La recuperación debe producirse con apoyo de políticas macroeconómicas, en primer lugar de las fiscales. La política fiscal en la coyuntura existente debería conducir a un incremento en la inversión pública.

Hugo Fazio. Economista. CENDA. 21/12/2020. El Mercurio, en su análisis semanal de Temas Económicos, entregó su visión titulándola “Estrategia fiscal futura”. Bastante en línea con la seguida por el Ejecutivo que se propone, luego de los incrementos en el gasto público de 2020 y 2021, entrar a una fase de consolidación fiscal. “Más temprano que tarde -subrayó el diario de los Edwards- el Estado deberá iniciar un proceso de normalización que incluya la recomposición de holguras en el mediano plazo reconociendo nuestra distancia con el mundo desarrollado“(12/12/20).

Esta diferenciación la efectúa, lo que es poco usual en la línea editorial histórica del diario, considerando habitualmente que lo que se haga en EEUU constituye los ejemplos a imitar. Lo hace para diferenciarse de la política fiscal seguida en EEUU para enfrentar la pandemia, así como las consecuencias provocadas por las resoluciones de políticas públicas acordadas. “2020, un rápido acuerdo bipartidista para hacerse cargo de la emergencia sanitaria -describió- significó un aumento en los desembolsos fiscales cercanos al 10% del PIB, lo que llevó a que en el segundo trimestre el gasto creciera en 21,2 puntos respecto del periodo precedente, alcanzando el 54,8 % del PIB. (…) el actual esfuerzo fiscal implicaría el incremento del déficit a niveles no observados desde la posguerra, sin que esto haya sido acompañado de alzas de los niveles de precio de abril y mayo, la variación anual del IPC estadounidense consignó un 0,5% (…).  Si bien -agregó- en el tercer trimestre anotó variaciones a doce meses ligeramente mayores, la inflación se ha mantenido por debajo de su objetivo. A su vez, las tasas (de interés) reales han seguido históricamente bajas”.

Lo considera un “referente inapropiado” porque “este escenario está siendo utilizado por expertos para plantear extender los estímulos fiscales más allá de la pandemia”, dado que con niveles de interés bajos sería recomendable “aumentar la deuda del Estado para financiar proyectos que impulsen la competitividad y la productividad a largo plazo”. Aprovechar las bajas tasas de interés es necesario si se quisiera efectivamente enfrentar a fondo las consecuencias de la pandemia y contribuir a sacar al país del contexto recesivo en que se encuentra. Las dificultades para lograrlo, como mostró el retroceso experimentado en octubre, cuestiona el proceso de recuperación seguido.

La recuperación debe producirse con apoyo de políticas macroeconómicas, en primer lugar de las fiscales. El presidente del Banco Central, Mario Marcel explicó que la proyección de crecimiento efectuada en el IPoM de diciembre descansó prioritariamente en hechos al margen de la aplicación de políticas. “Si la economía simplemente se mantuviera en el mismo nivel de PIB en el cual terminaríamos este año -señaló-, habría un crecimiento cercano al 5% el próximo año. Esto- explicó- porque se estaría comparando con una base que incluye toda la caída pronunciada de actividad que tuvimos entre marzo y mayo. Si a eso le agregamos el efecto del retiro de fondos sobre el consumo y la actividad, que para el segundo retiro lo estimamos en alrededor del 1% del PIB, ya se va acercado al 6%. Simplemente -concluyó- por la propia mecánica de estas cosas se tiende a generar estas cifras más positivas” (14/12/20). Desde luego esto no sería reactivación económica, sino solo recuperación de ella a partir de un nivel de referencia muy inferior.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, en entrevista concedida a periódicos con presencia en América Latina, llamó a que los países que tienen margen de maniobra fiscal, entre los cuales mencionó a Chile, los usen, que hagan más. “Es muy importante – explicitó- que sigan apoyando a las empresas y a las personas hasta que haya una salida duradera a la crisis sanitaria. Y eso tardará tiempo, porque la vacunación no es como tomar café en sobre, no es instantáneo. Es un proceso que tarda tiempo en desplegarse (…). No suspendan el apoyo – recomendó – hasta que se supere la crisis sanitaria. Hay un riesgo real de que en muchos países la recuperación 2021-2022 sea en forma de K, con los formados, generalmente vinculados a lo digital, volviendo rápidamente a la situación previa a la crisis, Y a los menos formados y menos conectados digitalmente quedándose atrás“.

