NOTAS DEL REPORTEO. La prosa de la violencia y el orden

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Viene desde el mundo conservador y tiene tres objetivos conyunturales gruesos: presionar/emplazar a candidatos presidenciales, echar abajo el proyecto de indulto para presas/presos de la revuelta social y dar un giro en la agenda-país donde el énfasis esté en el tono discursivo de José Antonio Kast y Sebastián Sichel. Incluye expandir una cortina de humo sobre la movilización/expresión ciudadana que en términos cuantitativos/cualitativos superó episodios de vandalismo. El desafío político/comunicacional de la oposición es apartarse del pauteo del oficialismo y la línea editorial de medios conservadores.

1.- Desde el inicio de semana, el mundo conservador instaló una línea discursiva destinada a llevar la agenda-país a los factores del orden y la violencia. Una prosa comunicacional con la finalidad política que en la coyuntura presenta tres objetivos gruesos: presionar/emplazar a candidatos presidenciales (sobre todo Gabriel Boric de Apruebo Dignidad), echar abajo el proyecto de indulto para presas/presos de la revuelta social de 2019 y dar un giro en la pauta donde el énfasis esté en el tono discursivo de José Antonio Kast y Sebastián Sichel, candidatos de la ultraderecha y la derecha, respectivamente.

2.- El origen radicó en los hechos de la noche del 18 y la madrugada del 19 de octubre recién pasado, en el marco del segundo aniversario de la revuelta social de 2019. De acuerdo a antecedentes y datos oficiales y extraoficiales, hubo movilizaciones ciudadanas en más de 150 comunas de las 16 regiones del país; decenas de miles de personas participaron en diversidad de actividades que fueron pacíficas y participativas; hubo cientos de perfomance, acciones culturales, marchas, encuentros, actividades en espacios públicos y de organizaciones sociales. En contraste, hubo una treintena de actos vandálicos en algunas regiones (concentrados en la Región Metropolitana), una decena de ataques incendiarios, las recurrentes barricadas, agresiones a algunas comisarías y los enfrentamientos de manifestantes con Carabineros donde siempre el gran número de heridos corresponde a uniformados.

3.- De acuerdo a esos registros, objetivamente, ningún relato podría sostener que lo que marcó aquella jornada del 18/19 de octubre pasado estuvo dominada por la violencia. Estuvo marcada por una extendida y masiva movilización ciudadana pacífica. Sin embargo, el epígrafe del titular principal de El Mercurio indicó: “Vandalismo marcó los dos años del 18/O”.  Y destacó una “cuña” salida desde el Gobierno: “Este nivel de violencia no es tolerable en una sociedad democrática”. En la mayoría de la prensa que hegemoniza el sistema medial chileno con una línea editorial unidireccional, se quiso instalar esa idea/percepción. El protagonismo en la violencia y ante ella, la pauta del orden. Lo que tácitamente incluyó expandir una cortina de humo sobre la movilización/expresión ciudadana que en términos cuantitativos/cualitativos superó episodios de vandalismo.

4.- El agregado contingente de esa construcción discursiva/mediática conservadora, anclada en la derecha orgánica, el Gobierno de Sebastián Piñera, en los medios afines a esos sectores, fue responsabilizar de los episodios violentos a dos candidaturas presidenciales de la oposición (Gabriel Boric y Yasna Provoste). En ello cumplieron un rol de punta de lanza el ministro y el subsecretario de Interior, metiéndose de lleno en una disputa con candidatos presidenciales, que no es otra cosa que participar, desde el Gobierno, en la campaña electoral. Por eso la oposición acusó “intervencionismo electoral” y habrá que ver lo que diga la Contraloría General. Al mismo tiempo, potenciando el tono virulento y apasionado, se sostuvo que con esto había que rechazar el proyecto de ley de indulto a presa y presos de la revuelta social de 2019, y que no hacerlo implicaría justificar “la impunidad” ante hechos de violencia. En esa línea sintonizaron Kast y Sichel, y le permitió a este último, en medio de la fatiga y caída de su candidatura (de acuerdo a encuestas y análisis desde todos los sectores), encontrar un vértice en su campaña que lo saque de un pantano en que se metió por varios episodios negativos de las últimas semanas, al punto que montó una presentación mediática en los entornos de la Plaza Dignidad, simulando un recorrido por un campo de batalla.  De ahí que voceros de la oposición, entre ellos Boric, plantearon que se está frente a “un aprovechamiento político del Gobierno” de los sucesos ocurridos la noche del lunes y madrugada del martes. Claro que desde varios sectores se insistió en que los responsables de la seguridad pública y las medidas/acciones en contingencias como las de inicio de semana, con las autoridades de Gobierno, en particular Interior y el alto mando de Carabineros; no los candidatos a la presidencia.

5.- En estos días la opinión pública pudo escuchar y observar las respuestas de personeros de la oposición, incluidos Boric y Provoste, respecto a esta ofensiva político/comunicacional del Gobierno, la derecha y sus medios. Respuestas esperables porque había que precisar/ubicar los ejes temáticos y las posiciones establecidas desde el Gobierno y el oficialismo. El asunto es que comunicacionalmente, la oposición está ante el peligro de que el oficialismo y la línea editorial de los medios conservadores logre modificarle la agenda y los pautee. Por eso, quizá, el mayor desafío de esta contingencia es disminuir el impacto de la ofensiva conservadora y reposicionar la agenda social, ciudadana y de transformaciones (otra etapa en que se comprueba el error de haber descuidado/descuidar a los medios alternativos y populares). Meter a Boric y Provoste en la agenda de la violencia y el orden podría tener impactos negativos. No es menor la insistencia de medios de prensa tradicionales en cuanto a que, supuestamente, el tema de la violencia y el vandalismo se tomó la carrera presidencial.

6.- Hay palabras que hoy se usan poco en las lides comunicacionales, pero lo que está ocurriendo en estos días es una expresión de posiciones ideológicas y de diseños comunicacionales, como lo han señalado expertos como Ignacio Ramonet y Carlos Fazio, basados en el miedo social, el terrorismo mediático, la instalación de percepciones y noticias falsas, las falacias informativas y la sensación de caos e inseguridad, para impactar en la opinión pública y generar estados de ánimo y figuras de realidad. Se está ante la paradoja de que quienes manifiestan preocupación por la violencia y la intolerancia, son los que instalan un tono discursivo del miedo, el temor, la falacia, con violencia verbal y agresividad discursiva. El contrapunto es que no pocos analistas, comunicadores, sociólogos y cientistas políticos, plantean que la opinión pública y amplios sectores de la sociedad, a estas alturas, no son tan vulnerables a esos diseños y se imponen pensamientos propios sobre los acontecimientos, se recurren a fuentes informativas alternativas, sobre todo cuando está afectada la credibilidad de quienes emiten líneas comunicacionales, como es el caso del Gobierno de Piñera y las autoridades de Interior. Como sea, en estos días se abrió otro espacio/contenido en la agenda político/comunicacional y en la carrera presidencial y habrá que ver cómo lo administra la oposición.

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