Abimael Guzmán y el senderismo

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Lo que de verdad ocurrió dentro del PC. Luego, Abimael considerado “La Cuarta Espada” de la Revolución Mundial. Ya en los años 80, Sendero Luminoso dio rienda suelta a sus “actividades armadas”. Se inició “el periodo de la violencia”, que dejó una estela de destrucción, sangre y muerte en buena parte del territorio nacional. Entraron a tallar los medios de comunicación y ciertos servicios no definidos, que buscaron “levantar” la imagen de una inmensa estructura terrorista capaz de realizar las más grandes acciones. A fines de 1990, lo servicios de Inteligencia “ubicaron” a Guzmán en una lujosa casa, y programaron detenerlo. “Comunicaron a la superioridad” dicho operativo. A pocas horas de efectuarse, un sobre se deslizó bajo la puerta de la vivienda, y en él, una nota le advertía, para que se pusiera a buen recaudo…

Gustavo Espinoza M. Periodista. Lima. 20/09/2021. El deceso de Abimael Guzmán Reinoso, acaecido en las primeras horas de la mañana del  sábado 11 de septiembre, ha traído diversas reacciones.  Unos, han utilizado del hecho para denigrar  y desmerecer  la causa del socialismo en el Perú. Otros, han buscado embellecer la imagen del difunto presentándolo como un revolucionario de primer nivel, que arribó al último día de su vida después de un largo periodo de privaciones y de cautiverio. Y ha habido quienes han considerado necesario recordar el hilo de sangre que recorrió el país desde 1980, cuando en mayo de ese año se  produjo lo que popularmente se conoce como el ILA,  es decir, el inicio de la lucha armada”.

En su etapa inicial

En este marco, supuestos “comunistas italianos”, han exaltado la figura de Guzmán como si se tratara de un destacado marxista leninista. En otros países, algunos pequeños grupos de “izquierdistas” extraviados, han repetido la misma conducta. Corresponde entonces a los comunistas peruanos, abordar el tema con claridad para no dar lugar a valoraciones falsas, ni a dolorosos errores.

Abimael Guzmán, contrariamente a lo que aseguran sus seguidores, no respondió a lo que de él, cuenta la leyenda. No fue un comunista, y tampoco, un revolucionario. No luchó en vida, ni cayó combatiendo. Aunque privado de su libertad. No fue víctima de las torturas, ni murió “en su ley”. Falleció en su cama, y casi sin darse cuenta, en la madrugada de un día en el que se evocaría un nuevo aniversario de su captura.

Lo primero que hay que recordar es que estudió Derecho en la Universidad San Agustín de Arequipa, a fines de los años 40 del siglo pasado. Cuando en junio de 1950 se produjo la insurrección popular contra la dictadura de Odría en esa ciudad, Abimael ya era estudiante de Filosofía, pero no tuvo participación alguna en ese hecho. No obstante que años más tarde aseguró que en ese entonces ya se había iniciado en la lucha revolucionaria y en particular en la actividad comunista, lo real es que no tuvo la menor presencia en esos acontecimientos, en los que los comunistas -veteranos y jóvenes- tomaron las armas y consagraron un efímero Poder Revolucionario -la Junta Patriótica de Francisco Mostajo- hasta caer derrotados tres días después luego de una resistencia heroica.

Fue después de estos acontecimientos que ignoró por completo en su juvenil existencia, que Abimael viajó a Ayacucho, donde sí, realmente, se incorporó a las filas del Partido Comunista, a la sombra del camarada La Torre, quien fuera varios años responsable del Comité Regional del PCP en la ciudad de Huamanga. Allí contrajo nupcias con Augusta, su hija, y logro alcanzar el puesto de Secretario de Organización del CR local desenvolviendo sus actividades preferencialmente en el campo académico.

En ese periodo -octubre de 1963- tuvo lugar en Ayacucho el  IX Congreso de la Federación de Estudiantes del Perú. Fue en esa circunstancia que conocí a Abimael Guzmán, quien en ese entonces trabajaba bajo el seudónimo partidario de “Álvaro”. En la coyuntura, el PCP -agobiado por la crisis que poco después generaría su ruptura- estaba virtualmente paralizado, y no estuvo siquiera en la posibilidad de enviar a un miembro de su dirección para  orientar a los estudiantes comunistas en ese certamen. El hecho fue aprovechado precisamente por Guzmán quien convenció a La Torre para presentarse ambos -en su condición  de miembros del Comité Central de entonces- como los “voceros” del Partido ante la fracción de camaradas que allí concurrimos.

