15/16M. Democracia en serio o más de lo mismo

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Les chilenes tenemos en las elecciones de este fin de semana, que son una primera conquista de nuestras luchas, la oportunidad de reafirmar esta decisión de cambio y generar las bases para hacerla posibles.

Jaime Insunza B. Profesor de Historia. Santiago. 13/05/2021. Les chilenes salimos a las calles para exigir un cambio profundo que ponga fin a un sistema, impuesto a través del terrorismo de Estado por la dictadura cívico militar y administrado con pequeños cambios por los gobiernos que la sucedieron. Un modelo de sociedad que hizo de los derechos negocios, de la justicia social un delito, de los escandalosos y profundos desequilibrios económicos, sociales, culturales lo normal.

“No son treinta pesos, son treinta años”, fue la consigna que surgió desde millones de chilenos que sintetizó esta exigencia. Y, obviamente, los herederos de la dictadura respondieron con la represión, con graves violaciones a los derechos humanos ocurridas durante y después del estallido social, la que ha dejado muertos, lesionados y mutilados.

Les chilenes tenemos en las elecciones de este fin de semana, que son una primera conquista de nuestras luchas, la oportunidad de reafirmar esta decisión de cambio y generar las bases para hacerla posibles.

Nuestres votos decidirán si la salud es un derecho o es un negocio. La pandemia ha puesto más en evidencia la distinta calidad de atención de salud entre les chilenes. Han fallecido mucho más personas en las comunas pobres que en las ricas. Esto hay que cambiarlo. La salud es un derecho que debe ser garantizado por el estado y no un negocio de las isapres.

Nuestres votos decidirán si la educación es un derecho o un negocio. La nueva constitución debe garantizar una educación de calidad para todes.

Nuestres votos decidirán si la previsión es un derecho o un negocio de las AFP que se enriquecen con nuestros recursos y, al final de nuestras vidas, recibimos pensiones miserables. La reciente declaración de la Presidenta de las AFP, es la más clara expresión de lo que las AFP entienden por previsión: solo un negocio, no un derecho para vivir con dignidad después de trabajar toda una vida. (Nicanor Parra, se jubiló con el viejo sistema como profesor universitario y recibió una pensión digna – similar a la que recibió Alejandra Cox, jubilada por el sistema estatal de EE.UU. equivalente al 70% de su sueldo – y continuó trabajando en su creación poética hasta el final de sus días. Como se sabe, las FF.AA. y de Orden, que dirigían el Gobierno en esa época, no aceptaron incorporarse la las AFP y mantuvieron hasta el día de hoy sus Cajas de Previsión (CAPREDENA y DIPRECAR) y, por cierto, reciben pensiones más que dignas.)

Lo mismo sucede con el derecho a la vivienda y, por ello, nuestras ciudades están llenas de campamentos en que las familias deben vivir en condiciones miserables y muchas de las que logran con grandes esfuerzos obtener una vivienda, muchas de estas no cumplen con las condiciones elementales para un buen vivir. Hoy, gracias al estallido social se empieza a reconocer que las “viviendas sociales”, no cumplen los requisitos básicos para una vivienda digna.

Nuestro país tiene recursos y condiciones para garantizar a les chilenes una vida digna. Ello requiere superar la insultante concentración de la riqueza en unos pocos, entre los cuales está nuestro actual presidente, que lo impide. Es más agresivo aún cuando estos grandes ricos han incrementado su riqueza durante la pandemia en un 73% según el informe de la Revista Forbes. Es decir, la pandemia ha sido un gran negocio para el Presidente y sus amigos.

El país requiere un cambio profundo. Avanzar hacia una democracia en serio.

Una democracia que asuma plenamente el fin del patriarcalismo y garantice la igualdad y la plenitud de los derechos de las mujeres y la diversidad sexual.

Que garantice y asuma nuestro carácter de estado plurinacional. Que en lugar de reprimir con intervención militar la justa lucha del pueblo mapuche y demás pueblos indígenas les devuelva sus derechos y las tierras usurpadas con la mal llamada “pacificación de la Araucanía”, una guerra en la que Chile violó tratados e impuso militarmente soberanía sobre la wallmapu.

Un país, una sociedad que asuma con responsabilidad los grandes desafíos de la ecología y del medio ambiente. Que recupere el agua como bien público, más aun cuando el cambio climático amenaza con altos riesgos de sequía. Que intensifiqué los cambios en la producción energética y ponga fin a las energías contaminantes.

En fin, un país que piense en les chilenes y no en seguir engrosando las fortunas de los ocho grandes ricos de Chile.

Un país en el que les chilenes podamos participar activamente en la vida política y que está no se encierre entre cuatro paredes o en alguna cocina. Que se cambie el presidencialismo excesivo impuesto en nuestro país. Parlamento unicameral. En el que la iniciativa de ley no quede reducida al Presidente -que como lo ha dejado claro el actual veta  o impide proyectos que afecten a las grandes riquezas-, que exista la iniciativa popular de ley, de los parlamentarios y, cuando sea necesario, plebiscitos y consultas ciudadanas para su dictado.

Una democracia en serio. Es lo que podemos definir este fin de semana.

Vamos con todo, sin miedo, por el Chile Digno que nos merecemos.

 

 

 

 

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