Distorsiones, omisiones, curiosidades, diferenciaciones.

Gonzalo Magueda. Periodista. Santiago. 04/01/2020. Desde vocerías de tradicionales personeros políticos de la ex Concertación, en sintonía con medios de prensa conservadores, se estableció una premisa distorsionadora cuando se sostuvo que este fin de semana “fracasó” la idea de una lista única de la oposición para la elección de convencionales. Resulta que las dos listas ya existían cuando los ex concertacionistas convocaron a una reunión para discutir su idea de una sola. Desde hace al menos dos semanas estaban instaladas las listas de Unidad Constituyente y de Chile Digno y el Frente Amplio.

Hay consideraciones de forma y de fondo. Teniendo en cuenta que la opinión pública sabe que dirigentes concertacionistas son expertos en presentar un menú apetitoso y cuando llegan los platos el contenido es menos de lo prometido, vía argumento de “en la medida de lo posible”, el “realismo” o la “letra chica”.

Una primera consideración, es que los personeros de Unidad Constituyente debieron, cuando menos, convocar a una reunión a Chile Digno y el Frente Amplio en la lógica de pasar de dos a una lista. Era elemental. Curiosamente, los voceros y los medios, solo apuntaron hacia el Partido Comunista (PC) que, por lo demás, tenía y tiene un compromiso con Chile Digno y el Frente Amplio.

Es curioso también que en las notas de prensa de los medios hegemónicos sobre este tema, se haya olvidado, por ejemplo, que en Revolución Democrática (RD) se votó si se quería un acuerdo con Unidad Constituyente (la ex Concertación) o con Chile Digno, y la mayoría de los militantes marcaron a favor de esta última opción.

Con cierta habilidad muñequera y mediática, y con una pauta de prensa a su favor, los tradicionales personeros se erigieron como los “unitarios”. Claro que a los ojos del movimiento social y de la ciudadanía resulta cuando menos suspicaz que este “esfuerzo unitario” lo quisieran levantar políticos como Álvaro Elizalde, Heraldo Muñoz, Fuad Chahín y Carlos Maldonado, representantes duros de lo más tradicional de la Concertación y de un espacio político rechazado y cuestionado con mucha fuerza en la revuelta social y después en los resultados del plebiscito.

Es increíble que se haya montado una escena donde el PC aparecía como decisivo para que hubiese lista única, como el punto gravitante para que la oposición fuera unida o no. ¿Desde cuándo para los socialistas, pepedistas, radicales, socialdemócratas, liberales y democratacristianos son tan decidores los comunistas? ¿Por qué no le dieron esa incidencia cuando el PC insistía en cumplir el programa de la Nueva Mayoría o en las votaciones en el Parlamento de proyectos transformadores? ¿Por qué no expresaron aunque fuese un mínimo respeto político cuando se posicionó Daniel Jadue como candidata presidencial?

No puede pasar desapercibido que la reunión convocada por las fuerzas hegemónicas de la socialdemocracia y los democratacristianos haya sido, en efecto, cuando ya existía otra lista que, por lo demás, asoma competitiva. Y que insistieran más que en los contenidos para un acuerdo, en que si concurrían o no los comunistas, despreciando de paso, a otros actores políticos y sociales. Y al final del día, quedaron los ex concertacionistas como los unitarios y los “hombres buenos” y el PC como el que boicoteó la unidad. Huele raro. Llama la atención o resulta curioso, que en estos días se instala que los presidentes del PS, el PPD, la DC y el PR son los paladines de la unidad de la oposición. ¿Creerá eso el movimiento social y la ciudadanía?

Hay, por lo demás, otro asunto de peso. Desde hace meses que distintos dirigentes opositores plantearon que en Chile hay varias oposiciones. Francisco Vidal, ex ministro concertacionista, dijo que eran cuatro o cinco. Personeros como Heraldo Muñoz y Fuad Chahin se cansaron de establecer distancia ideológica y política con el PC y la izquierda. En lo sustancial (comprobado en votaciones en el Parlamento, en posturas anti reformas y contenidos que ya se adelantan de la nueva Constitución) hay diferencias en el proyecto-país entre Unidad Constituyente y Chile Digno y el Frente Amplio. El primer conglomerado, inclinado a posiciones sistémicas, coincidencias con la noción empresarial y privatizadora, valorador de factores “positivos” del actual modelo económico y de la institucionalidad vigente, opuesto a transformaciones profundas y de corte popular y de derechos sociales garantizados; varios de sus representantes, por ejemplo, son reacios a condenar el neoliberalismo. El segundo conglomerado, planteándose como opción antineoliberal, antisistémica, de promoción de reconfiguración profunda del cuadro institucional y político, estableciendo explícitamente el papel regulador del Estado y un nuevo modelo de desarrollo. ¿Había que pasar por alto tales diferencias programáticas y de mirada del proyecto-país? ¿No habría sido el mismo estilo de hacer política que impuso la Concertación durante 30 años?

Hay otro tema que queda en la nebulosa. ¿Cómo iba a quedar conformada en cada distrito esa lista única? Claro, ahora, en teoría y ante el intento fallido, personeros como Elizalde, Muñoz, Chain y Maldonado dirán que iban a ser súper generosos. Considerando que por el sistema distrital de elección de convencionales, donde hay distritos con tres o cuatro elegibles, otros con seis, ¿se puede creer que los ex concertacionistas iban a renunciar a tener asegurados los mejores puestos y apostar a elegir a la mayor cantidad de los suyos? ¿Alguien podría pensar que el PS o la DC iban a renunciar a candidaturas para beneficiar al PC, a Comunes o a Acción Humanista? Un solo ejemplo: cuando el PC planteó en conversaciones electorales que se le garantizara una gobernación (candidaturas a gobernadores), todos los dirigentes de la ex Concertación se negaron y salieron a cuestionar a los comunistas porque estaban pidiendo “blindaje”. Pero ellos, que se quedan con la mayoría de las 16 gobernaciones, no blindaban nada…Se supone que en ámbitos políticos y de la opinión pública no puede seguir existiendo un nivel de ingenuidad de hace 10, 20 o 30 años.

Toda la evidencia apunta a que en el arco opositor hay diferencias trascendentales en cuanto al proyecto-país y los contenidos de la nueva Constitución. Sobran los ejemplos en que en materias de reformas sociales, económicas e institucionales, representantes del PS, la DC, el PPD y el PR votaron junto a la derecha y las posturas del empresariado; durante el gobierno de la Nueva Mayoría varios ministros, legisladores y dirigentes de esas colectividades torpedearon y boicotearon el programa de reformas, incluso ya acordado. Y algunos de ellos, por lo demás, hoy están en el campo de la derecha. También es claro que fuerzas de izquierda y democráticas han reafirmado y consolidado posturas antineoliberales, de profundas transformaciones estructurales y de cambio de las normativas institucionales en el país. En definitiva, hay diferenciaciones nada menores al interior de la oposición que se materializan ahora en un tema tan trascendente como la discusión de la nueva Constitución.

Y si se quiere unidad, la posibilidad está a la mano. En la Convención Constitucional votar por las transformaciones estructurales, el antineoliberalismo, un Estado regulador, un nuevo modelo de desarrollo e irrenunciables derechos sociales. ¿O ahí algunos volverán a votar de la mano con la derecha?

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