En definitiva, en América Latina se pueden abrir ventanas de expectativas con la llegada a la Casa Blanca del presidente demócrata, pero no puertas de optimismo.

El Siglo. El Editorial. 19/01/2021. No debe pasar desapercibido en América Latina la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca. No es que la evidencia apunte a que podrá haber algo realmente positivo para el continente. Es que se trata de quien comandará la política exterior estadounidense que, seguramente, continuará siendo básicamente injerencista, agresiva y hostil para la mayoría de las naciones del planeta, entre ellas las de Latinoamérica.

Ciertamente que hay un factor distinto desde Estados Unidos (EU) con la salida del ultraderechista Donald Trump que, entre otras cosas, hizo todo lo posible por incrementar medidas arbitrarias, criminales, desestabilizadoras e inhumanas contra Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y metió las narices en otros países. Un mandatario que promovió la supremacía blanca, el nacionalismo extremo, la violencia ultraconservadora, el racismo, la mentira, las políticas antimigrantes más inhumanas, y golpeó permanentemente el sistema institucional estadounidense. Además, fue responsable de cientos de miles de muertes y graves afectaciones a la población de su país al no adoptar las medidas necesarias frente a la pandemia del Covid-19.

Es factible pensar o esperar que mucho de aquello se reduzca, se mitigue o desaparezca con la administración de Biden. Algo que está por verse. Son inmensos los problemas internos de EU, agravados con niveles de pobreza, desempleo y desprotección social. Quizá mejoren los planes anti Covid-19. Habrá que ver qué podrá hacer el nuevo gobierno para recomponer las cosas en una deteriorada y deslegitimada democracia formal que definitivamente debió dejar de ser un ejemplo.

Para América Latina no es mucho lo que se podría esperar. Pudiera existir la expectativa de que, en cuanto a Cuba, se retomen las medidas y criterios del gobierno de Barack Obama y se reviertan las acciones agresivas de Trump. Pero es más que presumible que Biden seguirá la línea de injerencia y presiones hacia la isla, se mantendrá el bloqueo y situaciones como el financiamiento desde entidades estadounidenses a grupos anticubanos y contrarrevolucionarios. Todo apunta a que se persistirá en las acciones en contra de Venezuela y el proceso bolivariano. Así también, hostilidades y medidas restrictivas hacia gobiernos progresistas y de izquierda de Latinoamérica. En año de elecciones y posibilidad de reelección o llegada de gobiernos de izquierda, Washington pondrán ojo en Nicaragua y Ecuador.

Así también, es muy probable que no cambien las tesis y las estrategias militares y de seguridad regional que tiene EU y Biden no hará modificaciones. Las operaciones encubiertas, antidrogas, militares de Estados Unidos van a seguir en América Latina con todos los peligros que eso implica.

Es esperable que existan cambios desde la Casa Blanca en cuanto a la relación con China, pero no al punto de despreocuparse de seguir haciendo todo por mantener la hegemonía comercial y financiera hacia América Latina.

Será muy sensible lo que pueda ocurrir en cuanto a los migrantes, sobre todo cuando en los días que asume el nuevo mandatario, se produjo una caravana de miles de hondureños transitando hacia Estados Unidos con la esperanza de poder ingresar. Habrá que ver qué pasará con los acuerdos migratorios con México.

También, aunque esto tiene una escala mundial, se podrían esperar decisiones de Joe Biden que tengan que ver con la protección del medio ambiente y de una vez sumar a su país a las medidas urgentes.

En definitiva, en América Latina se pueden abrir ventanas de expectativas con la llegada a la Casa Blanca del presidente demócrata, pero no puertas de optimismo.

 

 

Deja una respuesta