Más allá de la pionera vacuna Sputnik V.

Jorge Vera Castillo. Analista. /03/2021. La entrega de copia de las Cartas Credenciales del nuevo Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Federación de Rusia en la República de Chile, Serguéi N. Koshkin, a nuestra Directora General del Ceremonial y Protocolo, Embajadora Marte Chalhub Romero, el miércoles 16 de diciembre de 2020, debiera significar el punto de partida de un nuevo comienzo y una necesaria dinamización en las relaciones bilaterales chileno-rusas. Se suma a lo anterior, el reciente otorgamiento del beneplácito al nuevo Embajador de Chile en Rusia, Eduardo Escobar Marín, quien era, hasta ahora, Director de la Dirección de Asuntos de Europa, de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, y cuenta con amplia trayectoria diplomática.

El Embajador Koshkin tiene una muy vasta experiencia profesional, acumulada desde el inicio de su carrera diplomática en 1977, con su primera destinación en Colombia, hasta 1981, país al cual volvería en una nueva destinación, desde 1985 hasta 1990. Ha sido Vicedirector y Director interino del importante Departamento de América Latina del Ministerio de Asuntos Exteriores (MID) de la Federación de Rusia, en distintos períodos.

Y en años más cercanos, fue Embajador en la República Oriental del Uruguay, desde 2006 hasta 2013. Y, en su última destinación, antes de ser designado por el Presidente Vladímir V. Putin, como Embajador en Chile, en octubre de 2020, fue Embajador en la República de Colombia, desde 2016 hasta 2020. En suma, se trata de un agudo conocedor de Suramérica y de nuestra región, y un avezado, excelso, prudente y valioso aporte al Cuerpo Diplomático.

De allí que, a pesar de las actuales circunstancias pandémicas, con inéditos contextos y sus limitantes comunicacionales presenciales, más aún en un fin de año 2020, en Chile, y en los primeros dos meses, con acostumbrada y reconocida disminución de actividades, en el nuevo año 2021, es posible ya constatar ese nuevo dinamismo requerido: con una mayor presencia pública, incluida en medios de comunicación social; un contacto cordial con sus pares diplomáticos residentes y representantes en Chile de muy variados países, de distintos continentes, e, intercambios con autoridades nacionales del más alto nivel gubernamental, y nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores, así como de importantes instituciones estratégicas, para multifacéticas, nuevas y potenciales esferas de la cooperación e intercambios, de beneficio mutuo para ambos países.

Insoslayable a nivel mundial, y también, con sus manifestaciones, algo tardías, en Chile, ha sido la creación, registro, difusión y aplicación de la vacuna contra la Covid-19, Sputnik V.

Meses de arteras campañas comunicacionales, de muy variado origen y práctica, se fueron desarrollando, en particular desde agosto de 2020. Prejuicios inveterados, de muy larga data, pero, aún, recurrentes y subsistentes, se fueron incoando como supuesta “crítica objetiva”, como una preocupación aparentemente humana y sanitaria, dando paso, a extremos de verdadera ruso fobia, inocultables desde las esferas ideológicas, políticas y mediáticas, en la arena internacional, pero sin una base científica, conocimientos ni consistencia argumental.

Pero, acertada y finalmente, la ciencia se respeta, por lo que todos los difusores de aquellos prejuicios y tontos útiles para esa ruso fobia, no tuvieron más que, comenzar -a veces, a regañadientes, en entrevistas y/o publicaciones- a modificar sus aparentes “sanas y serias interrogantes”, sus diatribas y sus discursos preventivos.

Los artículos publicados en la prestigiosa revista científica británica The Lancet -cuya primera publicación fue en 1823 y que, desde 2016 ocupa el segundo lugar en factor de impacto, como se conoce -, de viernes 4 de septiembre de 2020 (11 páginas) y de martes 2 de febrero de 2021 (11 páginas), fueron un verdadero tapabocas – en tiempos de mascarillas -, para todos esos “sesudos críticos”. En buena hora, por y para la salud de la Humanidad.

