La voz de las y los comunistas en la Convención Constitucional

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Discursos de convencionales constituyentes del Partido Comunista en la apertura de debates de contenidos de la nueva Constitución.

Equipo “El Siglo”. Santiago. 22/10/2021.

Discurso Valentina Miranda

No es fácil ser mujer, joven, disidente y activista por los DDHH humanos en Chile. Muchas veces te golpean, amedrentan, persiguen y hasta te desaparecen o te suicidan. Aun así, millones de jóvenes se levantan en el día a día pensando en el futuro y en el presente, luchando por nuestros derechos y nuestra dignidad.

Hace casi 48 años atrás, el golpe de estado le quitó la felicidad a mi abuelita, la menor de 9 hermanos, hija de una familia minera del norte que vino a Santiago a buscar una mejor oportunidad en aquellos tiempos donde el estado aún era solidario y garante de derechos. En ese entonces vivía en la toma de la José María Caro, en la periferia santiaguina de los años 50 y 60, donde las casas eran de palo. Después de casi 10 años del golpe, le impusieron una constitución hecha entre cuatro paredes, con el fusil en la mano de los milicos y con ellos mismos gobernando y desapareciendo a todos aquellos que soñaban con algo distinto. Amarraron el neoliberalismo a todo lo que se conocía. Luego de eso, la obligaron a cambiarse del sistema público de pensiones a la AFP. Salió a protestar por casi 13 años, con panfletos, con miedo, pensando en el futuro de mi padre y que si o si, tenía que terminar con uno de los genocidios más grandes de la historia de nuestro país. Mi abuelita es una de las personas que vive en Chile con una pensión indigna e inhumana al igual que muchos abuelos y abuelas que hoy no tienen ni para comer, que fueron privados de su derecho a la vida digna.

Hace un par de años atrás el negocio de la vivienda le quitó la felicidad a mi familia. Mi Madre trabajadora de un lavaseco, mi Padre mesero en un local de Fruna. Después de años de bicicletear el sueldo para el pago del dividendo de la casa, terminaron pagando el triple de lo que costaba, situación que los llevó a separarse. Ahí fue cuando me convencí que el sueño de la casa propia no debería ser un sueño, es un derecho. Mi familia es una de las tantas en Chile que llora, se rompe y sufre por no tener un lugar donde vivir, un lugar donde caer muerto con dignidad.

En el año 2016 yo perdí la felicidad y las ganas de vivir. Solo tenía 15 años cuando tuve que hacerme cargo de mi hermano chico, cuidarlo. Porque así funciona en la pobla, si nosotros no cuidamos a nuestra familia, nuestros viejos no pueden trabajar y traer la plata para comer. Me enferme con una anemia, que casi paso a leucemia, que me tuvo 5 años en un tratamiento en la salud pública. ¿Pueden creer que hoy, después de más de 4 años, aún no me llaman para la endoscopia que me tenía que hacer en ese entonces? Podría haber muerto, al igual que las 10mil personas que fallecieron ese año en las listas de espera, porque obvio, la plata no alcanza para ir a la salud privada, es mucho más fácil morir.

Ese mismo año deserté de la educación, porque enferma y con la responsabilidad de cuidar a mi hermano, no podía rendir académicamente. Intente suicidarme 3 veces porque no encontraba la salida a los problemas. Historia similar a millones de jóvenes, que se buscan las lucas a la mala para poder sobrevivir, que no confían en la educación, que no confían en nadie. Gracias profes por recibirme y darme la oportunidad que no tenía de estudiar y mostrarme que nos quieren no pensantes, en escuelas donde no hay ni un baño para orinar, donde no hay mesas en las salas para poder estudiar, donde solo hay que mirar una pizarra, donde diariamente las comunidades educativas son destruidas y olvidadas. Total, los cabros pobres somos solo mano de obra barata y los profes también.

