La Revolución, el socialismo y el consenso de la juventud cubana hoy

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La juventud, digo que hay que considerar y comprender su evolución y sus diversos
pronunciamientos en este contexto difícil, en medio de estas tensiones
y estas influencias. Una economía que, por las razones que sean, incluido el bloqueo
genocida y ahora el impacto de la pandemia, así como las
insuficiencias y la parálisis internas, no da respuesta suficiente ni
a sus necesidades de empleo, ni a sus necesidades de consumo, ni a sus
necesidades de inclusión.

Julio Carranza. Economista. La Habana. 2021. Dentro de la complejidad de la situación actual está el que es seguramente el asunto más estratégico de todos, las relaciones del
futuro de la revolución y el socialismo con las nuevas generaciones.
Las actuales generaciones de jóvenes en Cuba, diversas y complejas,
como siempre fue la juventud, han crecido en medio de una época
difícil, confusa e incierta. Me refiero fundamentalmente a dos generaciones, las que crecieron en los 90s y las que crecieron en los 2000s.

A partir del año 1989 comienza la caída de los gobiernos socialistas
en Europa Oriental, incluida la Unión Soviética que además se
desintegró en un santiamén. La onda expansiva sobre Cuba no sólo fue
económica, fue también política e ideológica. Las certezas del pasado
quedaron en el aire, la viabilidad del socialismo, su supuesta
superioridad e irreversibilidad quedaron totalmente cuestionadas.

En Cuba la capacidad de la revolución para garantizar el progreso
material de la gente fue revertido con la combinación de la fractura
de las ventajosas relaciones económicas que había con el campo
socialista y con un bloqueo  norteamericano que se fortaleció con
leyes adicionales como la Torricelli y la Helms Burton. La percepción
en aquel momento (ahora lo vuelve e a ser con mayor razón) es que
había llegado el tiempo de ahogar y destruir al gobierno
revolucionario y socialista de Cuba.

Recordemos aquellos largos días, la crisis económica fue enorme, se
decretó un periodo especial, el proceso de desarrollo se paralizó sin
haber sido recuperado todavía, 30 años después (aunque aún así, se
constituyó y avanzó con éxito un sector estratégico como el de la
biotecnología, se amplió la exportación de servicios médicos, etc).
En aquel entonces se tomaron decisiones para tratar de que los
inmensos impactos materiales fueran compartidos de la manera más
equitativa posible, lo cual se logró en los primeros momentos, pero
luego con los inevitables desequilibrios monetarios, el mercado negro
y la inflación emergieron las consecuentes diferencias entre sectores
de la población, también efecto de medidas tomadas para salir de la
crisis.

El acceso o no a divisas (un dólar que llegó a cotizarse a 120 pesos)
comenzó a hacer la diferencia. La necesidad de desarrollar
aceleradamente el turismo (industria del placer) para compensar los
tremendos déficits en la disposición de las imprescindibles divisas,
en medio de una situación social y económica tan difícil, un turismo
de enclaves férreos en aquella época, añadió un fuerte impacto
adicional en las mentes de los adolescentes que entonces crecían.
Observaban que sus padres, que habían vivido una época de igualdades,
donde la épica y la mística eran diferentes, obtener un título
universitario era, además de muy posible, la aspiración suprema para
reforzar la autoestima y el orgullo personal, además de la vía a
condiciones de retribución y bienestar mayores, ahora asumían una vida
de carencias y limitaciones, por calificados y/o buenos trabajadores
que fueran.

En estas condiciones, la calificación y el trabajo en general, el
calificado y el no calificado, eran reconocidos con un salario
desconectado totalmente del posible acceso a bienes materiales (muy
escasos, aunque muy baratos, en el mercado oficial que había quedado
racionado y relativamente abundantes en el mercado negro pero a precios inalcanzables para el trabajador común. Las tiendas en
divisas, ya establecidas entonces, vendían en una moneda diferente y
desproporcionadamente cara).

Conseguir divisas era la vía para acceder al consumo mayor. Esto
desató las más diversas y rocambolescas  formas de obtener estas
monedas, algunas legales y otras muchas ilegales o marginales,
(incluidas diferentes formas de prostitución, fenómeno que había
quedado prácticamente superado durante las primeras décadas de la
revolución), además elevó la importancia de las remesas familiares que
generosamente llegaban del exterior, pero casi ninguna de esas formas
estaban asociadas a la cantidad y la calidad del trabajo. Esto
agravado por las infinitas restricciones para el desarrollo de la
iniciativa individual que colocaba en la ilegalidad a actividades y
personas que no tienen por qué estar en esa franja.

