La escuela chilena y el proceso constituyente

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Nuestro sistema escolar debiera prepararse para eso y convertirlo en una experiencia significativa, una oportunidad de aprendizaje, que los convierta en el futuro en buenos ciudadanos, conscientes de sus derechos y deberes; protagonistas de la política y la democracia. Constructores del Chile que viene, le pese a quien le pese. 

Hernán González M. Profesor de Arte. Valparaíso. 22/02/2021. El hecho más relevante y que va a marcar la vida de miles de niños y jóvenes en el futuro, es la discusión y aprobación de una nueva Constitución.

Nuestro sistema escolar debiera prepararse para eso y convertirlo en una experiencia significativa, una oportunidad de aprendizaje, que los convierta en el futuro en buenos ciudadanos, conscientes de sus derechos y deberes; protagonistas de la política y la democracia. Constructores del Chile que viene, le pese a quien le pese.

Lamentablemente, el actual Ministro de Educación no tiene muchas luces o está tan enceguecido por su dogmatismo y su resistencia a asumir la derrota de su sector político y la de su gobierno en el plebiscito del 25 de octubre pasado, que no se le ha escuchado decir ni media palabra al respecto.

Insiste, haciendo gala de un paternalismo decimonónico, en el retorno a clases para seguir haciendo lo mismo de siempre, como si el país no hubiese cambiado. O peor aún, como si no fuera a cambiar en el futuro. Un conservador de pura cepa.

Obviamente, la derecha y los liberales de todas las calañas, no podrían considerarlo de otro modo. Durante décadas, han venido afirmando que la Constitución es una preocupación “de los políticos”. Han intentado naturalizar esta apropiación de los asuntos del Estado en unas pocas cabezas, presuntamente más “inteligentes” o “sofisticadas” y hasta se han autoimpuesto el título de “clase política”, contando para ello eso sí con la ayuda de un sector de la academia.

En el mejor de los casos, para hacerse unos fariseos mea culpa del tenor “…la clase política no ha estado a la altura….le hemos fallado al país….etc.”. Algo puerilmente presuntuoso, pero que oculta un profundo desprecio por el pueblo, una desconfianza que no es sino clasismo.

Efectivamente, así es cuando la Constitución ha establecido una frontera tan infranqueable entre el Estado y la sociedad, resumido en el principio de subsidiariedad. Concepto machacado por el editorial del diario El Mercurio, durante décadas y que consiste en buenas cuentas en que éste se ocupe sólo de la seguridad pública y la administración de justicia, dejando todo lo demás, sujeto a los vaivenes del mercado, como si éste fuera parejo y no hubiera ricos y pobres, poseedores y desposeídos, empleadores y trabajadores, chilenos mapuches e inmigrantes y fuéramos todos iguales para él.

Desde ese punto de vista y la consideración de esa igualdad abstracta intrínseca al principio de subsidiariedad del Estado, no es tan descabellado que el Ministro Figueroa insista en un retorno a clases para seguir haciendo lo mismo de siempre, pasando la materia -como si entre octubre del 2019 y hoy, incluyendo la pandemia de coronavirus, no hubiese pasado nada- pues, justamente, ni él ni a quienes representa están entre los explotados, entre los endeudados, los desprovistos de todo, excepto las tarjetas de crédito.

Eso, para Figueroa y su círculo, no es problema del Estado y él, como autoridad, no tendría ninguna responsabilidad al respecto.

Producto del famoso “retiro del Estado” que no es sino expresión del principio de subsidiariedad, hemos sido testigos en los últimos treinta años de la mercantilización de la vida, la privatización de las relaciones sociales, el individualismo y una competitividad enfermiza que las ha hecho trizas.

Las escuelas chilenas van a tener, tienen de hecho una gran responsabilidad a este respecto aunque Figueroa parezca no comprenderlo. Precisamente el retorno a clases debiera tener ese sentido de restitución de lo social, de la pertenencia en un mundo asolado por la muerte y la enfermedad y donde el “sálvese quien pueda” ha tenido como resultado la friolera de unos treinta mil compatriotas muertos en menos de un año.

Pero eso significa que el ministerio y todos quienes tienen responsabilidad en la toma de decisiones de política educativa asuman que así como Chile decidió cambiar el 25 de octubre pasado, la escuela también tiene que cambiar para que los niños, niñas y jóvenes, protagonistas del levantamiento popular que lo hizo posible y ciudadanos y ciudadanas, trabajadores y constructores del Chile del futuro tengan en la escuela un punto de apoyo y no un obstáculo para esa hermosa tarea.

 

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