El 18 de octubre nos cayó como anillo al dedo. Estuvimos 2 semanas saltando torniquetes, gritando, organizando nuestra rabia, jamás pensaron que no teníamos miedo ¿Y qué miedo íbamos a tener si no teníamos nada que perder, si no tenemos nada? Si somos herederos de la dictadura. Porque en este país los derechos son privilegios. Leí una pared en la plaza de la dignidad que decía “No era depresión, era neoliberalismo” y todo me hizo sentido. Pucha que tenía razón la Gladys Marín cuando hablaba de las desigualdades, de los abusos, de aquellos que se enriquecen a costa de nuestros sacrificios, de nuestras familias y de nuestras vidas. Y se repitió en Chile lo que decía Víctor Jara y lo que vivió mi abuelita en su juventud “de nuevo quieren manchar, mi tierra con sangre obrera, los que hablan de libertad y tienen las manos negras”.

Mi nombre es Valentina Miranda, pobladora de Lo Espejo, una de las comunas más pobres de Chile, disidente y activista pansexual, mujer joven y feminista, ex vocera de la coordinadora nacional de estudiantes secundarios (CONES), primera universitaria de mi familia, hija de la educación pública y de una familia humilde y rota, hija de la pobla, crecí entre el narco, la droga, la pobreza, el extractivismo, las violaciones de los DDHH y la corrupción. Nacida en el neoliberalismo, pero jamás hija de este. Heredera del neoliberalismo, pero convencida a superarlo. Soy la más joven de este espacio que cambiará la constitución añeja. Soy parte de la generación de cristal, de cristal porque no me interesa seguir normalizando la violencia estructural que normalizó mi familia. Tengo 21 años, soy la pendeja flaite, la rota, la picante, la india, militante de las juventudes comunistas y a mucho orgullo, y mi convicción es que, de aquí, saldrá la constitución ecologista, feminista, plurinacional, intercultural, que nos permitirá un desarrollo integral de las personan en la sociedad y que reconocerá del derecho de las niñeces y adolescencias, para que nunca más en Chile un niño y niña tenga que ir al infierno del SENAME, no se les escuche y se les minimice desde el adulto centrismo, que sacrifique su infancia por este sistema asqueroso, como paso conmigo. Mi responsabilidad aquí es luchar por todo, no por las migajas que nos dieron durante estos 30 años de falsa democracia. Luchar por la educación, la salud, la vivienda, luchar para que podamos vivir para trabajar, luchar para que no nos sigan asesinando por ser mujer o por ser disidente sexual, luchar por mi dignidad, la de mi familia, luchar por la dignidad de los pueblos de Chile, por la dignidad de TODOS, TODAS Y TODES. Por mí y por todes mis compañeres que ya no están. Gladys, que bonito seria que estuvieras aquí, viendo como se cumple uno de tus tantos sueños.

Como dice mi abuelita, vine aquí a terminar lo que ella comenzó en los 80, echar abajo la constitución del dictador. Porque soy la nieta de una de las comunistas que no pudieron matar, porque el año 2019 comenzó la verdadera transición a la democracia. Pedro Lemebel decía: No soy un marica disfrazado de poeta, No necesito disfraz, Aquí está mi cara, Hablo por mi diferencia, Defiendo lo que soy, Y no soy tan raro, Me apesta la injusticia, Y sospecho de esta cueca democrática, Pero no me hable del proletariado, Porque ser pobre y maricón es peor, Hay que ser ácido para soportarlo, Es darle un rodeo a los machitos de la esquina, Es un padre que te odia, Porque al hijo se le dobla la patita, Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro, Envejecidas de limpieza, Acunándote de enfermo. Y se rieron de mi voz amariconada, Gritando: Y va a caer, y va a caer, Y aunque usted grita como hombre, No ha conseguido que se vaya, Mi hombría fue la mordaza, No fue ir al estadio, Y agarrarme a combos por el Colo Colo, El fútbol es otra homosexualidad tapada, Como el box, la política y el vino, Que la revolución no se pudra del todo, A usted le doy este mensaje, Y no es por mí, Yo estoy viejo, Y su utopía es para las generaciones futuras, Hay tantos niños que van a nacer, Con una alíta rota, Y yo quiero que vuelen compañero, Que su revolución, Les dé un pedazo de cielo rojo, Para que puedan volar.

¡Esto es por ti abue! ¡Desde la Población Santa Adrina y los torniquetes, llegamos a la constituyente! ¡Libertad a las y los presos políticos de la revuelta! ¡Los humildes triunfaran!

