Sebastián) Sichel, suma como un 35%. Por lo tanto, estamos ante una derecha que logró recuperar su capacidad electoral y logró salir del acorralamiento de las tres comunas del Rechazo en que estaba circunscrita. Mostró, además, un crecimiento en el mundo social, transversalmente. Es el dato más preocupante. Que se expresó también en la composición del Congreso, donde existe una posibilidad de construir mayorías para un programa progresista y de izquierda, pero muy frágil.

El crecimiento de la derecha es real, es transversal, lograron construir una sintonía con la sociedad en base a cultivar los miedos, las incertidumbres, a lo que se suman dos años de pandemia, una crisis económica, y eso lo manejaron a su favor. Dieron una respuesta regresiva, autoritaria, conservadora a los problemas que tiene la sociedad chilena, y señalaron cierta duda de que la línea de cambios es la que se requiere para construir un nuevo orden democrático y justo que traiga tranquilidad y paz social.

Frente a eso y el resultado electoral, ¿cómo ves el camino, a partir de hoy, de Gabriel Boric de cara a la segunda vuelta?

Hay que ponderar las cosas. Gabriel Boric obtuvo una buena votación, quedó solo a dos puntos de Kast, y no caben posiciones derrotistas porque existen muchas posibilidades, y están abiertas las posibilidades de triunfar en segunda vuelta y tener un Gobierno de Apruebo Dignidad encabezado por Boric.

El resultado de la primera vuelta deja al descubierto ciertos déficit de campaña, de discurso, y creo que es necesario dar algunos golpes de timón en esta segunda vuelta, que comenzaron a insinuarse en el discurso de anoche de Gabriel Boric. ¿Cuáles podrían ser esos golpes de timón? Hay que salir a hablarles a las regiones, y a cada región en particular. Kast y (Franco) Parisi superan a Boric de Arica a Coquimbo, y de Rancagua hasta Coyhaique predomina Kast, con la excepción de Magallanes. Y a Boric le fue bien en la Región Metropolitana y en Valparaíso. Uno observa una desconexión y una distancia entre las propuestas y los discursos con instancias regionales. Una línea sería más viajes y construir acuerdos programáticos con cada una de las regiones, según sus problemas, sus realidades. Segundo, me parece que hay que salir de una cierta oferta programática e incluso estética que excluye sectores importantes y que se volcaron en la elección de ayer, estoy pensando en los sectores rurales, que tiene otra dinámica, adultos mayores. Hay que hacer una mejor lectura hoy del mundo popular, de los trabajadores, de la seguridad en los barrios y poblaciones, la delincuencia y el narcotráfico, y sobre todo eso hay que sacar posturas claras y contundentes. Creo que eso, y otros temas, tocan el diario vivir de las personas, no es un tema de la derecha el de la seguridad, en el mundo popular también se vive y la izquierda no siempre es suficientemente convincente para tratar ese tema y encontrar soluciones. Se requiere, también, ser más claros y precisos en términos de reactivación económica, generación de empleos decentes, y aterrizar más lo que significa un triunfo de Gabriel Boric y un Gobierno de Apruebo Dignidad para el bienestar de las personas, de las familias. Algo fue lo de las 53 medidas de Gobierno, pero creo que llegaron tarde y será importante su difusión ahora, poniendo énfasis en aquello que tiene más que ver con la vida cotidiana de las personas. Por ejemplo, relevar la posibilidad de un sueldo mínimo de 500 mil pesos, fin del CAE, protección efectiva de las Pymes, nuevo sistema de pensiones sin AFP, solucionar problemas de acceso en salud y educación, hay que aterrizar y llevar de manera más concreta esas propuestas.

Llevar la campaña a distintas comunas y territorios, ir a hablar en regiones, en todo el país, y si me permites la expresión, “desñuñoizar” la campaña y comenzar a desplegarse, instalarse, realizar los actos en infinidad de comunas que existen en Chile, rurales, suburbanas, populares, de clase media, de trabajadores. Tiene que ser una campaña efectivamente nacional, que se refleje en el liderazgo, las propuestas, el discurso, hasta en la estética.