Dos ostentosos fracasos registró Guzmán en esa incursión en predios estudiantiles. Su “propuesta” de lo que debía ser la “línea general”  de los comunistas en el evento, fue abrumadoramente  rechazada, no obstante que por lo menos el 90% de los que lo escucharon,  ya se consideraban “maoístas”. El esquema de la lucha “clase contra clase”, vigente en los años 20 para otras latitudes y escenarios; no encajó para nada en lo que debía ser la actividad de los comunistas en la Universidad peruana del periodo. Eso quedó absolutamente definido en el debate y la “tesis” de Abimael alcanzó apenas 4 o 5 votos de un total de 90 concurrentes.

Su segunda derrota, no menos espectacular, aconteció en la víspera del fin del evento, cuando debía definirse la propuesta de los comunistas para la integración de la directiva de  la FEP a ser ungida en el certamen. “Álvaro” se empeñó a fondo por convencer a todos que  bajo ninguna circunstancia, un “revisionista pro soviético” podía ser elegido Presidente de la FEP. Lugo de la discusión, fue aprobada unánimemente mi candidatura y al día siguiente fui electo Presidente de la FEP.

La construcción de una leyenda

Producida la ruptura con el maoísmo, en enero de 1964, Abimael quedó con Saturnino Paredes y José Sotomayor “en la otra orilla”, pero pronto entró en crisis esa tendencia. Sotomayor retornó al PC, en tanto que Abimael rompió con Saturnino, e hizo “tienda aparte”. Desde su pequeño núcleo ayacuchano desautorizado por los comunistas locales “Álvaro”  pasaría luego a tomar como “su referente” a la tristemente célebre “banda de los 4” que consumara diversos estropicios en China y fuera echada del poder no sin antes instalar en Camboya al siniestro régimen de Pol Pot y Iean Sari, incompatible con la concepción humana del socialismo.

Estando en China, y bajo la influencia de esa perniciosa pandilla expulsada del poder a la muerte de Mao, Abimael trazó su “línea propia”. Y para diferenciarse de la “oficial” liderada por Paredes, decidió concluir sus documentos con una suerte de frase cabalística: “por el sendero luminoso de José Carlos Mariátegui”.

 A partir de allí fue captado por quienes afincaron la idea de caotizar al comunismo peruano presentándolo como quebrado, y dividido en varios “partidos”. Fue por eso que pronto, el pequeño núcleo de Abimael fue designado como “Partido Comunista-Sendero Luminoso”, para diferenciarlo del Partido Comunista “Bandera Roja” de Paredes y del Partido Comunista de José Sotomayor que luego se disolvió. Para completar la torta entonces, los disidentes de Paredes formaron en 1969 “Patria Roja” y a partir de allí -para considerarlo “una facción más”- bautizaron al Partido Comunista Peruano como “PC-Unidad”. De ese modo ante los ojos de nuestros compatriotas, los comunistas dejamos de tener un Partido, y nos convertimos en 5 facciones más o menos disolventes. Generar “diversas variantes” del Partido Comunista, fue un juego del enemigo.

Pero esa era una crisis orgánica, que debía ser convertida rápidamente en crisis política, para que tuviese efecto. Comenzó entonces el trabajo orientado a afirmar a SL, como “el” Partido Comunista con liderazgo definido, y línea propia. Y a fin de afirmarlo en ese derrotero, lo perfiló como “el” marxista-leninista-maoísta a carta cabal.

¿Fue mérito propio esta “conquista”, o fue más bien la CIA la que jugó un papel decisivo en la materia? Se podría decir, como en muchos casos, que uno y otra, tuvieron que ver en el tema. Un libro interesante escrito por Washington Huaraccha  Apaza, y publicado bajo el seudónimo de Andreo Matias, asegura que SL fue simplemente creación de los servicios secretos de los Estados Unidos. Esa versión fue recogida por Héctor Béjar, y generó la protesta de los portavoces más caracterizados de la reacción peruana.