Luego insistió: “Primero, el apoyo público debe ser mejor dirigido a los grupos sociales más golpeados, sobre todo a los trabajadores afectados y a los desempleados. Segundo. América Latina tiene un problema de inversión en educación. Y, en general, los países tienen que plantearse si sus sistemas fiscales son lo suficientemente progresivos” (16/12/20). En el caso del país es claramente regresivo, dado que se financia en proporción mayor de impuestos indirectos como el IVA. Y debe, además, recordarse la reciente discusión presupuestaria donde el Ejecutivo propuso reducciones en recursos para la educación.

Marcel considera que la proyección del Banco Central de crecimiento el 2021 no se modificará mayormente con las medidas de confinamiento en vigencia a partir del 10 de diciembre, ya que son de una magnitud “pequeña en el contexto de todo un año, pero es un antecedente que refuerza el sesgo a la baja en las proyecciones de crecimiento que significa una mayor posibilidad de ubicarnos en la parte inferior del rango”. Por tanto, a los pocos días de darse a conocer la proyección de crecimiento para el 2021 ya no es entre 5,5% y 6,5%, sino se ubica más cerca del 5,5%. ¿Y esta sería la única corrección que se debería hacer o deberían efectuarse otras si se adoptan medidas sanitarias que afecten la actividad económica? Hasta ahora la pandemia y las determinaciones adoptadas para enfrentarla han constituido factores determinantes en su evolución.

La política fiscal en la coyuntura existente debería conducir a un incremento en la inversión pública. No ha sido así. Hasta octubre, de acuerdo a cifras de la Dirección de Presupuestos, ella experimentó una reducción en relación al año anterior de 10,5%. Porcentualmente, las mayores disminuciones se dieron en los ministerios de Salud (26%) y Educación (25,9%). El único que aumentaba era el MOP (+1,4%). El gasto público está concentrado en cinco ministerios: MOP (46%), Salud (18%), Interior (17%), Minería (11%) y Educación (2%). “Tal como lo dijimos en el debate del presupuesto -señaló Jorge Pizarro, presidente de la comisión de Hacienda del Senado-, se deben tomar medidas para acelerar la ejecución de la inversión pública. El MOP para el 2021 tiene un 30% de lo acordado que no se va a poder ejecutar a este ritmo. Es preocupante -concluyó- la insuficiencia gubernamental en la ejecución de la inversión pública.” (14/12/20).

Entre las medidas adoptadas para enfrentar las consecuencias de la reducción en los niveles de actividad estuvo la implementación del Fondo de Garantía para Pequeños y Medianos Empresarios (Fogape). Sin embargo, cuando ya debe comenzar a cancelarse las primeras cuotas de los créditos otorgados y dado que el proceso de recuperación ha sido lento y existen incluso sectores que todavía no tienen actividad, son muchas las compañías que no se encuentran en condiciones de cancelar lo acordado y plantean su aplazamiento. Mario Marcel constató que no se sabe la situación concreta que enfrentan y si “se concentran muchas obligaciones en el periodo de menor capacidad de pago de los deudores que no están en condiciones de asumir”.

Todos los elementos disponibles conducen a considerar un error partir del supuesto mercurial “de que el pronto arribo de la vacuna permite anticipar el fin de la crisis sanitaria. El desafío logístico de vacunar a la población rápidamente -agregó- deberá ser entonces acompañado por la normalización de las señales de gastos y liquidez”. Actuar así sería nefasto. Las medidas monetarias y fiscales deben mantenerse como señala el FMI hasta el momento que la crisis de señales claras de estar en retirada.

