MENSAJES. Los miedos de la derecha

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Nunca hemos escuchado una opinión del TC sobre el origen ilegitimo de las normas constitucionales pinochetistas pero sí cuestiona el derecho del pueblo de cautelar el debate de la Convención “rodeándola”.

Santiago. 22/02/2021. Estimado Director

En relación a una carta publicada por La Tercera el pasado domingo 21 de febrero y suscrita por Marisol Peña, ex Ministra del Tribunal Constitucional, cabe consignar que la preocupación que sostiene no tiene mucho mérito.

De partida, su primera preocupación que expone consiste en que “rodear la Convención” sería atentar en contra de un trabajo serio y reflexivo. Tal pensamiento no lo extiende, sin embargo, a la Constitución de 1980, la cual no fue posible de “rodear” porque el constituyente, es decir, la Junta Militar tenía el control total del país. La misma Junta decretó detentar la potestad constituyente en diciembre de 1974 mediante el Decreto Ley 788, pese que jamás la tuvo, pero ¿quién le iba a decir que no si se gobernaba mediante la fuerza de las armas?

Nunca hemos escuchado una opinión del TC sobre el origen ilegitimo de las normas constitucionales pinochetistas pero sí cuestiona el derecho del pueblo de cautelar el debate de la Convención “rodeándola”.

Confunde, o al menos, pretende confundir. Afirmando que “rodear” la Convención sería una forma de impedir un “debate serio y reflexivo”. La verdad, para transparentar el debate, es que a ciertos sectores de la sociedad, les da miedo que el debate constitucional se haga abiertamente, entonces, critican la idea de “rodear” la Convención y la presentan como un acto de fuerza.

Los defensores de la Constitución de 1980, carecen de autoridad moral, al menos en el plano de criticar el uso de la fuerza como forma de generar normas constitucionales y mienten cuando intentan asociar la idea de “rodear” la Convención con el empleo de la fuerza y la presión.

Su segunda preocupación parte por alabar el proyecto de proyecto de ley que el gobierno pretende presentar para crear tipos penales para perseguir a quienes utilicen plataformas digitales para manifestar su opinión de forma, quizás, inadecuada, habría sido calificado como un atentado a la libre expresión de haber sido impulsado en Venezuela, Bolivia o Argentina. No obstante, tratándose de Chile y del gobierno de Piñera, se aplaude. Hipocresía es lo que es.

Lo que evidencia la carta de Marisol Peña es que hay algunos y algunas que quieren hacer y decir lo que quieren sin asumir responsabilidad por ello y sin ser criticados. Así de simple. Impunidad constituyente.

Cuando sectores populares se movilizan y se oponen a la hegemonía dominante, se les acusa de polarizar, politizar, etc. como lo hace la Sra. Peña en su carta. Sin embargo, cae en un error ya que históricamente, la polarización y la violencia lo ha puesto la derecha y luego culpan a los demás.

La Convención debe ser abierta, transparente, participativa, profunda, democrática, considerar todas las posiciones, pero teniendo centralidad en el interés mayoritario expresado en la soberanía del pueblo. El único miedo que muchos tenemos, y hay que transparentarlo, es que la decisión del pueblo finalmente no sea respetada por parte de las instituciones armadas. Sin embargo, para Marisol Peña, y otros y otras, es evidente que ese jamás ha sido su temor.

Carlos Arrue Puelma.

Encargado Constitucional. Partido Comunista de Chile

(Mensajes enviarlos a: elsiglo.cl@gmail.com)

 

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