Probablemente la tesis luzca exagerada. Sendero existió como una especie de pequeña célula terrorista en Ayacucho. Y sí, fue alentada, promovida y sobre todo publicitada y nutrida políticamente desde el exterior. La mano de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos -la CIA- bien pudo haber tenido aquí un papel definido.

En la década de los 70, la actividad principal de SL, esta pequeña estructura, estuvo orientada a minar a la CGTP. Volantes, afiches, periódicos y otras modalidades de prensa, fueron usadas para atacar a la Central Obrera, a la que lanzaron todos los epítetos: vende obreros, reformista, colaboracionista, entreguista, velasquista, y todo lo que se les ocurrió a los mentores de esa prédica. En lo personal yo recibí hasta 7 amenazas de muerte -algunas de las que conservo- en cartas y otros documentos. Pero nunca tuvo predicamento alguno en el movimiento obrero. Tan solo fue cajita de resonancia destinada a amplificar las injurias que la derecha más reaccionaria -y otros grupos de la ultraizquierda- destilaban contra nosotros.

En enero de 1979 se produjo un Paro Nacional de tres días decretado por la CGTP, y previsto para los días 9, 10 y 11 de ese mes. El 3 de enero fui detenido como el primero de los que estaban en la lista de los servicios policiales. A partir de esa anoche, fueron cayendo luego otros activistas políticos y dirigentes sindicales. Posteriormente fue detenido Alfonso Barrantes y también Abimael Guzmán. Quiso la circunstancia que por decisión de las autoridades, finalmente Alfonso, yo y Abimael quedáramos recluidos en la misma habitación, que compartimos hasta que Abimael fuera liberado por gestión de tres vice almirantes -lo acredita Gustavo Gorriti- porque declaró ante la policía que él nada tenía que ver con la CGTP y ese “paro revisionista”. Por si fuera poco, añadió que “él no preparaba paros sindicales, sino la lucha armada”. Inmediatamente después, fue liberado.

El mito en acción

Cuando el mito se puso en marcha, apareció la leyenda. Abimael fue considerado “La Cuarta Espada” de la Revolución Mundial. Después de Marx, Lenin, y luego Mao; y claro, el cuarto, Abimael. Como los tres primeros ya habían fallecido, Abimael quedaba como el único, la verdadera Primera Espada, el líder de la Revolución Mundial. Esto se dijo, y se repitió hasta el hartazgo, quedando confirmado aquello que había visualizado Aníbal Ponce. Alentando la vanidad, nunca dormida, la burguesía puede usar en beneficio de su causa a muchos presuntos, y aún proclamados, revolucionarios. En el caso, alentar esos rasgos en el líder senderista, fue altamente provechoso para los objetivos propuestos, y que poco a poco se fueran afirmando.

 Ya en los años 80, SL dio rienda suelta a sus “actividades armadas”, como lo propagandizó luego de los sucesos de Chuschi. Con su prédica y  acciones,  se inició “el periodo de la violencia”, que dejó una estela de destrucción, sangre y muerte en buena parte del territorio nacional, y que se prolongó hasta la detención de Abimael, en septiembre de 1992.

Aquí entraron a tallar los medios de comunicación y ciertos servicios no definidos, que buscaron “levantar” la imagen de una inmensa estructura terrorista capaz de realizar las más grandes acciones: voladuras de torres de alta tensión, petardos de dinamita, explosión de coches-bomba, asesinatos selectivos, enfrentamientos bélicos, masacres campesinas y hasta paros armados en distintas ciudades; fueron el “pan del día” en esos años que hoy parecen simplemente pesadillas para muchísimos peruanos. En el extremo, la “huestes” Senderistas lograron “convertir los penales en Escuelas de Preparación Armada”, como se dijo, organizando verdaderos “desfiles” con banderas y carteles, para horror de quienes creyeron ver allí la “antesala del socialismo”

Lo que cabe preguntarse es si esa pequeña “estructura terrorista” fue realmente capaz de impulsar todas esas acciones que, según la prensa oficial llegó a alcanzar “el equilibrio estratégico” y que hasta “estuvo  a punto de tomar el poder”. Hoy hay quienes, en el extremo de la fábula, aseguran que en esos años, Lima estuvo “sitiada” y que el acceso a ella solo se podía lograr por mar. Tamaños brulotes podrían impactar a despistados izquierdistas irlandeses, pero ningún peruano en su sano juicio, los asumiría.

