EL EDITORIAL. La construcción de la Constitución

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Serán meses de confrontación de ideas y posturas ideológicas, de disputas en cuanto a contenidos, de medición de correlación de fuerzas, de presiones de grupos hegemónicos y de poder. En ese marco, mantener al pueblo movilizado, al mundo social activo, a la ciudadanía participando en cabildos y asambleas, y las demandas populares sobre la mesa, será algo fundamental.

“El Siglo”. El Editorial. 02/07/2021. Este 4 de julio se inicia un proceso inédito e histórico en Chile. Una instancia elegida democráticamente por el pueblo, iniciará la construcción de una nueva Constitución.

Poderes fácticos, sectores conservadores, la derecha, el poder financiero, entre otros, se opusieron permanentemente a este camino, buscando continuar con el texto constitucional emanado de la dictadura cívico-militar con insuficientes cambios parciales.

El Gobierno de Sebastián Piñera y los partidos de derecha, cerraron el paso hacia una nueva Constitución y pretendieron abortar el proceso constituyente iniciado en la segunda administración de la presidenta Michelle Bachelet.

¿Qué ocurrió? La revuelta social y popular masiva  extendida, iniciada en 2019, provocó una crisis social, política e institucional, colocando el eje en la necesidad de transformaciones estructurales en el país. En ello, tener una nueva Carta Magna erigida desde representaciones del pueblo, de claro contenido democrático, estableciendo derechos sociales, un sistema político participativo, un modelo de desarrollo soberano y equitativo, entre otros fundamentos institucionales, resultó prioritario.

El camino era una Asamblea Constituyente, como expresión sustancial de la representación, soberanía y participación del pueblo. Pero presiones de poderes hegemónicos, acuerdos elitistas de fuerzas políticas tradicionales, incidencia de poderes facticos y una negativa actuación del Parlamento, llevaron a la instalación de una Convención Constitucional llena de candados y subterfugios que ahora habrá que superar, saltar y corregir.

Como sea, y gracias nuevamente a la movilización ciudadana y popular, se consiguió una Convención paritaria, con escaños reservados para pueblos originarios, positiva representación de regiones y de la diversidad de la sociedad, y la votación del pueblo no le otorgó a la derecha el tercio que quería para vetar contenidos.

Hay que decir que desde la revuelta social de 2019, el plebiscito del 2020 y la elección de las y convencionales, así como en la instalación de temas trascendentales en la agenda nacional, la derecha, el Gobierno y los poderes financieros y fácticos, han sufrido notorias derrotas que los dejó descolocados y en punto de rechazo por parte del pueblo.

Sin embargo, la disputa por el proyecto país, por las transformaciones estructurales y por el camino hacia un país justo, equitativo y realmente democrático, no ha terminado y está en curso.

Las y los convencionales comprometidos con esas transformaciones, con las demandas populares y con la instalación de una real nueva Carta Magna, tendrá la primera tarea de establecer un Reglamento que contribuya a potenciar la soberanía de esa entidad y del pueblo y a quitar candados y amarres. Luego vendrá la discusión y resolución respecto a temas cardinales de la Constitución, donde se debería materializar finalmente un contenido que apunte a garantizar derechos, reforzar el papel de un Estado democrático y de derechos, consagrar un modelo de desarrollo nacional y sustentable y dar luz verde a las propuestas y demandas que surgen desde los mundos indígena, juvenil, femenino, de la cultura y los derechos humanos, sindical, poblacional, intelectual, campesino, regional, de las diversidades.

Serán meses de confrontación de ideas y posturas ideológicas, de disputas en cuanto a contenidos, de medición de correlación de fuerzas, de presiones de grupos hegemónicos y de poder. En ese marco, mantener al pueblo movilizado, al mundo social activo, a la ciudadanía participando en cabildos y asambleas, y las demandas populares sobre la mesa, será algo fundamental.

Este 4 de julio se parte. Vendrás meses de un proceso complejo y decisivo. La confianza está puesta en las y los convencionales comprometidos con la causa del pueblo y con las grandes transformaciones y, sobre todo, en la movilización permanente del movimiento social y la sociedad civil.

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