El camino no es la involución política. Al contrario, la única solución es instalar un liderazgo ético-político que nos encamine finalmente hacia un desarrollo sostenido y políticamente legítimo, vale decir, iniciar un proceso evolutivo diáfano, humano y realizado en su eficiencia cultural que permitirá terminar democrática y estructuralmente con un sistema que amenaza de manera consecutiva los intereses del pueblo chileno.

Gonzalo Moya Cuadra. Licenciado en Filosofía. 09/04/2021. Chile necesita un nuevo proyecto político, una obra política trascendente que conduzca al país a un orden social cabalmente democrático y renovado. Las fuerzas progresistas tendrán que rediseñar una capacidad política visionaria e histórica. La actualidad nos muestra un país inerte donde la ausencia de prioridades sumergió a los diferentes estratos sociales en una de las más impensadas incertidumbres existenciales. El camino no es la involución política. Al contrario, la única solución es instalar un liderazgo ético-político que nos encamine finalmente hacia un desarrollo sostenido y políticamente legítimo, vale decir, iniciar un proceso evolutivo diáfano, humano y realizado en su eficiencia cultural que permitirá terminar democrática y estructuralmente con un sistema que amenaza de manera consecutiva los intereses del pueblo chileno.

Por ahora, la oposición no cuenta con una buena estrategia de desarrollo político, menos un pensamiento unitario, pues muchos de sus estrategas y líderes están demasiado cómodos con el poder capitalista. La insuficiencia de elementos cohesionadores en la oposición podría significar en la práctica hasta la continuación de otro gobierno capitalista, más conservador, populista y errático, algo que la mayoridad ciudadana rechaza con clara vehemencia. Un brioso sentimiento renovador se ha instalada en el pueblo trabajador debido a la miopía y estolidez del actual gobierno, incapaz de reflexionar, pues carece de convicción solidaria y cultural. El gran trabajo político que deberá realizar la oposición unida, unidad popular, será comenzar un proceso transformador en el cual el Estado tendrá un rol fundamental en su accionar social, por y para la clase trabajadora. Asimismo, concretar el trabajo y el sueño revolucionario de Allende que no pudo terminar su ideal de un gobierno verdaderamente progresista.

Sabemos que es un tiempo complejo. Por lo mismo, realizar un gran esfuerzo de fecundidad reflexiva es un arduo trabajo político que permitirá estructurar una nueva fuerza de izquierda democrática, cuyo único objetico será comprometerse a derrotar de manera contundente a la derecha, siempre desconocedora de la realidad nacional, esa derecha que no tiene vocación histórica, menos humana. No se puede simplificar la historia, no se puede descuidar el significado de la ética política. Sólo se requiere capacidad de análisis y conciencia  transformadora para liberar a la clase trabajadora del hostil capitalismo.

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