Muchas Gracias.

Discurso de Marcos Barraza

Soy Marcos Barraza Gómez, con orgullo declaro ser parte de una familia de obreros pampinos y trabajadoras de ferias libres, violentada por la dictadura como tantas familias que depositaron sueños y defendieron con dignidad el gobierno del Presidente Allende.

Quienes salimos a las calles, exigiendo el fin de un sistema basado en el abuso de la élite y la negación de los derechos a las grandes mayorías, tenemos conciencia que son décadas y siglos de postergación, de vidas truncadas; de violaciones a los derechos humanos, de niñas y niños relegados. De amigas y amigos que no concretaron sus sueños de vida.

Nuestra protesta y demanda es heredera de una larga tradición de lucha. Por la dignidad, lucharon las trabajadoras y trabajadores del salitre, del carbón, del cobre, de las industrias y del campo. La dignidad ha estado en el corazón de las feministas, en el de pobladoras y pobladores que conquistaban, paso a paso, su derecho a la vivienda. Por la dignidad se pronunciaron los pueblos originarios, la juventud popular y las y los estudiantes.

El golpe de Estado de 1973 vino a interrumpir este proceso de avances y conquistas. La lucha para terminar con la dictadura cívico militar requirió el heroísmo de un pueblo que no se dejó avasallar. Sin embargo, el triunfo en el plebiscito del 88 no terminó con el sistema económico, político y social excluyente que se había impuesto a sangre y fuego. Los acuerdos de la transición no solo dejaron intacto, sino que profundizaron el modelo neoliberal.

La contundente mayoría nacional de chilenos y chilenas que demandan una nueva Constitución nos han mandatado a crear reglas en las que la igualdad no sea solo una norma vacía, sino que se refleje en la vida de las personas. No queremos un sistema en que sólo gocen de sus derechos los que pueden pagar por ellos. No se puede aceptar que las pensiones, la salud y la educación sean distintas para ricos y pobres. No es democrático un sistema en que una ínfima minoría se queda con la mayor parte de las riquezas emanadas del esfuerzo de todas las trabajadoras y trabajadores del país y se les condena a sueldos de miseria, al endeudamiento, al maltrato y al abuso laboral.

Por eso hoy necesitamos construir un Estado Democrático y Social de Derechos, cuyo punto de partida es el establecimiento de una nueva Constitución. En este nuevo paradigma, se debe reconocer que tanto el Estado como los privados puedan llevar adelante iniciativas productivas, reservándole al Estado los instrumentos necesarios para la planificación estratégica de la actividad económica, a la búsqueda de un desarrollo armonioso, en las regiones y en el centro; respetuoso de la naturaleza y con solidaridad intergeneracional, en el que los frutos del trabajo se distribuyan con justicia social, haciendo que el Trabajo Digno y los derechos colectivos sean reconocidos constitucionalmente desde su Función Social.

El sistema tributario, por su parte, debe asegurar su carácter progresivo, de modo tal que no se cargue a los más pobres con los impuestos más gravosos, como ocurre con el Impuesto al Valor Agregado, instaurando un principio transversal de Justicia Fiscal, que consagre la principal carga tributaria para los súper ricos y grandes empresas. Poner fin a los múltiples mecanismos de evasión es una tarea que también deberá asumir este sistema.

Esta óptica distinta surge de la convicción de que solo la más amplia participación permitirá instaurar una verdadera democracia popular. Por eso, debemos impulsar un nuevo sistema político, en el que la deliberación no  se  limite a la emisión de un voto para elegir autoridades cada cierto número de años. La democracia en los territorios, la iniciativa popular de ley, los plebiscitos vinculantes y la revocabilidad de ciertos cargos son instrumentos eficaces para este fin. Un sistema unicameral, que evite las negociaciones eternas que entraban el debate democrático; en el marco de un equilibrio en que se distribuyan y se den adecuados contrapesos de poderes entre el ejecutivo y el legislativo, forman parte de este cambio.

En este Estado democrático, deberemos asegurar que las Fuerzas Armadas sean obedientes al poder civil y se sustenten en una doctrina respetuosa de los Derechos humanos, que cumplan sus funciones de defensa de nuestro país en el marco de una política de relaciones de respeto y solidaridad con los pueblos hermanos. De una Policía refundada, orientada a la protección del pueblo y no a la violencia y el abuso de poder como ha sido en la historia de Chile el proceder institucional de Carabineros.