O sea, en una sociedad de trabajadores, donde los resultados de su
trabajo era supuestamente el principal mérito ciudadano, el trabajo
quedaba en la práctica notablemente degradado y con él su
significación moral.

Era frecuente entonces el abandono de los estudios universitarios por
muchos jóvenes buscando otras vías para su bienestar y progreso
(aspiración totalmente auténtica, además de lógica). Las vías apreciadas eran en muchos casos o determinadas actividades marginales o la migración a otras geografías, fundamentalmente al sur de La Florida, el “exilio dorado”, donde habían familiares, amigos y conocidos y donde, como es lógico en un país de ese desarrollo, las
oportunidades económicas son mayores, con el consecuente impacto
subjetivo.

Bajo esas circunstancias crecieron los jóvenes de entonces, el impacto
en el imaginario social fue tremendo, obviamente no generalizo, pero
fue extendido, tanto en las capas medias como en los sectores más
humildes, cada cual desde su perspectiva.

Había factores de compensación entonces, el enorme liderazgo de Fidel
Castro, participante directo de cada acontecimiento y una política
social alternativa de notable impacto, trabajadores sociales, planes
especiales, expansión de actividades culturales a nivel comunitario,
nuevas oportunidades de estudios, elevación suprema de la defensa de
la nación y de lo nacional en importantes y legítimas campañas como el
rescate del niño Elian, etc. Toda esta dinámica coexistía y
contrarrestaba en gran medida la paralela enajenación de valores y
conductas debido a las causas ya explicadas.

A comienzos de los 2000s la situación política del continente comenzó
a cambiar notablemente con el acceso al gobierno de fuerzas políticas
de izquierda en varios países de la región, sobre todo en Venezuela,
Ecuador y Brasil, pero también en Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay
y Nicaragua. Hasta llegó a escucharse por primera vez en una sala de
reuniones de la OEA la defensa a Cuba.

Con esto apareció un nuevo espacio de reinserción económica, se creó
el ALBA y otras iniciativas a la vez que se descarrilaba la propuesta
norteamericana del ALCA.

Se estableció la Asociación de Estados Latinoamericanos y Caribeños
donde se aprueba el acuerdo de la región como zona de paz, etc.
Al evaluar todo ese periodo en Cuba, se puede adelantar una
consideración de aciertos y errores. Sin dudas el primer logro fue
sostener el gobierno revolucionario y la soberanía nacional en tan
difíciles circunstancias y bajo una agresión feroz, el fuerte
liderazgo, las políticas sociales, las campañas nacionales, etc. lo
hicieron posible a pesar de las tremendas dificultades.
El mayor error, en mi modesta y franca opinión, fue no haber comenzado
y avanzado integralmente una reforma del modelo económico como
continuidad de las medidas de apertura que se hicieron a finales de
1993 (despenalización de la tenencia y circulación de divisas,
creación se las UBPC en la agricultura, la legalización del trabajo
por cuenta propia, etc).

Es obvio que aquellas medidas respondieron más a una reacción
necesaria ante la crisis que a la convicción de que el viejo modelo
económico, a semejanza del de los viejos países socialistas, estaba
agotado en las nuevas condiciones.

En un principio, las medidas de finales de la primera mitad de los
90s, presumían una futura y rápida estrategia de reforma económica,
sin embargo, hubo un largo frenazo y este ha tenido consecuencias.
La percepción del favorable cambio en el contexto latinoamericano de
principios de la primera década del siglo XXI y la relativa
recuperación de la economía, reforzó la idea de un regreso a las
viejas formas, incluidas las que correspondieron al llamado Proceso de
Rectificación de la segunda mitad de los 80s, cuyas concepciones no
correspondían a la reforma económica que, en mi opinión, debía y debe
ser (sobre las propuestas de contenidos de la reforma nos hemos
extendidos en diferentes textos desde 1995 a la fecha).
La Batalla de Ideas, como se nombró a ese nuevo periodo que comienza
en el último año del siglo pasado, reconectaba con aquel Proceso y
aunque sin dudas tenía una dimensión muy positiva desde el punto de
vista político, ideológico y movilizativo, incluidas parte de sus
políticas sociales, también regresaba formas de gestión económica
inoperantes y de limitaciones.

