Cayó el hombre de “Los Coroneles”, el ex alcalde de Pinochet, el duro que salvaría a Piñera. No pudo hacer lo que quiso porque en democracia se pueden cuestionar ciertas actuaciones.

Gonzalo Magueda. Periodista. 03/10/2020.  No le quedó más remedio a Víctor Pérez, hombre subordinado a “Los Coroneles” de la Unión Demócrata Independiente (UDI), que renunciar al cargo de Ministro del Interior que ocupó fugazmente unos tres meses, ante la abrumadora mayoría parlamentaria que respaldó la acusación constitucional en su contra. Es falaz el argumento del Presidente Sebastián Piñera, personeros de la derecha y editoriales de medios tradicionales y conservadores de que todo esto se trata de una oposición obstruccionista o de episodios que malogran “la vida política”; lo que está detrás son las tesis y las acciones de Pérez quien claramente respaldó a Carabineros en su accionar represivo, tuvo nula real preocupación por la violación a los derechos humanos (como ocurrió con él durante la dictadura), solidarizó con una paralización de camioneros desestabilizadores, fue pasivo ante acciones agresivas de ultraderechistas y prepotente ante la manifestación popular. Fueron sus actuaciones como titular de Interior lo que terminó de pasarle la cuenta, habida advertencia de que era un leal funcionario de la dictadura y uno de los ultraconservadores de la UDI, a cargo de un periodo tan complejo como el que vive Chile con la extensión de la manifestación social y una pandemia de efectos sociales, humanos y económicos.

Una derrota de la derecha dura y pinochetista

Sebastián Piñera nombró a Víctor Pérez en Interior en la idea de recurrir a los personeros más duros de la derecha y experimentados en prácticas autoritarias. Además, que tuviera nexos históricos con Carabineros, en tanto fuerza represiva activa en estos meses, y “no le temblara la mano” ante la necesidad de reprimir la continua y extensión protesta popular y movilización ciudadana.

Un hombre que viene del grupo ultraderechista de “Los Coroneles” de la UDI, que fue destacado militante del golpista Partido Nacional, amigo y colaborador del centro de torturas y desapariciones de Colonia Dignidad, alcalde designado por Augusto Pinochet, funcionario y colaborador de la dictadura, amigo de altos mandos de las Fuerzas Armadas y Carabineros, defensor acérrimo de la Constitución que casi el 80% de los chilenos quieren cambiar y un hombre leal a la doctrina conservadora, neoliberal y autoritaria de la derecha más tradicional.

Todo eso Piñera lo sabía. Es más, en su momento, hace muchos años, Pérez fue un enemigo del actual Presidente porque éste integraba la “Patrulla Juvenil” que se autorepresentaba como “derecha democrática”. Pero este 2020 los atributos más conservadores y autoritarios del ex senador de la UDI era lo que el mandatario necesitaba para encarar la crisis del país y mostrar un gabinete integrado con los más conspicuos representantes de la derecha.

Pero Víctor Pérez, a diferencia de los tiempos de la dictadura, no pudo hacer lo que quiso. Sus actuaciones y posiciones, en democracia, podían ser cuestionadas y revisadas e incluso sometidas a una acusación constitucional, como las que él respaldó contra ministros de Salvador Allende que fueron sacados sucesivamente de sus puestos.

Por eso, la suspensión del ministro del Interior, al aprobar la Cámara de Diputadas y Diputados la acusación constitucional en su contra, significó en términos políticos una derrota de la derecha pinochetista, de sus tesis y prácticas. En corto, el libelo contra Pérez tuvo su basamento esencial en el respaldo que le dio a un segmento del gremio de los camioneros cuando realizaron un paro desestabilizador, no impedir acciones represivas y criminales de Carabineros y no aplicar el derecho a la igualdad ante la ley, dejando en la desprotección a ciudadanos con ideas y manifestaciones opuestas al gobierno.

Eso en términos formales, expresado en la acusación promovida por congresistas. En términos políticos concretos, Pérez operó con las tesis y procedimientos seguidos durante la dictadura y defendidos y promovidos por el actual gobierno y amplios sectores de la derecha. Eso lo llevó al fracaso, no que la oposición ande buscando generarle problemas al gobierno. Los problemas se los busca el gobierno.

Por lo demás, siempre fue anómalo el nombramiento de Víctor Pérez dado su historial como funcionario del régimen militar, protagonista en espacios oscuros vinculados a violaciones a los derechos humanos, amigo a ciegas de Carabineros, formateado en el diseño represivo como respuesta a la protesta social, miembro del club ultraderechista de la UDI y feroz enemigo de la izquierda y los movimientos sociales.

En países europeos con las llamadas “democracia modernas”, un tipo de las características de Víctor Pérez jamás podría ser ministro del Interior u ocupar un alto cargo en el Estado. Esas situaciones ocurren solo en países como Chile donde las responsabilidades políticas históricas no se pagan o no se asumen (salvo los conocidos casos de dignos demócratas) y la hipocresía política es un don o, cuando menos, una característica sin costo alguno.

Pero esta vez, debido a la gestión parlamentaria, la evidencia, las pruebas y los contenidos constitucionales, Víctor Pérez tuvo que asumir su responsabilidad por sus actos y sus dichos. Aunque evadió una parte del proceso que le tocaba, porque renunció y no se atrevió a enfrentar la acusación constitucional en el Senado.

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