Tanto Kast como Boric tienen hacia donde crecer electoralmente. Hasta hablaron de los votos de Parisi.

Para pensar en crecer electoralmente, tiene que distinguir una variable política y otras más social, sociológica. Boric tiene la posibilidad de crecer hacia el electorado que apoyó a Yasna Provoste, a Marco Enríquez-Ominami, quizá hasta votantes de Eduardo Artés, pero también debe haber un esfuerzo importante por crecer hacia nuevos votantes que se mantienen en la abstención y podrían votar por Boric. Hay que descifrar y hablarle a ese mundo que apoyó a Parisi. La votación de Parisi es un poco el fiel de la balanza en un resultado final de la segunda vuelta y hay que tratar de entender bien qué hay detrás de ese fenómeno. Me da la impresión de lo que en la Convención Constitucional fue la Lista del Pueblo, se desplazó en parte a un voto de Parisi y hay un voto que es más liberal de lo que representa Kast, no me parece que todo el voto de Parisi e incluso todo el voto de Sichel sea necesariamente para una opción tan conservadora, tan autoritaria como la de José Antonio Kast, alguna de ella podrá pasar a Boric, y otra se irá a la abstención.

Bueno, pero Gabriel Boric tiene que sumarlos a todos, porque además debe construir una mayoría parlamentaria con esas fuerzas para gobernar. Tienen que ampliarse socialmente, y eso paso por atender más a lo que son las realidades de las comunas populares, el mundo rural, las realidades diversas en regiones, los distintos grupos sociales. En esta segunda vuelta tiene que sumar apoyos políticos, pero también ir hacia una lectura, comprensión y propuesta que apunte directamente a sectores sociales que no han estado suficientemente integrados ni en la propuesta, ni en el discurso, ni en la estética que ha predominado.

Se instala que esta segunda vuelta electoral es de extremos.

Es una construcción súper mediática. Este es un país en el cual un programa como el de Gabriel Boric, que en realidad lo que se propone es construir un Estado social que asegure ciertos derechos, que dé al Estado mayores responsabilidades, que aumente las libertades individuales, en fin, un programa que uno pudiera decir que no es un programa más allá de transformaciones socialdemócratas, es tildado de extrema izquierda. Y un programa que es de extrema derecha, es tildado de centroderecha. Ahí hay una distorsión mediática. Un programa de transformaciones progresistas, moderado en sus objetivos y en sus ritmos, sea catalogado de extrema izquierda, y un programa que tiene todos los contenidos de la extrema derecha, llamado de centroderecha, es una gran distorsión que solo se puede explicar por la hegemonía que tiene los medios de comunicación y sus bajadas editoriales.

Evidentemente que esta no es una elección de extremos. Por un lado existe una propuesta progresista, de izquierda, de derechos, seria, responsable, que ahora tendrá que ampliarse a un círculo más amplio de centroizquierda y que no tiene ningún atisbo de ser una opción de extrema izquierda en su programa, en sus formas. Lo que sí tienes al frente, es una extrema derecha, autoritaria, regresiva, represiva, promotora del miedo, que busca incluso terminar con ciertos derechos alcanzados.