Aquella adolescencia, ahora 10 años mayor, continuó viviendo esa
experiencia, entre el entusiasmo y la decepción, movilizada por
algunas decisiones de apertura y algunas importantes causas nacionales
y a la vez decepcionada por la inestabilidad de las decisiones, lo
incompleto de cualquier medida de apertura, la excesiva burocracia y
la insuficiente existencia de espacios para expresarse totalmente,
etc.

En este contexto, según avanzaban los años, las redes sociales poco a
poco fueron adueñándose del espacio virtual, con todo lo bueno (que es
mucho) y todo lo malo y perverso (que también es mucho) que ellas
traen, todo mezclado sobre un receptor abierto a las más diversas
influencias y en no pocos  casos con una limitada capacidad de
discernimiento y en medio de una situación de carencias.

Para finales de la primera década y principios de la segunda del siglo
comenzó a avanzar una mayor conciencia acerca de la necesidad de
cambios, el emblemático y en algunos puntos críptico mensaje político
de Fidel Castro en sus últimos años, le dio respaldo político a
proclamar la necesidad de cambios “cambiar todo lo que deba ser
cambiado”, dejó el espacio a determinar con certeza qué debe ser
cambiado?, a lo cual debería seguir, al menos, el más amplio debate de
todos, los límites para mí son claros, el proyecto de nación
(soberanía nacional, justicia social y desarrollo económico y
democrático) todo lo demás es discutible, incluido sectores opositores
que no favorezcan la intervención extranjera, ni el apoyo al bloqueo,
porque ambas cosas son demasiado criminal y apostatas como para ser
consideradas en cualquier débete auténtico y serio sobre el futuro de
Cuba. Todo lo demás es parte de la discusión, sea socialista o no.

Documentos muy avanzados para el contexto como Los Lineamientos (2011)
La Conceptualización (2016) y la Nueva Constitución (2019), sumado a
otras medidas tomadas tempranamente por la presidencia del General
Raul Castro, abrieron nuevas expectativas y avenidas para las
transformaciones necesarias. El cambio de política de la
administración de Barack Obama se colocó en ese contexto y reforzó las
expectativas (en mi opinión insuficientemente aprovechadas).

Luego la funesta administración de Donald Trump cerró ese breve
capítulo en la mejoría de relaciones y alentó a lo interno nuevas
resistencias burocráticas a los cambios, además de que radicalizó de
manera escandalosa, irracional y muy agresiva a los sectores extremos
(que son amplios) de emigrados cubanos en EEUU.

El proceso de cambios en el modelo económico, ahora parte de
documentos oficiales y no sólo de textos académicos, se volvió a hacer
lento y desarticulado durante toda la segunda década del siglo, esto
afectó a la economía, pero también frustró las expectativas sobre todo
de los jóvenes, los que venían de los 90s y los que crecían en los
2000s, todos ya en edad política.

Los motivos de estos frenazos en un proceso que debió haber sido
continuo y dinámico nunca han quedado suficientemente claros. El
incumplimientos de acuerdos tomados en un congreso del partido, analizados en el siguiente han sido objeto de diversas críticas, así durante más de 10 años, pero el problema no ha sido suficientemente superado.

Regresando al motivo fundamental de este texto: la juventud, digo que
hay que considerar y comprender su evolución y sus diversos
pronunciamientos en este contexto difícil, en medio de estas tensiones
y estas influencias.

Una economía que, por las razones que sean, incluido el bloqueo
genocida y ahora el impacto de la pandemia, así como las
insuficiencias y la parálisis internas, no da respuesta suficiente ni
a sus necesidades de empleo, ni a sus necesidades de consumo, ni a sus
necesidades de inclusión. Tampoco el sistema político le da un
suficiente espacio de representación y participación real, menos una
razonable y necesaria autonomía en el manejo de sus propias
organizaciones y espacios. Una parte de ella viviendo en barrios, que
si bien tienen acceso a la educación, a la salud, etc., están llenos de
problemas sin resolver, viviendas precarias, mal tratamiento de
residuos y aguas, convivencia con sectores marginales, necesidades
diversas, etc.

