Miguel Davagnino: El auge del teatro, del cine, de las artes

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“Quimantú”, “Dicap”, Tren de la Cultura, Orquesta Sinfónica Infantil, el muralismo, la cultura y las universidades.

Miguel Davagnino. Creador cultural y conductor del programa “Nuestro Canto”. 04/09/2020. La vida es una sucesión de hechos, habitualmente irrepetibles. Jamás un momento es igual a otro.

“Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Heráclito.

Los Molinos de Viento que achicaban el agua desde los pozos, a costo cero, (salvo la inversión inicial) para surtir de agua las casas de Quilpué y el Belloto, al interior de la Región de Valparaíso, ya no están.

Apenas queda uno como imagen institucional de la comuna de Villa Alemana. Fueron reemplazados, primero, por bombas de achique eléctricas y luego, con el crecimiento poblacional, eliminados y reemplazados por el sistema de agua potable de las grandes empresas.

Sin embargo otros molinos aparecieron en la geografía chilena, como antes en otras partes del mundo. Éstos no achican agua, producen energía eléctrica, aprovechando aquella otra gratuita que proporciona el viento.

Se me ocurre una comparación entre Nostalgia y Tradición.

La Nostalgia es esa “felicidad triste” que nos lleva a recordar momentos felices del pasado que no se repetirán y que sólo producen una tristeza momentánea. Es el caso de los viejos Molinos de Viento, con el recuerdo de la imagen de sus torres y las aspas haciendo girar su estructura metálica que no volveremos a ver y que se vinculan con bellos momentos de nuestra infancia o juventud.

La Tradición, en cambio, es esa línea de comunicación que, en diferentes ámbitos de la vida, el arte, los ritos, las costumbres, nos habla de la noción de cultura de los pueblos.

La nostalgia muere con el recuerdo y nos entristece. La tradición nos trae los registros, la enseñanza de nuestra historia y nos da una base sobre la que, adecuar esa historia a los tiempos actuales.

Entonces, el recuerdo de aciertos y errores del pasado, son parte de una mixtura que, si ponemos atención y evitamos nuevos errores, nos señala caminos a seguir para continuar tareas que quedaron inconclusas.

Es lo que imagino cuando recuerdo que hace 50 años, los chilenos accedimos a un Chile más justo, en el que, la educación, el pan y el arte estaban al alcance de todos.

La Unidad Popular fue el intento de concretar las aspiraciones de la mujer y el hombre sencillos de una vida digna. Sueño de largos años y de luchas de generaciones. Un sueño que, precisamente, por los logros que logró alcanzar en los mil días el gobierno del Presidente Salvador Allende, destruyeron los enemigos del pueblo que se beneficiaba con esos logros.

Fue una derrota momentánea, no un fracaso como pretenden mostrar quienes hoy posan de demócratas y arrasaron con la democracia y con miles de vidas.

A 50 años de aquello, no es posible repetir esa maravillosa experiencia. La Unidad Popular fue el producto final de un crecimiento sostenido de organización política y social. De la madurez política adquirida por la población.

Otra cosa es retomar aquellas ideas y acciones de la UP, que se construyeron a su vez, sobre el hilo conductor de la tradición de las luchas obreras del norte, con Luis Emilio Recabarren a la cabeza, y adecuarlas a la realidad actual.

El estudio, la educación son fundamentales en esto, como lo son, también, el conocer y valorar las manifestaciones del arte y de nuestra cultura.

Me parece que debemos preguntarnos y estudiar, por ejemplo:

Cómo fue posible el acceso a libros al valor de un paquete de cigarrillos y con ediciones de 50 mil ejemplares que se vendían en los quioscos de diarios y había que apresurarse a adquirirlos porque se agotaban en pocas horas. Las estadísticas hablan de 12 millones de ejemplares publicados. Los chilenos leíamos. El papel de la editorial Quimantú en ello tiene que estudiarse.

Preguntarnos e indagar también: Cómo se alcanzó tal nivel de calidad en la música popular que adquirió el porte internacional que mantiene hasta hoy, donde los nombres de Violeta Parra, Margot Loyola y Víctor Jara, encabezan una larga lista de exitosos y exitosas cantantes y músicos. Sus discos se adquirían a precio razonable, gracias a la existencia del sello grabador “Discoteca del Cantar Popular”, DICAP.

Y sobre la promoción de la actividad musical en los niños y jóvenes con la creación de orquestas, como, por ejemplo, aquella inolvidable primera Orquesta Sinfónica Infantil de Chile y Latinoamérica, creada por el Maestro Jorge Peña Hen, formada en su mayoría por niños de escasos recursos que el Maestro Peña buscó en las escuelas más pobres de La Serena. El profesor Peña Hen fue asesinado por la dictadura en octubre de 1973.

También investigar: Cómo se hermosearon y colorearon las ciudades con el auge de los murales que entusiasmó a nuestro gran pintor Roberto Matta quien viajó a Chile a difundir sus enseñanzas entre los grupos de jóvenes brigadistas.

Y estudiar sobre el auge del teatro, del cine, de las artes en general que llegaban a todo Chile, como esa maravillosa experiencia del Tren de la Cultura que, en 1971 trasladó a artistas de diversas disciplinas por más de mil kilómetros al sur de Santiago, llevando su arte a pueblos que, por primera vez, tuvieron acceso a esas manifestaciones.

Preguntarnos y estudiar sobre el rol que tuvieron las universidades en el financiamiento de acciones de arte y cultura, fuera del aula, en las calles, las poblaciones, las industrias; y la preocupación por el desarrollo de las artes en las organizaciones sindicales.

A 50 años del triunfo de la UP, la obligación de quienes vivimos esa realidad es traspasarla a esas nuevas generaciones que desean un mundo mejor. La de éstas, estudiar, discutir, confrontar ideas para adecuar aquellas experiencias al presente, en busca de una nueva oportunidad para que ese Chile que queremos sea posible.

 

 

 

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