Creo que también es parte del desafío y el debate en esta segunda vuelta, de desarmar imágenes que se han intentado construir y eso se va a jugar en el resultado, la capacidad de de demostrar que hay una izquierda convencida de que para construir la tranquilidad, la estabilidad, se requieren de transformaciones importantes, y sin esas transformaciones, va a existir siempre una dificultad para lograr una paz social efectiva y duradera. Al mismo tiempo, convencer que lo que va a traer inestabilidad e inseguridad, es mantener las cosas como están. Hay que desarmar esa construcción mediática que pone como polarización entre un programa de extrema derecha y un programa de extrema izquierda. Hay que insistir en que hay una izquierda seria, responsable, que busca construir un país más justo, una sociedad más cohesionada, un país con paz social y estabilidad. Eso hay que entrar a disputarlo. La segunda vuelta será una gran batalla de las ideas y una de esas ideas en debate será si lo que se requiere son cambios para generar un nuevo orden más democrático y más justo para estar en paz, o si se trata de frenar toda transformación y apostar por lo conservador que profundicen el actual modelo, con miedo e incertidumbre. Creo que es cierto lo que enfatizó Boric en su discurso, que lo que está en juego es finalmente la esperanza o el miedo. El desafío es que la gente recupere la esperanza y vote por ella y no se encierre en los miedos y temores a que inducen desde la ultraderecha. Que la esperanza derrote al miedo va a estar presente en la segunda vuelta.

Hace dos años hubo una revuelta con el impacto que conocemos. Se votó 80% a favor de una nueva Constitución y los sectores conservadores obtuvieron un 20%. La derecha perdió en las últimas elecciones. La gente eligió convencionales claramente representantes de sectores sociales, progresistas, adherentes a las transformaciones. Y ahora en esta elección, la votación favoreció a la derecha y al candidato de ultraderecha. ¿Cómo se explica eso?

Lo que pasa es que en un mismo proceso social puede ser leído, interpretado, y adquirir formas de evolución distintos y contradictorios. El 18 de octubre de 2019, que es un estallido social, se ratifica en un 25 de octubre con una movilización de más de un millón de personas, que recorrió todo Chile, que fue pacífica, y que de alguna manera legitima las demandas sociales que irrumpen el 18 de octubre. En ese momento se instala una hegemonía progresista, una mirada de avanzada social, unas ideas de izquierda, y una necesidad de los cambios que había que hacer. Luego, como dices, eso fue lo que se expresó en el plebiscito, en tener una nueva Constitución, en las elecciones de los convencionales constituyentes, en las elecciones de alcaldes y de gobernadores regionales. Pero no hay que perder nunca de vista que estamos ante un nuevo pueblo, que es un pueblo neoliberal, que está socializado hace 40 años en el neoliberalismo, donde existen miradas y actitudes que pueden parecer contradictorias. Es un pueblo que puede llegar a ser muy solidario, pero también muy individualista. Por tanto, la posibilidad de que la salida a esa crisis que se abre el 18 de octubre sea en la dirección de una transformación social progresista, de avanzada, siempre convivió con la posibilidad de que ese mismo ímpetu, esa energía social, pudiera ser capturada por una mirada populista, autoritaria y conservadora. Eso no solo ha sucedido en Chile, es lo que ha ocurrido en muchos países latinoamericanos y europeos, el fenómeno (Donald) Trump en Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil, los avances de la ultraderecha en España o Francia, dan cuenta de eso. Creo que se había logrado mantener una dirección que era de naturaleza antineoliberal y ahora estamos en un momento en que está más en disputa la dirección de esa rebeldía social, de esa rabia social, de esa molestia social. Igual hay que mirar autocríticamente cosas como decepciones populares, como lo que ocurrió finalmente con la Lista del Pueblo, eso afectó el curso de una dirección más de izquierda y progresista.

Esa tensión entre darle un cauce a esa rabia, a ese descontento social, a esa demanda social, por la vía de transformaciones sociales importantes, tiene como fundamento que las personas y la sociedad tengan esperanza en esos cambios. Se logra meter un fenómeno como el de Kast cuando se empieza a cambiar esa esperanza en incertidumbre y miedo. Y frente a eso se ofrece una solución autoritaria, ordenadora, represiva, rápida. El desafío es, por tanto, que las personas vean que la incertidumbre, sus problemas, puedan tener un cauce y una solución en una propuesta como la que presenta Apruebo Dignidad. Eso requiere entrar más fuertemente en esa gran batalla de ideas, que creo es lo que va a marcar la segunda vuelta.

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