También sumar ciertas señales de conductas que vienen de sectores
relacionados con prestigiosas familias históricas o con
responsabilidades de gobierno que no siempre son las mejores. Quiérase
o no a éstos cabe cierta responsabilidad porque debido a lo que
simbolizan sus acciones tienen impactos y referencias.

La conducta ética de los cuadros y sus círculos cercanos a todos los
niveles es un principio que la revolución promovió siempre, cuando
falta hay un efecto de demostración negativo sobre los jóvenes que
muchas veces lo usan como argumento para señalar faltas de coherencia
entre el discurso y la práctica pública.

Habría que añadir, sin que pueda yo precisar más al respecto, fallas
en el sistema educativo, no en su cobertura que es total y
democrática, un logro fundamental de la revolución, sino en su
calidad, algo más difícil aún, con qué profundidad están aprendiendo
la historia, qué valores se están estableciendo bien y sólidamente en
la mente de los estudiantes, qué capacidad para pensar críticamente y
con capacidad de discernimiento, lo cual es hoy fundamental, se está
en un mundo lleno de imágenes y mensajes a través de las redes que los
transportan a una vivencia virtual falsa pero promisoria y fantástica,
que contrasta con su realidad presencial llena de dificultades e
insatisfacciones.

Seguramente la deserción de maestros debido a las limitaciones y el
deterioro del salario (algo que se trata de resolver) han tenido un
peso en este problema.

Por supuesto, insisto, que el bloqueo tiene una gran responsabilidad
en esas insatisfacciones materiales, es más, su objetivo es
reforzarlas y hacerlas evidentes, convertirlas en causa de crisis y
rupturas políticas, como ha quedado demostrado en los acontecimientos
recientes, pero es lo que hay y parece que no cambiará pronto.
No digo de ninguna manera que estos impactos sean así en toda la
juventud, pero sin dudas sí en una parte de ella, dentro y fuera del
país, no tengo datos para aventurar las proporciones, pero ahí están
las evidencias de esas conductas y esos conceptos.

He expresado en varios textos que las condiciones actuales para Cuba y
para el socialismo no pueden ser más difíciles (ver, por ejemplo, mi
texto Cuba y sus circunstancias), pero esas son las que hay que
enfrentar ya no solo para sostener una alternativa socialista en Cuba,
también para mantener el proyecto nacional, amenazado desde fuera y en
alguna medida también desde dentro como han demostrado hechos
reciente. Nunca se había visto una solicitud tan clara y diversa de
intervención militar en Cuba (por minoritaria que sea) sin que esta
haya desatado una avalancha de espontáneas condenas dentro y fuera de
la isla. De todo, eso es de lo más preocupante.

Cómo imponer la racionalidad, la verdad y la cultura en un mundo de
imágenes falsas, de “verdades” alternativas, de falta de valores éticos
y de ignorancia sobre la historia y la realidad mundial. Donald Trump
se fue, quizás sólo temporalmente, pero dejó un fantasma recorriendo
los espacios, proclamando y haciendo aceptable uno de sus principios
“nunca aceptes una verdad que te afecte, inventa otra que te
favorezca”, y el que miente no siempre es rechazado (ya no por razones
políticas, sino éticas, lo que es peor) muchas veces es aceptado
acríticamente, parece cierto aquello de que en tiempos de crisis los
vicios se convierten en virtud.

La batalla por restituir el consenso de la juventud es en primer lugar
con su propia participación, una responsabilidad de ellos mismos, en
definitiva es su futuro el que se construye.

Pero deben tener conciencia de que no sólo es de ellos, nadie es dueño
absoluto del tiempo, después vendrán sus propios hijos y nietos, etc.

Cómo se ha dicho, el mundo no es algo que hemos recibido en herencia
de nuestros padres, sino algo que hemos tomado prestado de nuestros
hijos. Nosotros de los nuestros, ellos de los de ellos, o sea que
tienen una responsabilidad histórica y deben tomarla en sus manos,
ojalá que con las herramientas adecuadas, la educación, la cultura, el
conocimiento, la capacidad crítica, el liderazgo y el compromiso.

Persiguiendo el legítimo progreso material, pero con valores éticos,
sentido de la nación y capacidad crítica.

Corresponde, creo yo, a las actuales generaciones de dirigentes, con
una alta responsabilidad en la toma de decisiones, abrir todos los
espacios a este proceso que deben vivir las nuevas generaciones, poco
importa si provienen de sectores artísticos, intelectuales,
emprendedores u obreros, incluso marginales, estén dentro o fuera del
país, todos los que puedan aportar al proyecto de nación.