Chile sigue viviendo una crisis política, económica y moral. Ya hemos sabido de la corrupción que corroe a los altos mandos de las instituciones armadas y de muchos otros casos en que importantes políticos, incluido el actual Presidente de Chile, privilegian espurios intereses personales por sobre el interés público.

Esta Convención y la Nueva Constitución se deben sustentar en otra lógica, debe ser la integridad, la probidad y la honestidad la que la rija.

Es mi convicción que en la nueva constitución, las personas sientan que el Estado les pertenece a todas y a todos y no a una élite que actúa en su propio beneficio. La Constitución debe ser fruto de un gran acuerdo, pero no de cualquier acuerdo. La democracia de los acuerdos ya nos enseñó lo que ocurre  cuando se excluye al pueblo del debate político, produciendo falsos  equilibrios, homeostasis perversas que mantienen y reproducen la injusticia. El acuerdo que esta Convención debe alcanzar es aquel destinado a consagrar lo que el pueblo, los pueblos, siguiendo su larga tradición de lucha democrática, viene exigiendo hace más de 30 años: Esto es una nueva carta fundamental que consagre soberanía, la igualdad de derechos efectiva y la dignidad de las personas.

Aquí, en estas páginas en blanco debemos dejar todo el amor por los pueblos, por nuestras abuelas y madres, por nuestras hijas. Toda nuestra esperanza, toda la dignidad truncada debemos recoger. Aquella que nunca logró penetrar en las instituciones del Estado, aquella que fue negada por siglos.

Estamos aquí con profunda alegría de estar diciéndole al país que las palabras del presidente Allende se comienzan a cumplir y que de nuevo se abren las grandes alamedas. Para las y los comunistas es muy importante y emotivo estar aquí, como no va a serlo. Hace 48 años en ciudades y pueblos comenzaban los partidos de izquierda a ser perseguidos por la dictadura, sus militantes sacados de sus casas en las noches por manos arteras. Torturaron y mataron, nos desaparecieron, pero nuestras ideas y convicciones vencieron a la muerte.

Y aquí estamos otra vez, escribiendo la carta fundamental para nuestro país. Esto lo hacemos con infinito amor a nuestro pueblo, y a los pueblos.

Aquí estamos otra vez, para defender los derechos, una vida más justa y la dignidad.

Aquí estamos otra vez, para lograr el Nuevo Chile que demandan los pueblos.

Constituyentes, esta convención es el espacio de representación popular más importante de nuestra historia como país, y desde este espacio popular estamos germinando un Nuevo Chile: plenamente democrático, inclusivo, participativo, popular, feminista y plurinacional.

Discurso de Ericka Portilla

 Buenos días, Presidenta, compañeras y compañeros constituyentes, comunidad:

La nueva Constitución será fruto de la movilización del 18 de octubre, la voluntad popular no es un antecedente o un trasfondo, es el principal criterio para elaborar dicho texto, en el que el pueblo no puede ser marginado a un rol de espectador.

Si el texto constitucional debe expresar la voluntad popular, la tarea constituyente consiste en comprender la complejidad de nuestra realidad que ha sido puesta de manifiesto por la movilización. Por lo tanto, es inútil para la tarea constituyente asentir de forma irreflexiva ante tal o cual autoridad intelectual, o resucitar tradiciones de salones.

La tarea constituyente es un proceso inédito porque sus contenidos han sido, y siguen siendo, temas exclusivos del gran propietario, del catedrático o del obispo. La tarea constituyente consiste en superar la segregación y desnudar la complejidad, ahí está el criterio para expresar, en el poder político de la comunidad, la existencia de ella; para hacer, de la necesidad de la comunidad, el fin del Estado.

La refundación es complejidad. La restauración es simplificación, así por ejemplo,  algunas y algunos podrían pensar la dignidad de los individuos al margen de la realidad de ellos, saltándose a la comunidad.

