“La objetividad de la información (si alguna vez existió) ha desaparecido, las manipulaciones se han multiplicado, las intoxicaciones proliferan como otra pandemia, la desinformación domina, la guerra de los relatos se extiende. Nunca se habían ‘construido’ con tanta sofisticación falsas noticias, narrativas delirantes, ‘informaciones emocionales’, complotismos”.

Lisandra Ronquillo Urgellés. Periodista. “Cubadebate”. La Habana. 01/04/2021. ¿Qué pasaba en el mundo antes de la aparición de la Covid-19? Ocurrían en distintas latitudes protestas sociales: Beirut, Hong Kong, Cataluña, Puerto Rico, Chile, Colombia, Costa Rica. Las demandas de unos y otros se ajustaban a las inconformidades de cada geografía, sin embargo, poseían el común denominador de gestarse en sociedades democráticas, desarrolladas, a través de las redes sociales.

Esta fue la pregunta y la respuesta que inició la conferencia del profesor español y catedrático de la teoría de la comunicación, Ignacio Ramonet, en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba).

Al encuentro asistieron Alpidio Alonso Grau, Ministro de Cultura; Abel Prieto Jiménez, asesor del Presidente de la República y presidente de Casa de las Américas; Luis Morlote Rivas, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), entre otras figuras del mundo artístico e intelectual.

Entender el nuevo desafío que imponen las redes sociales, implica analizar las trasformaciones en las lógicas de consumo y la reconfiguración de los escenarios políticos, sociales y culturales en el ciberespacio.

El autor de El imperio de la vigilancia destacó la gran interrogante que constituye Internet, como la tercera gran revolución de las comunicaciones, y las recientes redes sociales, con no más de 20 años de existencia.

“La diferencia con los medios de difusión masiva es que no alcanzan el nivel de retroalimentación de las redes sociales. Éstas ponderan el diálogo constante, tienen una relación más fuerte con los receptores. Son sistemas de comunicación que convierten fenómenos marginales en centrales”.

En este entorno comienzan a actuar fenómenos como la postverdad y las “fake news”. La posesión de una gran cantidad de información pasa de erigirse como generadora de pensamiento crítico a productora de desconocimiento.

“El discurso acerca del sistema mediático, como manipulador de la información a favor de los dueños de medios y las clases dominantes, ha sido sobrepasado por la crítica de la extrema derecha populista. Existe una atmósfera de guerra entre la sociedad y los dirigentes políticos. Hay un espíritu complotista contra el complot que está en el poder. En Estados Unidos, por ejemplo, la crítica de muchos ciudadanos al sistema generó un ataque al Capitolio”, explicó Ramonet.

Donald Trump, representante de esta extrema derecha, tenía en su cuenta en Twitter 33 millones de seguidores cuando el asalto al Congreso estadounidense. Este hecho fue encabezado por una masa fanatizada. Parte de los simpatizantes del expresidente son partidarios de Quanon: una teoría conspirativa que llevó, el 4 de diciembre de 2016, a Edgar Maddison Welch a disparar, con un rifle de asalto, en una pizzería en Washington DC. La causa del hecho fue la sospecha de que en el sótano de aquel lugar se reunían demócratas, cantantes y actores de Hollywood pedófilos.

Ramonet recordó en una entrevista con el periodista brasileño Breno Altman cómo, en la actualidad, los ciudadanos se movilizan más por un tema puntual que por una gran causa. Esto se complejiza en un entorno donde la conspiranoia y el fanatismo forma parte de un sistema atacado, además, por la incertidumbre de la COVID-19.

“Lo que domina a las redes es el pensamiento mágico. La verdad es cada vez más emocional y no real. Las redes están hechas para emitir y no para recibir. Existe una repolitización salvaje en un sentido antropológico”, expresó el director de Le Monde Diplomatique.