En mi opinión es una responsabilidad de la política discernir con
precisión, no toda expresión o conducta crítica es aliada del proyecto
antinacional o proimperialista, aunque también haya mucho de eso.

Existe mucho cuestionamiento y reclamos legítimos, algunos seguramente
con razón otros no, pero legítimos. Por ejemplo, creo que había una
diferencia esencial entre el espectáculo de San Isidro y la protesta
del 27 de noviembre, más diversa, más amplia, más razonable, aunque
hubiera de todo y aunque lo primero trató de hegemonizar a lo segundo,
pero mucho rescatable, esas diferencias no se trataron adecuadamente,
a pesar de un primer esfuerzo de diálogo, se presentó un pliego de
demandas que no representaban a todos y que no pudo ser aceptado, lo
cual dio lugar a una tensión que las autoridades no lograron superar
para conducir a un diálogo más amplio y constructivo,
finalmente se ocluyó ese camino. También hubo consecuencias. Sin inclusión no hay reconstrucción del consenso posible.

Una última referencia sobre el tema al que he dedicado siempre mayor
tiempo debido a mi propia profesión, la reforma económica. Al menos en
mi caso considero, pudiera obviamente estar equivocado, que la
necesidad de la reforma no solo es por razones del funcionamiento
eficiente de la economía misma, sino también por su capacidad de
inclusión, de abrir nuevos horizontes, de que la juventud encuentre
espacios legítimos de realización, de desarrollar proyectos, de
prosperar económicamente, de echar a andar su imaginación y su
creatividad para oxigenar la sociedad, para darle un sentido y
contenido a su vida, a partir de su trabajo, su formación y su
talento, ya sea en empresas empresas y/o organismos estatales que le
abran espacios de realización y ascenso así como en el sector no
estatal, cooperativo y privado de pequeñas y medianas empresas
que debe funcionar con dinamismo, energía positiva y suficiente autonomía.

No me refiero ahora a la dimensión épica de la vida, que se expresa en
la defensa de la patria y otros valores supremos, en la participación
en momentos históricos extraordinarios, me refiero a esa otra
dimensión también esencial de la vida que son las aspiraciones y
proyectos personales, familiares, de grupo, las del día a día, la de
construir algo sin trabas absurdas (los límites ya se saben cuáles
deben ser y ahí están las leyes y sobretodo la nueva constitución para
establecerlos) todo lo demás deben ser libertades y más libertades,
diálogo y más diálogo, relevos y mas relevos.

Por ahí, creo yo, anda el camino para reconstruir el consenso en la
mayoría de la juventud, sin el cual cualquier victoria terminaría
siendo pírrica. Esto sólo es posible dialogando (sin monólogos) e
incluyendo, sin populismo ni discursos vacíos, con objetividad y sin
ingenuidades, firmeza y flexibilidad. El momento es esencialmente
político, en el sentido profundo de ese concepto.

Un proceso como el cubano tiene que hacer un nuevo pacto con cada
generación, no se puede trasladar el mismo pacto en términos de
expectativas y espacios de una generación a otra. Lo permanente son
solo los principios ya aquí citados (soberanía nacional, justicia
social y desarrollo económico y democrático) todo lo demás es objeto
de  debate, de cambio de progreso, de apertura.

La última intervención del Presidente desde la mesa redonda realizada
en el Palacio de la Revolución, donde se analizaron los sucesos del 11
de Julio, así como el discurso en la manifestación del 17 de Julio en
el Malecón me pareció que van en ese sentido, hubo firmeza ante la
agresión pero también autocritica, reconocimiento de errores propios,
reconocimiento de la diversidad que se ha expresado en la protesta,
tratando de separar unas motivaciones antinacionales y manipuladas de
otras legítimas que expresan descontentos auténticos, esto permite
suponer una respuesta política a la altura del momento, ojalá así sea.

Seguramente habrá coincidencias y tal vez muchas discrepancias con
estos puntos de vista que aquí he expuesto, ya sería útil si solo
contribuyeran en algo al debate fecundo sobre este tema medular, es
como lo veo, como lo expreso. El desafío es grande pero superable,
aunque es claro que no hay todo el tiempo para lograrlo.

 

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