Chile: El calvario de la educación, la salud y la vivienda

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Un claro signo es la agudización -por eso calvario- de la cruda realidad que afecta a millones de seres humanos que habitan esta ahora pluviosa franja de tierra.

 Carlos Poblete Ávila

Profesor de Estado

16/07/2020. Se dice que la post pandemia desnudará la verdadera y cruel realidad de muchos pueblos y comunidades en el mundo. Evidencias ya existen.

Hablando de lo que ha pasado y sucede en Chile es lo que corresponde decir. Los medios de información parecen todos estar en cadena, narran lo mismo y en igual horario, sobre todo la televisión. Pero la realidad toda no aparece en su descomunal dimensión.

Ciertamente algunas expresiones de esa situación económica, social y humana se conocen. No todo se puede ocultar, la verdad siempre aflora, es como el hilo de agua que siempre filtra.

Los renglones, las palabras del rótulo: educación, salud y vivienda permiten referir y graficar lo que en esos planos sucede. Un claro signo es la agudización -por eso calvario- de la cruda realidad que afecta a millones de seres humanos que habitan esta ahora pluviosa franja de tierra.

Hasta hoy no se sabe con certeza la cantidad de personas que habitamos este  longitudinal y angosto territorio. Los últimos censos no dan cuenta real de una cantidad total de población, por lo menos 1.2 millón de ciudadanos no fue censado, contabilizado en esos operativos oficiales. Tal vez se esté muy cerca de los 20 millones de habitantes, considerados también los inmigrantes.

Suele decirse que la educación, la salud y la vivienda son “servicios”. Más exactamente lo que corresponde expresar es que son “derechos”. Servicio es lo que refiere a lo administrativo, a la gestión burocrática. Lo correcto, lo social es hablar de derechos, y de derechos humanos, como señala la Carta de las Naciones Unidas.

Como el mundo sabe y la sociedad chilena lo padece, es este el país más privatizado del mundo, un país sin patrimonio. A la educación le llegó su hora hace 39 años, luego a la salud, y la vivienda no se escapó de la voracidad empresarial, y todo se transformó en mercancía. Las universidades crecieron en gran número, crear una era como fundar un banco. Los Institutos Profesionales  y los Centros de Formación Técnica han completado una considerable cifra. Escuelas, liceos y jardines privados también aumentaron. El Estado se hizo subsidiario, y la “Libertad de Enseñanza” alcanzó su trono.

La salud es otro sector averiado por la privatización. Durante años -un dato histórico- se habló del Servicio Nacional de Salud. Hoy eso es añoranza. La precariedad es el signo del actual sistema sanitario mercantilizado. En Chile enfermarse es de alto riesgo. Las clínicas privadas han aumentado en todo el país, en claro desmedro de la Salud Pública. Laboratorios, farmacias y el sector médico conviven en inescrupulosa  y hasta criminal colusión. Pacientes hay que ruegan por una atención, por una cirugía, mendigando y mirando caras hasta la humillación. Las siniestras y masivas  “Listas de espera”  en los hospitales son la cruda realidad del sector. Esto hace que las urgencias  sean “derivadas” al ámbito privado. Quien se quiera sanar, que pague.

En Chile el déficit de viviendas nunca ha sido resuelto ni medianamente. Millones de personas carecen de un lugar digno donde vivir. Durante años las “Tomas de terrenos” han sido la justa conducta de multitud de ciudadanos. Otra realidad son los Campamentos, expresión de la absoluta carencia de una casa. No hace mucho se habían registrado más de mil de ellos en el país. No tener casa es como vivir en el aire, o, literalmente en el suelo. Esto es lo que ocurre con las personas que según el lenguaje oficial viven en “Situación de Calle”, son los que están en las plazas y veredas envueltos con periódicos y cartones. Se dijo en un momento que son 20 mil, pero la cantidad ha de ser dos veces más. Los eufemismos constituyen un sello de la  feroz “dulcedumbre” del sistema en su extremo formato neoliberal, es como decir de los más empobrecidos del país que ellos son de los sectores más “vulnerables”, en vez de llamarlos socialmente miserables.

No se incluye en esta columna más extensamente lo que sucede con el sistema previsional, expresión superlativa del lucro del mundo de las AFP, y del despojo de que son objeto otros 11 millones de trabajadores, cuyas cotizaciones de años “generosamente” son administradas  por tales entidades. Esas empresas manejan un capital que suma más de 200 mil millones de dólares, esos siderales montos son invertidos en diversos otros rubros y, si ganan, los recursos son de las AFP, pero si se malogran, las pérdidas son de los trabajadores. Al final las pensiones son misérrimas.

Nuestra insigne Violeta Parra, en “Al centro de la injusticia”, canto de su autoría, hace tantas décadas, en algunos versos nos dice: “Chile limita al norte con el Perú / y con el Cabo de Hornos limita al sur / … Al medio están los valles con sus verdores / donde se multiplican los pobladores /… El minero produce buenos dineros / pero para el bolsillo del extranjero / … Linda se ve la patria  señor turista / pero no le han mostrado las callampitas / … Mucho dinero en parques municipales / y la miseria es grande en los hospitales / Al medio de Alameda de las Delicias / Chile limita al centro de la injusticia /”.

 

 

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