EL EDITORIAL. 18/O. La soberanía popular sobre la mesa

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La sociedad chilena se estremeció y las hegemonías de poder se remecieron. Se quebró el programa conservador y neoliberal. Emergió con fuerza social y potencia popular la alternativa de transformaciones. La disputa de proyecto-país alcanzó una intensidad inmensa, como imprevista para muchos.

“El Siglo”. El Editorial. Santiago. 17/09/2021. La revuelta social de octubre de 2019 marcó el inicio de un nuevo y trascendental período en la historia de Chile. Expresó varias realidades, fenómenos y procesos. Dos principales: el agotamiento del modelo institucional y económico autoritario y neoliberal, y la necesidad de profundas transformaciones estructurales que consideraran, en efecto, un nuevo marco constitucional y otro modelo de desarrollo.

La revuelta, que en rigor se inició las primeras semanas con la protesta de las y los estudiantes secundarios en contra del alza del pasaje del Metro, y que alcanzó un punto culminante el 18 de octubre prologándose la movilización social y ciudadana por el resto del año, fue heterogénea, multifacética, diversa, con rasgos de espontaneidad, convocadora y extendida.

A dos años de aquel suceso, la prensa conservadora, el Gobierno, la derecha orgánica y económica, y sectores recalcitrantes del país, ponen el acento en la violencia, situaciones de vandalismo, en la protesta más radicalizada, pretendiendo esconder el fondo del proceso vivido, las naturales reacciones de la ciudadanía (sobre todo los sectores más pobres y desprotegidos), la crisis institucional de fondo, la expresión social, las sistemáticas y masivas violaciones a los derechos humanos y el rechazo a un modelo excluyente, desigual, abusivo e injusto.

Lo concreto es que la sociedad chilena se estremeció y las hegemonías de poder se remecieron. Se quebró el programa conservador y neoliberal. Emergió con fuerza social y potencia popular la alternativa de transformaciones. La disputa de proyecto-país alcanzó una intensidad inmensa, como imprevista para muchos, empezando para sectores políticos formales.

Es así que se hicieron más evidentes y tangibles demandas como una nueva Constitución, terminar con el sistema privado y monopólico de pensiones, reformar a fondo el sistema de salud y educación privados, avanzar en garantizar vivienda a la población, trabajar para que los recursos naturales estratégicos estén en manos de las y los chilenos, consagrar derechos de los pueblos originarios, establecer derechos de las mujeres y los jóvenes terminando con el patriarcado y la discriminación, garantizar el respeto a los derechos humanos y civiles, fortalecer derechos sindicales y de las y los trabajadores, entre muchas otras.

Una situación excepcional fue establecer, desde el movimiento social y ciudadano, avanzar en el proceso constituyente y en una nueva Constitución, algo que los sectores conservadores habían querido enterrar y que renació al punto que hoy ese es un objetivo en marcha irreversible.

Se podría decir que dentro las complejidades, atrasos y tensiones propias de procesos profundos, la soberanía popular está sobre la mesa. Todos los hitos políticos y sociales de los dos años recientes, fueron producto de las luchas sociales y populares.

Sin embargo, si bien la revuelta social de 2019 pudo ser un inicio, no ha sido el final.

Fuerzas reaccionarias, conservadoras, fácticas, de la derecha, del mundo financiero y empresarial, de sectores policiales y militares, hacen todo por desacreditar, acotar y finalmente derrotar el proceso popular y transformador iniciado en octubre de 2019. A eso hay que agregar posiciones vacilantes, confusas, centristas, retardadoras y finalmente sistémicas que no aportan a la profundización e intensidad del proceso que se vive.

En definitiva, tal como se demostró hace dos años, una vez más la historia demostró que la organización, movilización, conciencia y voluntad del pueblo son la materia prima ineludible para que en Chile avancen la justicia social, la equidad económica y la verdadera democracia participativa.

Por ello, a dos años de la revuelta social, hay que insistir en la necesidad de que el conjunto del pueblo siga movilizado, activo, organizado, participando, manifestándose, reclamando sus derechos y protestando ante las injusticias.

 

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