Pero es evidente que solo en una comunidad digna pueden existir individuos iguales en dignidad, porque la dignidad es una cualidad comunitaria y una cualidad individual. En consecuencia, necesitamos saber qué es dignidad; preguntarnos y respondernos si somos una comunidad digna cuando en Atacama, mi región, faltan diez mil viviendas, cuando Chañaral, Tierra Amarilla y Huasco son zonas de sacrificio, cuando Copiapó y Diego de Almagro no tienen agua, cuando las trabajadoras y trabajadores del cobre lloran la muerte de Nelson Quichillao.

Para quienes justifican la Constitución del 80 es imprescindible un modelo abstracto de persona, sin edad, género, etnia, clase, familia, barrio, ciudad o situación de discapacidad, entre otras cualidades. Pero lo cierto es que todas ellas pertenecen a la realidad individual y comunitaria.

Sin embargo, mediante ese modelo abstracto de persona, la Constitución del 80 consagra a la comunidad como comunidad del hombre blanco, heterosexual, padre, de mediana edad, de vida económicamente resuelta, cuya élite reina en el Estado chileno desde su origen.

A la mujer, por ejemplo, que en su gran mayoría es mestiza, educadora de niñas y niños, cuidadora de ancianas y ancianos, que subsiste en base al salario o “haciéndose” el salario, que conquista espacios día a día, la Constitución del 80 le impone sobre el rostro esa máscara de hombre blanco. Esa mujer, así como las diversidades o las personas en situación de discapacidad, entre tantas otras realidades individuales y familiares que conforman a la comunidad, no cuentan con reconocimiento constitucional porque éste ha sido reservado por la élite para sí misma.

El modelo abstracto de persona de la Constitución del 80 ha perpetuado una presunta superioridad de la élite y la segregación a la que nos encontramos predestinados las hijas e hijos de la clase trabajadora. La dignidad, reivindicada por la movilización popular, exige un concepto de persona que proteja a la comunidad de esa predestinación.

La certeza que posee la élite de su presunta superioridad se concreta, con mayor crudeza, ante los pueblos originarios. La carencia de reconocimiento constitucional legitima  al racismo, al negar su existencia, y legitima la expropiación, colonial y republicana, de las tierras indígenas. El hecho de que la bandera mapuche sea un símbolo de la movilización del 18 de octubre y la presencia protagónica de los pueblos originarios en este proceso constituyente demuestran la repulsión del pueblo ante esa presunta superioridad.

Discurso de Carolina Videla

A los pueblos de Chile, a las chilenas y chilenos en el exterior…a la bancada Youtube.

Violeta Parra diría en esta hora fundamental “Me falta la comprensión para explicar el grandioso momento tan venturoso que dentra por mi razón. Se embarga mi corazón en este siglo moderno, veo que aflojan los cuernos, los toros quedan sin astas y el pueblo diciendo basta…

Vengo del norte de Chile, del territorio en el que te desplazas en media hora a la hermana ciudad de Tacna,  Perú, y en unas horas, te encuentras con nuestros hermanos bolivianos. Vengo de un lugar donde a pesar de las fronteras, la convivencia entre pueblos escindidos por una guerra, y sometidos a un violento proceso de chilenización, es una práctica cultural. Una región multicultural que con orgullo ve convertirse en Patrimonio de la Humanidad desde la UNESCO las Momias Chinchorro y su proceso de momificación artificial, práctica mortuoria de los pescadores Chinchorro que habitaron el territorio hace más de 9 mil años.

Un territorio en el cual, convergen las culturas milenarias de la macrozona andina, la negritud africana en su afrodescendencia, y los distintos grupos venidos de otras regiones del país y del mundo. Una tierra de carnaval donde resuenan el ritmo de los bronces, las tarcas y zampoñas, en medio de las ñustas hermosas y los morenos, de trajes multicolores de las morenadas, tinkus, el tumbe, caporales, Waka Waka, Tobas, carnavales de los valles, cordillera y precordillera y más, y Arica y Parinacota  y miles que llegan, bailan bajo la fuerza del sol.