Más allá de la propaganda de uno u otro signo, hay que analizar las cosas tal como ocurrieron: Como las acciones iniciales de SL se situaron en Ayacucho, las primera “operaciones” tuvieron en la sierra central del país. Se trató, en primera instancia, de presuntos “enfrentamientos armados” entre efectivos policiales o militares, contra supuestas “columnas senderistas” que se desplazaban por los andes. Para dar consistencia a la versión, se habló entonces de un Ejército Popular Senderista, en acción.

Lo primero que ocurrió, fueron los llamados “enfrentamientos armados” en las poblaciones rurales. La versión oficial habló siempre de “acciones subversivas”. Y la explicación de ellas, daba cuenta de “columnas senderistas” que sostenían combates con “efectivos policiales o militares”. A lo largo del tiempo, el país supo de diversos nombres: Soccos, Pucayacu, Accomarca, Llollapampa, Umaro, Santa Rosa, Huancapi, Pomatambo, Parcco Alto, Pucca, Cayara y muchos más. Cuando cada uno de esos casos fue investigado, desde las primeras evidencias, asomó una verdad diferente: no hubo tales “enfrentamientos”, ni “columnas senderistas”. Ni siquiera “choques armados”. Lo que se registró en cada lugar fue la incursión de efectivos policiales o militares en las aldeas en busca de “presuntos subversivos”.

Las unidades armadas que ejecutaban esas acciones consumaban diversas tropelías: quemaban las aldeas, saqueaban las viviendas, golpeaban a la gente, violaban a las mujeres, mataban a los pobladores. Y luego reportaban esos “enfrentamientos” en los que -supuestamente- habían “derrotado” a una “columna senderista”. Eso lo repetía hasta el cansancio la Prensa Grande, lo acogían las autoridades capitalinas que hablaban a la par, de la “insania terrorista” y de la necesidad de “recompensar a esos “valerosos uniformados que defendían la Patria y la democracia”.

Las indagaciones mostraban casos de tortura, ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada de personas, habilitación de centros clandestinos de reclusión y, naturalmente, privaciones ilegales de la libertad. Pronto asomaron denuncias, investigaciones, testimonios y otros que aún se ventilan en tribunales ordinarios en nuestro tiempo. Tomó forma entonces la actividad de Álvaro Artaza, el Comandante Camión”; las correrías de  Thelmo Hurtado  y las siniestras “Brigadas Lince”; las retenciones en el Estadio de Huanta, la desaparición de Jaime Ayala; las tumbas clandestinas en el Cuartel “Los Cabitos”, “La Casa Rosada”, en los alrededores del aeropuerto huamanguino. Nada de eso fue un invento. Todo eso quedó confirmado.

La farsa al descubierto

Pero la leyenda continuó, y así una buena parte de la ciudadanía creyó, en efecto, en la existencia de una “insurgencia armada”. Y hubo, incluso, quienes, a partir de allí, justificaron las acciones militares, y dijeron luego que en ellas se habían registrado “algunos excesos”. Se refirieron seguramente, a los niños quemados en Llollapampa, a los crímenes consumados en Accomarca, a  los campesinos asesinados a bayonetazos en Cayara, a los periodistas muertos en Uchuraccay.

En el plano oficial la versión de la clase dominante fue la misma, pero el Gobierno de Alan García, a partir de 1985, se empeñó en formalizar las cosas atribuyendo todo a la “actividad subversiva del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso”. Y repitió hasta el cansancio eso del “Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso” para meter en la cabeza de la gente que sí, que SL, era “el Partido Comunista” del Perú; y que era el responsable del terror, las bombas y los crímenes abominables que se denunciaban. En ese lapso, todo lo que de violencia ocurría, se adjudicaba a SL. Y, ciertamente, se engalanaba cada acción con banderas rojas, con la pinta de hoces y martillos, con la música y del canto de La Internacional, para que no quedara duda. El escenario estaba perfectamente diseñado para que nadie dejara de creer en la versión.

