El gobierno del mandatario ha quedado muy deslegitimado después del estallido social  limitado a estar reaccionando sin capacidad proactiva en temas cruciales. Es un simple administrador de la crisis social, económica y sanitaria, marcada por un alto grado de ineficiencia. Su gobierno no tiene relato, impronta, legado, objetivos propios y consistentes, salvo la acuciante tarea de salvar a la derecha de una derrota en las próximas elecciones.

Guillermo Teillier Del Valle. Presidente del Partido Comunista. 12/03/2021. Sebastián Piñera llega al tercer año de su administración con baja aceptación popular, con la mácula de violaciones generalizadas a los derechos humanos, de pérdidas de vida, de mutilaciones oculares, de represión sostenida a la demanda social.

Ha incidido en su baja calificación las  tardías e ineficaces medidas de apoyo a las familias chilenas, que han tenido que recurrir a sus fondos de pensiones para poder subsistir.

Piñera tuvo que archivar su programa ante la irrupción de una inmensa fuerza social y ciudadana que puso sobre la mesa los reales problemas del país y las reales demandas populares. Sus intentos por demoler avances de reformas e instalar una agenda ultraconservadora y neoliberal, quedaron postergados ante la decisión del pueblo de efectuar un plebiscito, abriendo paso a un proceso que camina hacia una nueva Constitución y la instalación de la justicia social, los derechos de las personas, cambio  del modelo económico de tanta desigualdad, el reconocimiento de pueblos originarios, la igualdad plena de hombres y mujeres, cambios en la institucionalidad, democratizando al país.

Piñera carga, en estos tres años, con acusaciones judiciales por violaciones a los derechos humanos que lo incluyen a él mismo; su respaldo irrestricto a procedimientos represivos de Carabineros ha llevado a esta institución a un cuestionamiento transversal. El gobierno no ha logrado siquiera pasos básicos en caminos de diálogo y soluciones a las realidades de La Araucanía y el pueblo mapuche; ha hecho desaparecer la agenda de mujeres, a pesar de los graves problemas de violencia, laborales y de derechos que se agudizaron para la mayoría de las chilenas; se opuso al retiro del 10% desde los fondos de las AFP, medida que tiene en el fondo la falta de apoyo del gobierno a los sectores más pobres y en crisis económica; con una política exterior fracasada, lo que incluyó su deseo de convertirse en líder en la región; con baja permanente de aprobación de la gente en todas las encuestas.

Esperamos que al menos concluya bien el proceso de vacunación, obligatoriamente necesario e ineludible, que no borra los desaciertos y el desgobierno.

Desde La Moneda, la mayoría de las veces en cuanto a temas trascedentes para la población, Piñera llegó tarde o no llegó con soluciones y medidas concretas. Ni hablar de la seguridad pública, una de las banderas del mandatario de derecha, donde las cifras son dramáticas y los casos de víctimas de la delincuencia, terribles.

No en vano, de los tres años de su mandato, desde que estaba por cumplir dos, diversos sectores de la sociedad civil, del movimiento social, de las fuerzas políticas, plantearon que el Presidente debía renunciar,  dentro del marco constitucional. Como nunca, y quizá solo homologable al caso del tirano Pinochet, tantos sectores de la población pidieron la renuncia, el retiro, de un mandatario.

En todo caso, este es un mandato que se esfumó en medio de la realidad incuestionable. En abril habrá Convención Constitucional para elaborar la nueva Constitución, y ese proceso, acompañado de la participación y deliberación del pueblo, tendrá enorme efecto en la agenda nacional. El fantasma que agobia a La Moneda es la posibilidad que el 11 de abril las fuerzas de derecha y el piñerismo recibirán un golpe electoral que resentirán. Luego vendrán las campañas presidenciales y parlamentarias. No hay candidatos o candidatas de los partidos de Chile Vamos que quieran sacarse ni una foto con el Presidente y apuestan por alejarse de él.

Este es un gobierno que le hizo mal al país y que lo hizo mal. Por eso la enorme responsabilidad de las fuerzas transformadoras, antineoliberales y de izquierda de generar una alternativa, una opción, un camino de cambio de fondo y de gobernabilidad, en favor de millones de chilenas y chilenos, fortaleciendo y dando curso a un programa avanzado de respuestas a las demandas y necesidad sociales, económicas, laborales, humanas, de las grandes mayorías.

Este gobierno está acabado y se requiere levantar una opción para el inicio de un gobierno eficiente, al servicio del pueblo, de millones de chilenas y chilenos.

 

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