DEBATES. Mínimos comunes

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El proceso electoral no será capaz en el corto plazo de satisfacer las múltiples demandas sociales que son inmediatas donde el gobierno de Sebastián Piñera se ha transformado en una molesta piedra en el zapato para avanzar en ayudas sociales y para generar medidas efectivas para atacar la pandemia. Es aquí donde los mínimos se convierten en ceros comunes.

Fernando Bahamonde Avendaño. Profesor. Punta Arenas. 07/05/2021. La indolencia social del gobierno de la derecha se ha transformado en un callejón sin salida política no sólo para el Ejecutivo, sino también para toda la institucionalidad. Por ello, la obstinación del Presidente de la República y sus equipos por no moverse un milímetro de los parámetros del modelo económico y social vigente hace que la indolencia se transforme en una nueva forma de violencia.

Al no existir mecanismos para hacer frente al irracional presidencialismo del sistema político de nuestro país la crisis se agudiza abarcando lo social y la esfera político institucional.

Se debe sumar como muestra el carácter francamente deliberativo en que han entrado las FFAA, que terminan por sostener al gobierno de derecha, en consecuencia la institucionalidad camina por una cornisa cada vez más angosta.

Cabe preguntarse si la crisis estructural y el creciente descontento popular pueden ser canalizados políticamente por medio de los canales institucionales como los procesos electorales que se avecinan.

A priori se puede responder que no, porque el proceso electoral no será capaz en el corto plazo de satisfacer las múltiples demandas sociales que son inmediatas donde el gobierno de Sebastián Piñera se ha transformado en una molesta piedra en el zapato para avanzar en ayudas sociales y para generar medidas efectivas para atacar la pandemia. Es aquí donde los mínimos se convierten en ceros comunes.

Es cierto que la política requiere del diálogo y la búsqueda de acuerdos, sin embargo, este se hace estéril cuando aquellos que detentan el poder lo ejercen con soberbia y violencia. Una alternativa política en este contexto es aislar al adversario, cosa que ha logrado hacer por sí solo el propio gobierno.

Por otra parte, los potenciales acuerdos entre el gobierno y la oposición terminan por darle un segundo aire a la institucionalidad que se encuentra agotada y por legitimar como interlocutor válido a un gobierno ilegítimo.

También existe el interés de algunos partidos de oposición de mantener en parte el orden neoliberal y, paralelamente, la Democracia Cristiana y de otros sectores de la ex Concertación de aislar a la izquierda en especial la candidatura de Daniel Jadue camino a la contienda presidencial.

Ese es el rol que cumple la precandidatura de Gabriel Boric, que al observar que Paula Narváez, Heraldo Muñoz y Carlos Maldonado poseen escasas posibilidades de aparecer en la papeleta presidencial, intentará aglutinar a la socialdemocracia neoliberal. El estallido mediático de Yasna Provoste como matriarca republicana, le otorga posibilidades al PDC de levantar una carta presidencial, pero esta situación puede acarrear las rencillas internas en su propio partido que vive de la nostalgia de haber sido la principal fuerza política del país.

Yasna Provoste, emplazó a Sebastián Piñera recordando una frase de Eduardo Frei Montalva aludiendo que nadie se humilla cuando actúa por la patria. Habría que recordarle a la presidenta del Senado la famosa frase de Radomiro Tomic: “Cuando se pacta con la derecha es la derecha la que gana”. Tal vez, sólo en parte de esta oposición hay mínimos comunes, como acceder al poder y aislar a la izquierda. Lo que está claro es que aquel que se acerca al gobierno termina contaminado, los cerca de 10 meses que le quedan a esta administración parecen eternos.

¿Qué nos puede dejar el día después de la elección de mayo? Tal vez más incertidumbres que certezas en un escenario de gran dispersión electoral.

En efecto, todo resultado electoral despeja el cuadro político el que puede transformarse en un rompecabezas cuyas piezas habrá que buscar en los lugares más remotos, para comenzar la difícil tarea de rearmar a nuestro país. Los tiempos se acortan dejando escaso espacio para maniobrar políticamente en especial cuando en algunas fuerzas políticas se mezcla el interés superior del país y los intereses particulares de carácter meramente electoral. Hoy el principal protagonista no es el poder Ejecutivo o Legislativo, sino el pueblo de Chile.

Un hecho cierto es que el confuso momento político sólo se esclarece cuando existe movilización social la que provoca los vuelcos inimaginables a la institucionalidad, porque es justamente esa realidad de las mayorías que se reconcilia al superar una institucionalidad irracional. En tal sentido es importante recordar que no sólo fue un lápiz y un papel lo que desalojo de La Moneda al tirano en 1990, sino la creciente movilización social, para ser aplastada luego por los gobiernos concertacionistas.

Hoy las mayorías deben expresarse en el voto, pero esas mayorías se convierten en activas mediante la organización y movilización. Debemos tener claridad que los conflictos y contradicciones de la sociedad chilena no se solucionaran este año mediante la vía electoral, sino que enfrentamos un proceso difícil de larga duración.

 

 

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