Mientras “la guerra popular” se desarrollaba “intensamente en todo el país”,  mientras SL lograba “el equilibrio estratégico” y “cercaba Lima y otras ciudades”, Abimael no estaba al frente de sus tropas. No era como Fidel, en la Sierra Maestra. No. Estaba en Lima, viviendo en zonas residenciales, en distritos “exclusivos” de la capital. En 1983 estuvo en la residencia de su suegro, ubicada en la esquina de las avenidas Pershing y Salaverry y pudo haber sido capturado. ¿Qué ocurrió? Lo revela Gustavo Gorriti en su libro sobre Sendero. El Presidente Belaunde dio la orden que no fuera capturado. Y se lo dijo al ministro correspondiente de entonces, el general Essewagen. Curiosamente, después, uno o los dos hijos de ese militar -también uniformados- terminaron vinculados a SL, y nunca se supo ni cómo, ni por qué.

Se ha asegurado, falsamente, que la izquierda “concilió” con el Senderismo, o que “no deslindó” con él. Para desmentir tal afirmación, bastaría revisar las ediciones de “Unidad”, el Semanario del Partido Comunista Peruano, sobre todo entre 1982 y 1986; pero también la entrevista que sostuviera el Secretario General del Partido, Jorge del Prado, con la revista “Qué hacer”- Allí, dijo: “Considero a Abimael Guzmán y a ‘Sendero Luminoso’ como una verdadera y muy repudiable aberración histórica. No hace falta referirnos a los disparates anacrónicos y fundamentalistas de su pseudoideología, ni a sus deformaciones monstruosas y fraudulentas del marxismo, tampoco a su accionar genocida igualmente monstruoso. Al PCP, el senderismo no sólo lo ha dañado con el asesinato físico de cerca de 20 alcaldes comunistas y líderes sindicales, sino, sobre todo, por haber usurpado flagrantemente el nombre ‘comunista’ y hasta nuestro símbolo, la hoz y el martillo…”

Cuando cayó la careta

Con el Gobierno de Fujimori fue aún más ostensible la cosa. A fines de 1990, lo servicios de Inteligencia de la policía, “ubicaron” a Abimael Guzmán en una lujosa casa situada en la zona residencial de Surco, y programaron detenerlo. Para tal efecto “comunicaron a la superioridad” dicho operativo. A pocas horas de efectuarse éste, un sobre cerrado se deslizó bajo la puerta de la vivienda, y en él, una nota le advertía, para que se pusiera a buen recaudo. Y así ocurrió. Por eso, el último operativo -y el exitoso- no se comunicó a nadie, ni a la superioridad. Entonces, Fujimori fue pillado pescando en un lago de la selva, y su asesor de Inteligencia en una recepción en la residencia británica en Lima.

Después de la captura de Guzmán, cesaron como por arte de magia las acciones terroristas. Se afirmó entonces otra leyenda: Fujimori había “derrotado al terrorismo y pacificado al país”. En verdad, los que estaban haciendo acciones terroristas -fueran senderistas o no- dejaron de hacerlas. Y es que ellas ya no eran necesarias. Al contrario, podrían resultar contraproducentes e incluso desestabilizar al régimen que había logrado “reinsertar al país en el sistema financiero internacional”. Entonces, se paró todo.

Es posible concluir que toda esta “estrategia antisubversiva” no fue sino una guerra  de exterminio contra las  poblaciones originarias y los peruanos más pobres. Por eso el terror se concentró en las aldeas Y por eso, cuando la Comisión  de la Verdad rindió su informe, debió reconocer que el 75% de las víctimas de la violencia, eran indígenas o provenían de poblaciones originarias y eran quechua hablantes. Vivían, por lo demás, en el mundo rural.

Adicionalmente, debió admitir que el Programa de Esterilizaciones forzosas aplicado durante el Gobierno de Fujimori, afectó a 350 mil mujeres en su inmensa mayoría indígenas. Si cada una de estas mujeres hubiese conservado la posibilidad de tener descendencia, hubiese nacido algo más de un millón de niños provenientes de estos segmentos secularmente subyugados y discriminados. ¿Es acaso pequeña esta cifra?