“Hoy tenemos -resumió el presidente del Banco Central- una política monetaria con tres instrumentos: la tasa; la orientación de la política monetaria, que de una señal de persistencia de la tasa en esos niveles; las medidas no convencionales de estímulo al crédito y compra de activos para aportar liquidez”. Este esquema de política debe ser sometido a un análisis crítico. Con mayor razón cuando en la perspectiva de la reforma constitucional se ha hecho un panegírico del desempeño en estos años del instituto emisor, que además se considera inmodificable.

La tasa de interés baja como elemento anticíclico en momentos como los actuales ha tenido interna e internacionalmente un efecto marginal. No constituye una crítica nueva, ya lo planteó en su tiempo Keynes señalando que ellas tienen un efecto asimétrico y que depende de la “sensibilidad “de la inversión para reaccionar a la modificación de las tasas de interés, las cuales como ya hemos señalado importantes bancos centrales la mantienen inmodificadas por largos periodos.

La asimetría se refiere a que sus posibilidades de éxito son muy elevadas cuando se trata de constreñir la actividad económica. No así, en cambio, en las fases de bajo crecimiento, como lo comprueba con creces el largo periodo con que el banco central mantiene lo que ha denominado su “mínimo técnico”, que es una tasa negativa en términos reales, transformada en los hechos en una operación sumamente ventajosa para los bancos comerciales que son quienes acceden a ellos. Los bancos comerciales también son beneficiados con la adquisición de los bonos de deuda colocados en el mercado. En las operaciones financieras de liquidación de activos a efectuar por las AFP para concretar el nuevo retiro del 10% del fondo de pensiones, el banco central para facilitar este proceso y hacerlo atractivo antes que se iniciara el giro de los fondos anunció que estarán vigentes los mecanismos que ya estableció en la ocasión anterior: la ventanilla de compra al contado con venta a plazo (CC-VP) y la adquisición con descuento de depósitos a plazo. “Es decir – señaló Marcel-, un proceso de ajuste de cartera muy grande para que se pueda hacer sin tensionar innecesariamente los mercados financieros”.

Por su parte, la Reserva Federal estadounidense, teniendo siempre presente la importancia de la política fiscal, reiteró la continuidad de su decisión de adquirir activos financieros y tasas de interés cercana a cero, “hasta que se haya avanzado sustancialmente hacia los objetivos de empleo masivo y estabilidad de precios del Comité” (17/12/20), en consonancia con los cambios introducidos en su gestión monetaria. Seguirá adquiriendo al menos US$120.000 millones en bonos mensualmente, US$80.000 millones fiscales y US$40.000 millones en hipotecarios. La tasa de desempleo al finalizar el año sería de 6,7%, para reducirse en los siguientes de acuerdo a sus proyecciones.

Uno de los fantasmas con que se amenaza reiteradamente al efectuarse políticas fiscales expansivas son los efectos que se supone tendría en el aumento de la deuda pública. “(…) en los últimos años -comentó Paul Krugman- hemos aprendido mucho sobre la deuda pública, tanto que Olivier Blanchard, el eminente execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional habló de un cambio en el paradigma fiscal. Y el nuevo paradigma da a entender que la deuda pública no es un gran problema y que lo verdaderamente responsable es que el Estado se endeude para los fines adecuados“. Y hacerlo para revertir consecuencias negativas para enfrentar la pandemia y recuperar la economía son, sin duda, “fines adecuados”.

“Resulta crucial ser conscientes -subrayó Krugman- de que el mundo ha cambiado: las tasas de interés son mucho más bajas que en el pasado, y todo indica que seguirán manteniéndose bajas durante años. Un indicador clave es el tipo de interés real de los bonos del Tesoro de largo plazo, es decir la tasa de interés menos la inflación. El tipo de interés de los bonos a diez años se situó (…) en torno al 4% en la década de 1990, a lo largo de la última década ha estado en general por debajo del 1% y en algunos momentos ha llegado a ser negativo. El sector privado – añadió – no parece ver muchas oportunidades de inversión productiva y los ahorradores que no tienen otro lugar al que acudir están dispuestos a comprar deuda pública, aunque no les ofrezcan intereses elevados” (05/12/20).

 

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