En particular, periodistas dedicados a comentar e informar de asuntos internacionales y científicos-pandémicos, en canales de TV, fueron los más incómodos. Sí, creo, debemos otorgarles, a algunos, el beneficio de la buena fe, que se presume (ya que, la mala fe se prueba, en lo jurídico). Ellos “dan la cara”, son la imagen; pero, sus editores deciden, en el anonimato, al no ser ‘rostros de noticieros’.

Estoy cierto que, de la parte rusa, situados en Chile, comprenderán y ya conocen bien, estas curiosas vicisitudes de aclaraciones, desmentidos y precisiones post factum, en los medios de comunicación social, y tienen la experiencia para distinguir lo principal de lo secundario.

Asimismo, destaco que, algunas autoridades nacionales y algunos especialistas, doctoras y doctores de las Sociedades Científicas, siempre han tenido una mirada y una panorámica más abierta y ecuánime, aunque discreta y silenciosa, para no ser discriminados ni estigmatizados.

Y, debiera remarcar la mirada no prejuiciada que ha tenido, desde octubre de 2020, ya públicamente, el Subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, Embajador Rodrigo Yañez Benítez, convirtiéndose en un buen y confiable interlocutor bilateral ad hoc.

De allí que, sostengo que, las relaciones chileno-rusas debieran visualizarse más allá de la pionera vacuna Sputnik V, en lo que resta del actual gobierno chileno, y, sobretodo, en perspectiva de una compartida, nueva y renovada Política Exterior Chilena, a partir del viernes 11 de marzo de 2022, con la acción internacional de un nuevo Gobierno y con nuevas Altas Autoridades en nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores y, también, en el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación y en el Ministerio de Defensa Nacional.

En lo bilateral, son muy diversas las esferas potenciales del comercio y la economía; la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación; el desarrollo espacial y el uso pacífico del espacio ultraterrestre; la cooperación técnico-militar; la exploración energética y el desarrollo de nuevas energías limpias y renovables; la cooperación antártica, y, la cultura, el deporte, la salud y el turismo. Así, la existente Comisión Intergubernamental Chileno-Rusa de Comercio y Cooperación Económica debiera cumplir un rol muy cardinal y estratégico, del cual dimanen la implementación y el seguimiento de acuerdos, iniciativas, planes, programas y proyectos. Entonces, el relevante  “Acuerdo de Relaciones de Socios entre la República de Chile y la Federación de Rusia”, suscrito en Yokohama, Japón, el sábado 13 de noviembre de 2010, habrá tenido fundamentos y sentido político, con mirada de futuro. Y así también, se debieran proyectar nuestros vínculos con los otros cuatro actuales países miembros de la Unión Económica Euroasiática – UEE [en ruso: Евразийский зкономиический союз – ЕАЭС].

En lo multilateral muchas acciones y variados emprendimientos conjuntos, ante los bienes y problemas globales – y no solo en el marco de Naciones Unidas, sus órganos, sus agencias y sus programas, sino que en muchas otras instancias de los organismos y las organizaciones internacionales -, debieran contribuir para producir y propiciar un encuentro de dos miradas distantes, entre la República de Chile, de Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Claudio Arrau, Roberto Matta, Hernán Santa Cruz Barceló, Gabriel Valdés Subercaseaux, Humberto Díaz Casanueva y Clodomiro Almeyda Medina, y la Federación de Rusia, un país potencia euro-asiática, de carácter espacial, misilístico estratégico y nuclear, y Miembro Permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, como continuadora estatal de la Unión Soviética (URSS).

Este caminar se debiera fundar en la amistad, la ayuda mutua, la confianza y la cooperación, en los inicios de esta tercera década del Siglo XXI, con la perspectiva de lograr una asociación estratégica, de carácter integral, en la actual compleja arena internacional, pero en pos de la edificación cotidiana  de un nuevo mundo multipolar, en paz y con seguridad; sin agresiones (llamadas, algo eufemísticamente, ‘sanciones’); sin amenazas; sin bloqueos ni embargos; sin dobles raseros ni hegemonismos; sin injerencismo e intervencionismos en los asuntos internos de los dos países, y de otros; sin medidas coercitivas unilaterales, y, siempre, con absoluta primacía y pleno respeto del Derecho Internacional.

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