Las consecuencias de las sanciones, el bloqueo, la pandemia.

Karla Díaz Martínez. Analista. 12/220. Este domingo 6 de diciembre en Venezuela se desarrollaron las elecciones parlamentarias. Se trata de la contienda electoral número 25 en 20 años.

Los resultados oficiales dan cuenta de 30,6% de participación (6.251.080 votos válidos), en un país habituado a mostrar, aparte de muchas elecciones, importantes porcentajes de participación. El resultado parcial (98,63% de votos escrutados) emitido este lunes, indica que el Gran Polo Patriótico (coalición de gobierno) obtuvo 4.277.926 (68,43%.), los partidos de oposición (AD, Copei, Cambiemos Movimiento Ciudadano, Avanzada Progrsista, El Cambio)  obtuvieron en conjunto 1.950.170 (17,52%). Después, otro sector de la oposición, Venezuela Unidad: Primero Venezuela y Voluntad Popular llegaron a 259.450 votos (4,15%), y el Partido Comunista de Venezuela, que esta vez participó fuera del Gran Polo Patriótico y con una postura crítica al gobierno, logró 168.743 (2,7%); otros 6,48%.

Algunas reflexiones a partir de estos resultados. El porcentaje de participación fue de 30,6%, reducido, pero no se puede pasar por alto, en primer lugar, que las elecciones parlamentarias no son las que más convocan en Venezuela. Ya en 2005, cuando la oposición se retiró a última hora de la elección parlamentaria y llamó a no participar, el porcentaje de electores llegó apenas al 25%. Menos del 30,6% de ahora.

Segundo, en esta oportunidad, un sector opositor, vinculado a las sanciones y el bloqueo que se impone a Venezuela, no participó y llamó a no votar. Toda la fragmentación de la oposición entre los que participan de la elección y los que no, la secuencia de fracasos en los intentos de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro, la ficción generada en torno a Guaidó, que conserva alguna existencia en el exterior y los medios de comunicación, pero que no tiene asidero alguno a lo interno de Venezuela, son todos factores de desmovilización de la base social opositora, que participó poco esta vez.

Tercero, el contexto de pandemia global, que infunde temor en una población que tiene 9 meses con medidas de confinamiento, ha causado estragos en todo el mundo. Más allá de que el manejo de pandemia por parte del gobierno y la población venezolana muestra resultados positivos en relación a  otros países.

Pero en definitiva, la principal razón de este porcentaje de participación es la crisis feroz que afecta al pueblo venezolano. Las consecuencias de las sanciones, el bloqueo y las agresiones que vive Venezuela hace ya largos años, en estos días son de enormes proporciones.
Todos los aspectos de la vida cotidiana se ven afectados. El acceso a servicios básicos (agua, luz, gas, Internet, TV por cable), el encarecimiento de productos, fundamentalmente alimentos y medicinas, la dolarización de facto de la economía, el aumento constante de precios inclusive los fijados en dólares, a lo que se suma en los últimos meses la escases de gasolina (bencina).

El conjunto de sanciones que se han impuesto ilegalmente a Venezuela por parte de EEUU, la Unión Europea y otros países generan un impacto directo en la economía nacional, imposibilitando al Estado la importación de bienes de primera necesidad, entre ellos, alimentos, medicinas e insumos necesarios para garantizar para la salud y los servicios de salud. Además, apuntan a la prohibición para importar bienes y servicios necesarios para la garantizar el normal desarrollo de las actividades económicas del país, como son insumos industriales y servicios financieros (Sures, 2019). Sanciones que se han mantenido e incrementado durante la pandemia, incumpliendo recomendaciones de  organismos de derechos humanos que han solicitado reevaluarlas en este contexto.

La afectación de la calidad de vida del pueblo venezolano es la consecuencia principal de las sanciones, el aislamiento y el asedio a Venezuela, se trata de una estrategia con múltiples propósitos. Que la población responsabilice al gobierno de la crítica situación, que el pueblo aspire un cambio de cualquier tipo con la expectativa de mejorar la situación, promover la emigración de venezolanos/as para complementar la crisis, particularmente la “fuga de cerebros” y de emigración de trabajadores y trabajadoras calificadas.  

Pero, sin duda, que uno de los propósitos de la crisis es depolitizar a una población que ha desarrollado en los últimos años no sólo conciencia política sino que se ha empoderado del quehacer político y que ha materializado la democracia participativa de la que habla la Constitución. Los altos niveles de organización, la diversidad de organizaciones y colectivos organizados vigentes, las estructuras territoriales activas, Consejos Comunales y Comunas, así como la alta participación en procesos electorales dan cuenta de ello.

Cuando se tiene que invertir mucho tiempo, recursos y energía en resolver las dificultades de la vida cotidiana, en el ámbito de lo privado, se deja de poner fuerzas en el ámbito de lo público: lo político.

Es por eso que esta vez, el pueblo venezolano ha mostrado, nuevamente, su vocación democrática y cultura participativa, y el 30,6% de participación denota que a pesar de las enormes dificultades y las complejidades diarias que representa la crisis actual, se hacen enormes esfuerzos por sostener los espacios políticos logrados, y que más allá de la mediática internacional instaló que en Venezuela rige una “dictadura”, la participación del pueblo en estos comicios es parte de la lucha por mostrar al mundo que hay una democracia viva y que es un pueblo amante de la paz que exige respeto de su soberanía para la conducción de su propio destino.

 

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