Soy de una generación que abrazó la militancia luchando contra la dictadura. Crecer  y resistir en dictadura, nos marcó un camino, el de las causas justas, de la solidaridad, la fraternidad y la búsqueda de libertad. Como tantas jóvenes pobladoras y estudiantes de aquella época que conocimos el hambre y las carencias, y vivimos la prisión política, nos sobrecogimos ante la cultura del terror… así me hice militante comunista y activista por la defensa de los derechos humanos y los derechos de las trabajadoras y trabajadores. Muchas mujeres me acompañan aquí hoy desde los distintos territorios, mujeres que nunca dejamos aquel camino marcado, que nunca nos dormimos ¡locas! nos gritaban en la calle, ¡váyanse pá la casa!, ¡den vuelta la página! Locas y locos de memoria obstinada, desde Arica a Magallanes exigiendo verdad total y justicia plena como decía Sola Sierra, exigiendo fin a la impunidad, esa impunidad que ha garantizado todas las injusticias de hoy, resguardadas por la actual constitución que precarizó el trabajo y pisoteó la dignidad de los trabajadores, que desechó a las personas mayores y romantiza que una persona de 80 años siga trabajando para sobrevivir, esfuerzo le llaman!

Los pueblos de Chile, nos pusieron aquí para escribir una Nueva Constitución que representa un largo sueño posible, y que se remonta hasta los días del gobierno del presidente Salvador Allende.

Han sido los pueblos movilizados en las calles, plazas y poblaciones, por cierto criminalizados, mutilados, violentados por el Estado de Chile, los que han exigido terminar con la actual constitución ilegítima que impuso un modelo neoliberal feroz, depredador y extractivista que provocó la desigualdad más brutal. Que no sólo es una constitución impuesta e injusta, sino que también es una constitución fracasada, que priva y niega a la mayoría del país la dignidad y la justicia social. El 18 de octubre 2019, los pueblos de Chile se volcaron a las calles exigiendo dignidad y una Nueva Constitución, sin ese 18 de octubre, nada de esto estaría ocurriendo, gracias a quienes saltaron los torniquetes, a quienes hicieron posible que terminemos con la desesperanza aprendida, libertad a los presxs de la revuelta social, a los presos Mapuche,  y justicia para las víctimas.

Comenzamos el debate para una nueva constitución que consagre los derechos humanos, que garantice la igualdad  y que ésta sea el fundamento de la justicia, y es justo, porque cuando en un país la justicia depende de dónde vienes, ya no es justicia.

Recordemos a las niñas de Alto Hospicio, el horror de los jóvenes en Antuco, el incendio de la cárcel de San Miguel, las víctimas por exposición a polimetales en Arica, los desaparecidos en democracia, Hugo Arispe, José Huenante; José Vergara, Ramón Pacheco, y los más de 1200 detenidos desaparecidos desde el tiempo de la dictadura, o la no justicia por los ejecutados políticos, esto impacta menos que intentar levantar los vergonzosos 50 años de silencio para saber la verdad y buscar justicia.  La desigualdad es concreta. Es por eso que la tarea histórica que se nos ha encomendado, no puede desconocer esas historias, debe hacer ejercicio social de las memorias. ”Pá mi lo que llaman calma es vocablo sin sentido”

Tenemos la oportunidad de consagrar nuestro compromiso con un horizonte ético de reparación, que proteja y reconozca como sujetos de derecho a las niñas, niños y adolescentes, “el futuro de los niños es siempre hoy, mañana será tarde” dijo nuestra Gabriela Mistral, que garantice la dignidad a las personas mayores, a las personas en situación de discapacidad, a las diversidades sexo genéricas, a las personas en situación de calle, a los pueblos oprimidos, de todas las personas.

Este horizonte son los derechos humanos, garantizarlos y establecer sus mecanismos deberá ser el verbo rector para la redacción del texto que se nos ha mandatado. Larga ha sido la espera, doloroso ha sido el recorrido, que sean entonces esos derechos los que funden la convivencia democrática para construir infancias felices, que nos permita a las mujeres vivir libres de todas las violencias, que extienda el horizonte de los jóvenes y los deje soñar, que nos permita establecer el Buen Vivir, el Suma Qamaña en lengua Aymara en nuestra región.

