El derecho al trabajo y la migración haitiana

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Lo que ocurre en la frontera sur de los Estados Unidos es una manifestación de una conducta implacable y permanente del capital, que en los siglos XVI y siguientes recurrió al genocidio de los pueblos de ambos continentes y que hoy vuelve a utilizar conductas racistas y discriminatorias, levantando murallas, alambradas, campos de concentración y cárceles por doquier.

Pedro Aravena Rivera. Abogado. 28/09/2021. En estos últimos días hemos observado con indignación el trato inhumano y vejatorio con que el Estado Norteamericano ha negado el ingreso a ese país de miles de inmigrantes, principalmente de nacionalidad haitiana, dejándolos abandonados a suerte en una zona inhóspita y desprovistos de los medios de subsistencia más indispensables, lo que ha culminado con una nueva demostración de la bestialidad de su policía, que desde sus cabalgaduras, como en tiempo de la esclavitud sureña de aquel país,  han embestido a latigazos en contra de mujeres y niños.

Esas familias descienden de los cientos de miles de pueblos originarios de África, que fueron raptados brutalmente en territorios de aquél continente por partidas de bandidos para ser comercializados con los traficantes ingleses y holandeses, principalmente. Así, se estableció una verdadera industria de compra y venta de carne humana, que permitió el enriquecimiento de muchos emperifollados nobles europeos, satisfaciendo de esta forma las ingentes necesidades de fuerza de trabajo de un capitalismo en ciernes, que requeriría, de modo urgente, de mano obra de bajo costo que no cobrase salario, es decir, de esclavos, para sus plantaciones de caña de azúcar, algodón y otros cultivos en nuestra América, con los que destruyeron la fertilidad de nuestros suelos, provocando las primeras crisis ecológicas, como lo describiese el recordado ensayista uruguayo Eduardo Galeano.

Siglos atrás sustrajeron masivamente a habitantes de las naciones africanas, a quienes se les denominó salvajes, pese que no invadían otras naciones ni sojuzgaban a otros pueblos, como lo hacían sus civilizadores cristianos occidentales. No conocían la dominación económica y mayormente vivían en condiciones de una economía natural y comunitaria, fueron víctimas de una violencia que hoy se oculta y minimiza, se les trasplantó, en condiciones inhumanas, a vivir bajo un régimen de sobreexplotación en que incluso perdieron  el control de sus propios cuerpos y, ahora, en cambio, se los rechaza en condiciones de total deshumanización.

Contradicción aparente, pero que, en lo esencial, no es tal, pues es el mismo sistema capitalista para el cual no existen derechos humanos, ni ninguna otra consideración que se le parezca, si eso afecta la tasa de ganancia, no hay contradicción es la misma lógica del capitalismo, que en esa época no trepidó en recurrir a relaciones de dominación precapitalista, como la esclavitud.

La única diferencia histórica reside en que el esclavismo colonial fue implementado en provechó de un capitalismo emergente y triunfante sobre las relaciones feudales de servidumbre, y, en la actualidad, el padecimiento de la migración haitiana es una manifestación de las profundas contradicciones que derivan de una desigual distribución del internacional del trabajo, que desgasta a ese sistema.

Lo que ocurre en la frontera sur de los Estados Unidos es una manifestación de una conducta implacable y permanente del capital, que en los siglos XVI y siguientes recurrió al genocidio de los pueblos de ambos continentes y que hoy vuelve a utilizar conductas racistas y discriminatorias, levantando murallas, alambradas, campos de concentración y cárceles por doquier. Aquellos migrantes que logren sobrepasar esas barreras deberán superar la persecución de policías embebidas de racismo, el ataque de bandas neonazis o podrán ser víctimas de la economía criminal del narcotráfico y la trata de blancas, cuyas utilidades también irán a los circuitos financieros transnacionales.

La migración es una manifestación actual y de este siglo XXI por el derecho al trabajo y por consiguiente es una lucha de la clase trabajadora bajo las formas que adquiere hoy en día la contienda de clases, allí se está gestando una parte del proletariado de las próximas décadas, y una de las nuevas formas que adoptará la confrontación contra el capital en su expresión transnacional y financierizada actual, sobrepasando su localización tradicional e  involucrando a masas trabajadoras plurinacionales y a una multiplicidad de estados nacionales, como viene ocurriendo en Europa, ya hace varios años.

Dicho cuadro no solo cuestiona a los gobiernos y a la organizaciones internacionales, al interrogar a los propios movimientos sindicales de las naciones hacia las que convergen las masivas movimientos de esa población laboral migrante, cuestionando visiones que tienden a separar dichas realidades, como si se tratase de mundos diferentes, ignorando que el capital los unifica para extraer de todos la máxima ganancia posible y que en función de ello no respetará estatus ni privilegios, cuando le resulte rentable.

En torno al rio Grande que separa México de Norteamérica, entre las alambradas instaladas apresuradamente en Grecia y otros países del sur de Europa, se agolpan millares de trabajadoras y trabajadores provenientes de muy diferentes naciones, cuyas banderas comunes caracterizarán sustancialmente la lucha de clases de los próximos decenios.

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