Puede entenderse entonces que lo que realmente hubo en el Perú en este periodo, no fue un “conflicto interno”, ni una “insurgencia popular”. Ni siquiera, un “combate contra la subversión”, ni una “política de pacificación”. Lo que realmente hubo, fue una estrategia de aniquilación y una política de exterminio, contra las poblaciones vulnerables, las más deprimidas.

Un colofón deplorable  

Lo que vino después, fue de opereta. Abimael capituló. Envió “cartas de rendición” al Presidente Fujimori, y “le ofreció la paz”, luego de reconocer su superioridad, y admitir su derrota. Después, se reunió “el Pleno del Comité Central Senderista” en las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional. Y luego le habilitaron una habitación conyugal al líder Senderista y a su esposa, no sin antes celebrar su cumpleaños, con canciones y tortas incluidas. Todo eso, está grabado solo que hoy, se oculta.

¿Algún líder comunista de algún país del mundo, tuvo alguna vez un comportamiento similar? ¿Alguno recibió esos “reconocimientos”  y “presentes” de ese carácter? Recordemos tan solo la prisión de Prestes en los años del Estado Novo brasileño, o la situación de Rodney Arismendi en los tiempos de la dictadura fascista del Uruguay, o el caso del valeroso Luis Corvalán, en Chile cuando Pinochet. Incluso en nuestro país, ¿qué líder comunista asumió un comportamiento como el de Guzmán ante sus captores?  ¿Jorge del Prado, Isidoro Gamarra, Pedro Huilca?, para mencionar algunos.

La discusión y el debate, el deslinde de responsabilidades y el desarrollo de la historia, se encargarán de colocar cada cosa en su lugar. Y todas las leyendas y mitos quedarán donde corresponde. Pero es bueno, al concluir este texto, subrayar que el terrorismo no tiene relación alguna con el marxismo ni con el socialismo; que no es una ideología, sino una práctica concreta; y que no califica, sino descalifica a sus impulsores y aplicadores porque rinde culto al terror, al expontaneismo y al individualismo; y que es, además, incompatible con las más elementales prácticas revolucionarias de los pueblos.

Puede decirse además, que se usó el nombre de Sendero Luminoso y se le adjudicó el carácter de “Partido Comunista” deliberadamente, para denigrar y envilecer la imagen del socialismo; para mimetizar el mensaje socialista con el terror, la muerte y la vulnerabilidad permanente. Para que la gente asocie la bandera roja con la destrucción y la barbarie, y asuma la idea que la Hoz y el Martillo son símbolos envueltos en sangre y muerte. Y para que hasta las siglas del PCP, fueran temidas y rechazadas por la población.

Adicionalmente, para romper el binomio Pueblo-Fuerza Armada, forjado por el proceso de Velasco Alvarado, y que diera consistencia a la Revolución Democrática y Antiimperialista del 68. Se buscó, en efecto, invertir la óptica de las personas, de tal manera que el pueblo viera en los militares una banda de asesinos y corruptos; y que los uniformados asumieran la idea que el pueblo estaba ganado por las “ideas terroristas” ante lo cual sólo cabía una política de exterminio. Colocar un profundo abismo de muerte, entre la Fuerza Armada y el pueblo, para que nunca más se repita la historia.

Y ahora, ¿qué harán los que “levantaron” la figura de Guzmán hasta colocarlo en un sitial casi inalcanzable, reconociéndolo como “la cuarta espada de la Revolución mundial”? Ya no les sirve, ya está muerto. Entonces, qué harán? Lo llenarán de improperios. Le gritarán: “asesino”, “hiena maldita”, “genocida”. Y muchas otras cosas más. Pero lo usarán  otra vez  para decir que fue “el símbolo de comunismo”, que su bandera era “la bandera roja”, que “promovió la lucha de clases”, que “se valió de la violencia”. De ese modo, todos los que de una u otra manera sostienen tales puntos de vista, serán considerados “senderistas”, “pro senderistas” u otras sandeces de corte similar.

En el contexto actual, en nuestro país, se usará como pretexto para desacreditar a un Gobierno progresista y popular, y para vincularlo a la figura inhumana de la barbarie. Responder a esa campaña, es un deber esencial.

(El Siglo es Soberanía Informativa. Información para el Conocimiento. Por ello es generador de contenidos que contribuyen al análisis, el debate, la profundización temática)

 

 

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