Que este nuevo pacto social que estamos forjando, plurinacional, antirracista, antipatriarcal, restituya y releve el valor del trabajo para la construcción de una sociedad más justa e igualitaria. Que la nueva constitución promueva una democracia participativa capaz de distribuir el poder entre representantes, autoridades y ciudadanía, descentralización y poder para las regiones. Este horizonte debe estar respaldado en un Estado que recupere su rol de garante de los derechos que deseamos consagrar en la nueva constitución, un Estado Democrático y Social de Derecho.

¡Ahora que si nos ven! el pueblo tendrá mudanza, será mejor la vida que vendrá, ganaremos las y los más sencillos…”

Con el ejemplo de Gladys ¡Venceremos!

Discurso Bárbara Sepúlveda

Les hablo desde el orgullo de pertenecer al primer órgano paritario en la historia del mundo, y no quiero dejar pasar la oportunidad de agradecerles a todas las mujeres, nuestras antecesoras, quienes han luchado por siglos para que algo como esto sea posible hoy.

Fui una niña que creció bajo el abrasador sol del norte de Chile. Pasé mi infancia en un desierto con río, playas y valles. Crecí en Arica, desde donde si miras hacia el mar se puede ver la curva de Latinoamérica. Tierra de la cultura Chinchorro, de Aymaras, chilenos y chilenas, afrodescendientes, migrantes peruanas y bolivianas. Llevo con orgullo esa mezcla de culturas que, como ariqueña y descendiente de árabes, habitan en mí.

Me marcaron las imágenes de mujeres pescadoras, temporeras, pastoras, mujeres portando a sus hijos e hijas en aguayo a sus espaldas, mujeres que trabajan en las minas, pobladoras, migrantes, trabajadoras del comercio, de la salud, de casa particular, educadoras y estudiantes. Mujeres que, como todas, han forjado nuestra matria y que la historia ha invisibilizado.

Pero si algo nos han enseñado siglos de invisibilización, es justamente ver dónde los demás no ven.

A ustedes, mujeres y niñas de nuestro país, me permito hablarles desde este salón y dedicarles estas palabras.

A las mujeres que hemos vivido con nuestros derechos sexuales y reproductivos negados, relegados a una “agenda valórica”, relativizados hasta ser reducidos a una simple diferencia de opinión y supeditando a esto sí debemos o no ser autónomas y libres para decidir sobre nuestros cuerpos y proyectos de vida.

A las mujeres que están sufriendo violencia y que por la falta de autonomía económica no pueden abandonar a sus agresores porque eso significa quedar en la calle, muchas veces priorizando el tener un techo, no para ustedes, sino para sus hijos e hijas, aunque eso implique arriesgar su vida y su integridad.

A las mujeres a quienes nos han dicho tantas veces que ya lo hemos conseguido todo, que podemos estudiar, trabajar y votar, mientras se mantienen las leyes discriminatorias, la violencia física y simbólica, la desigualdad de género.

Nos prometieron igualdad y libertad, pero  sabemos que para nosotras siempre ha sido en la medida de lo posible, de lo que estén dispuestos a otorgarnos ellos: los patriarcas administradores del modelo. A las mujeres nunca nos han regalado nada, todo lo hemos logrado con lucha, rebeldía, organización, sacrificio, cuestionando el orden de lo establecido, incomodando al resto con nuestra fuerza indómita.

Nos trataron siempre como una minoría, cuando somos más de la mitad de la población.

Nos dijeron “no eran 30 pesos, eran 30 años”… pero esa es una verdad a medias, porque para las mujeres en Chile han sido 200 años de historia constitucional de exclusión, discriminación y dominación.

Este país necesita más que nunca del feminismo.

Impulsaremos una justicia feminista, porque en este país para el sistema judicial es más grave que alguien robe un auto o golpee un torniquete del metro, que la violación a una mujer. Sin feminismo, difícilmente se logra entender que la falta de consentimiento es suficiente para configurar una agresión sexual y que nada, absolutamente nada, lo justifica. Sin feminismo, el sistema seguirá castigando a las mujeres que han guardado silencio por miedo a las represalias, al reproche moral o a que simplemente no les crean.

Para que nunca más las mujeres que buscan justicia deban sufrir el descrédito, la humillación, el abandono y falta de respuesta oportuna por parte del sistema judicial, sumada a la impunidad de su agresor.