En un artículo de La Jiribilla, titulado Las redes sociales, nuevo medio dominante, el catedrático aborda la proyección de un futuro cada vez más dependiente de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. La inteligencia artificial y la tecnología 5G, los algoritmos tendrán influencia directa en la organización misma de la sociedad y en la estructura política.

“La objetividad de la información (si alguna vez existió) ha desaparecido, las manipulaciones se han multiplicado, las intoxicaciones proliferan como otra pandemia, la desinformación domina, la guerra de los relatos se extiende. Nunca se habían ‘construido’ con tanta sofisticación falsas noticias, narrativas delirantes, ‘informaciones emocionales’, complotismos. Para colmo, muchas encuestas demuestran que los ciudadanos prefieren y creen más las noticias falsas que las verdaderas, porque las primeras se corresponden mejor con lo que pensamos. Los estudios neurobiológicos confirman que nos adherimos más a lo que creemos que a lo que va en contra de nuestras creencias”, agrega.

Actualmente, Facebook tiene 2.740 millones de usuarios aproximadamente; YouTube 2 291 millones y WhatsApp 2.000 millones. El protagonismo de las redes sociales en la vida cotidiana es irreversible. Las izquierdas no están exentas de este ecosistema comunicacional, padecen los mismos síntomas de esta era de los absurdos.

Cuba se inserta poco a poco en este entorno. A inicios de 2021 se reportaban 7 millones 700 mil cubanos conectados a la red de redes, lo que representa el 68 % de la población.

Ernesto Limia, vicepresidente primero de la Asociación de Escritores de la UNEAC, comentó sobre las complejidades del ciberespacio, como territorio reciente en la Isla, y cómo se imbrica con la situación de asedio político, económico y mediático que enfrenta el país. En dicho contexto, resaltó la importancia del estudio de la historia y la búsqueda de formas atractivas para acercarla a los más jóvenes.

“Detrás de las redes sociales hay mucha ciencia e innovación. ¿Quiénes son sus dueños? ¿Quiénes las financian? ¿A qué intereses responde? Sin duda estas tienen un alto componente ideológico y político, no sólo en el tema Cuba. En nuestro caso particular nos están tratando de crear una realidad virtual, manipulada. La batalla está en posicionar mejor nuestras líneas de mensaje”, argumentó Abel González, vicepresidente de la sección de Literatura Histórico Social de la UNEAC.

El crítico, poeta y ensayista, Víctor Fowler, advierte la necesidad de “entender cómo funcionan las redes sociales y la transformación de la comunicación contemporánea: la cultura de los memes, los influencers, los youtubers, las personas que no son genios, intelectuales, líderes de moda o políticos, y sin embargo tienen una gran comunidad de seguidores. Hay que empezar a emplear los términos del siglo XXI. Nosotros en Cuba tenemos tarea doble, esa y comprender la dinámica de la agresividad contra el país”.

Para Paquita de Armas Fonseca, crítica y periodista, lo primero es comenzar a interactuar con las redes sociales. Los nativos digitales asumen formas de socialización y consumo de información que distan de las formas tradicionales.

“Las redes sociales son una batalla de emociones, sentimientos, reacciones, a veces insultantes. Nos movemos en un medio de comunicación donde hay poco espacio para el intercambio civilizado de argumentos. Nos hemos habituado a los debates intelectuales de otras épocas, donde alguien hacía un ensayo y otra persona le respondía. Ahora estamos en una especie de torbellino de imágenes, sonido, chispas, fricciones. Cada día es más importante diseñar una política de comunicación que pondere la rapidez de la información”, aseveró Abel Prieto, presidente de Casa de las Américas.

Será imprescindible la producción de contenidos adaptados a las lógicas del ciberespacio. Como señaló el músico e integrante del Dúo Buena Fe, Israel Rojas, esto involucra la necesidad de un estudio y una comprensión de las prácticas de consumo, a la par de políticas trasparentes y agendas públicas cada vez más cercanas a las inquietudes de la ciudadanía.

Foto: Liesther Amador.UNEAC.

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