Lo haremos por aquellas que no pueden escuchar estas palabras porque ya no están: Por las niñas y mujeres víctimas de femicidio y mujeres disidentes sexuales víctimas de crímenes de odio, y por quienes en la desesperación ante la injusticia y el agotamiento de sufrir violencia pusieron fin a su vida. Por quienes murieron en abortos clandestinos, por aquellas que murieron defendiendo su territorio de la devastación medioambiental del gran empresariado, y por aquellas que en dictadura fueron asesinadas por defender la democracia, la vida, sus ideales y sueños.

Necesitamos una educación no sexista, se lo debemos a las niñas de nuestro país. A quienes se les dice que no pueden jugar a la pelota, que no deben gritar ni reir fuerte, que su horizonte es casarse y ser madres, a quienes se les fomentan los conocimientos humanistas y artísticos y no los científicos y matemáticos. A esas niñas a las que se les dice que “ser niñita” es ser menos, como una forma de despreciar y burlarse de otros. A las que tantos adultos no les creyeron que eran víctimas de abuso sexual, por cerrar los ojos a la cruda realidad que sucede en miles de hogares en Chile. A quienes sufren bullying por su identidad de género o su orientación sexual y sienten que en esta sociedad no hay lugar para ellos y ellas. A los niños a quienes se les enseña que los hombres no lloran, que no pueden tener muñecas, que para validarse ante sus pares debe denostar y agredir a los demás y sexualizar a sus compañeras, cueste lo que cueste.

Lucharemos por un Estado cuidador. Porque en esta nueva era no habrá niñas que crezcan para ver sus sueños desvanecerse por el simple hecho de ser mujeres.  Vamos a superar este sistema profundamente desigual, por uno que no las castigue por ser madres, que les pagará igual que a sus pares varones por el mismo trabajo realizado. Queremos dejarles una Constitución que reconozca las labores de cuidado y del hogar como lo que son: UN TRABAJO y no tareas que se realizan por “amor” de las cuales las mujeres nunca se jubilan.

Estamos acá construyendo un mejor futuro, porque queremos una sociedad de verdaderos iguales. Por una igualdad sustantiva que cambie las condiciones materiales en las que vivimos, porque nuestro objetivo es dejar de ser el colectivo más precarizado y empobrecido de la sociedad.

Por eso, compañeras, hoy más que nunca debemos seguir viendo lo que los demás no ven, y denunciar cada vez que nuestras demandas estén siendo dejadas al margen como un problema de segunda categoría. Como si la paridad fuese un tema de números y porcentajes y no un asunto de fondo que da respuesta a uno de los tantos vicios de la democracia liberal: la sobrerrepresentación masculina y la exclusión de las mujeres de los espacios de poder.

El feminismo nos enseñó que no se puede desmantelar la casa con las herramientas del amo, y para derribar la Constitución del 80 hoy contamos con la herramienta que siempre ha estado fuera de la política y que lo cambiará todo: NOSOTRAS. Hoy ES POSIBLE hacer política juntas, una política transparente, por y para los pueblos, que redistribuya el poder y la riqueza, que ponga al centro la justicia social para acabar con la precarización de la vida, que sea diversa y cuidadora, no depredadora.

La nueva Constitución trazará ese horizonte democrático, y será nuestra herramienta para superar el modelo patriarcal y neoliberal. Porque el feminismo supone la emancipación humana, para liberar a hombres y mujeres de un sistema que ahoga, oprime y explota.

A las niñas que crecen bajo el sol abrasador del norte, entre valles, archipiélagos o resistiendo el viento del sur, por muy lejos que se sientan, les digo: Ahora que sí nos ven, ustedes como nosotras, serán protagonistas de su propia historia. No dejen nunca que las silencien ante la injusticia, griten con todas sus fuerzas, pataleen, que no las detengan, únanse, manténganse unidas y empujen con fuerza su destino. Nosotras, desde esta constituyente, nos comprometemos a construir el camino para su libertad, independencia y autonomía, para que vivan sus derechos y que sus vidas sean plenas. El compromiso es escribir la Constitución para una sociedad donde sus sueños sean posibles, ¡nunca más sin nosotras!

 

 

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