La agrupación tomó la decisión de exigir del Poder Judicial que se cumpliera con el deber de dar cumplimiento a la legítima exigencia de verdad y justicia en nuestro país.

Eduardo Contreras

Abogado

Santiago. 21/06/2020. Este mes se cumple una década desde que la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, la AFEP, diera inicio a la presentación masiva de querellas por el asesinato -a manos de los criminales uniformados de Pinochet- de chilenas y chilenos que se opusieron a la traición del 73 y lucharon por el retorno a la democracia.

Aquel martes 1° de junio del año 2010 una delegación que encabezaba la incansable Alicia Lira, presidenta de la AFEP, e integrada por otras y otros dirigentes y un grupo de abogados  presentó de una sola vez las primeras 100 querellas, anunciando públicamente que en el curso del tiempo siguiente se llegaría a presentar más de Mil de estas acciones penales por casos de ejecutados en dictadura. Como sucedió efectivamente.

No es que antes de esa fecha no hubiera acciones penales de esta naturaleza. Bien sabemos que el 12  de enero de 1998 el Partido Comunista de Chile representado por Gladys Marín y un grupo de abogados cursó la primera querella, luego de lo cual las organizaciones de derechos humanos y sus  abogados fueron presentando muchísimas más.

Pero, dada su especial gravedad, los tribunales dedicaron especialmente su trabajo de esos años a los terribles casos de detenidos desaparecidos. Recordemos a propósito el accionar de la compañera Sola Sierra y más tarde de Lorena Pizarro con la AFDD, Y así fue que, pasados los años, los procesos por casos de ejecutados no desaparecidos eran escasos en relación a la realidad concreta. No guardaban relación con lo que había sucedido. Además, los tribunales daban más bien señales de no seguir avanzando.

Fue entonces que la AFEP tomó la decisión de exigir del Poder Judicial que se cumpliera con el deber de dar cumplimiento a la legítima exigencia de verdad y justicia en nuestro país. Y fue así que la Agrupación comenzó por convocar a abogados y estudiantes de Derecho de diversas universidades de la capital a revisar cuidadosamente todos los antecedentes y documentos existentes sobre la materia, prensa de la época, antecedentes de organismos públicos y privados sobre el tema, más el material proporcionado por los propios familiares que trabajaban a lo largo del país con la AFEP.

El resultado del extenuante trabajo de varios meses permitió la elaboración de mil doscientas fichas específicas, caso a caso, que abrieron paso a la redacción de las querellas iniciales que se cursaron el año 2010 y a las que se siguieron presentando en el curso de los años siguientes.

Por esas fechas los nuevos procesos los llevaba el juez Mario Carroza. Pero la cantidad de esas nuevas acciones penales obligó al Poder Judicial a designar un número mayor de jueces de dedicación exclusiva lo que constituyó un importante avance para todas las causas relativas a derechos humanos.

A esas alturas en el equipo se había creado ya un ambiente fraternal de trabajo que se mantiene hasta hoy con el concurso de abogados -en su mayoría jóvenes- y estudiantes de Derecho ; lo que hace posible el prolijo seguimiento de los juicios. Por cierto la actividad de la AFEP no se restringe sólo a los procesos judiciales. A lo largo del tiempo ha mantenido reuniones de estudio con destacadas personalidades, nacionales, e internacionales, del mundo de los Derechos Humanos.

La lista es larga pero recordemos al menos a los magistrados y juristas Juan  Guzmán Tapia de Chile, Baltasar Garzón de España, Eugenio Zaffaroni de Argentina, Mariana Mota de Uruguay. Se ha compartido también con los compañeros cubanos que permanecieron por años prisioneros en EEUU, con abogados de DDHH, periodistas, escritores, historiadores y diversas personalidades, nacionales y extranjeras, que se han desempeñado en este ámbito de la lucha por verdad y justicia. Han colaborado igualmente con la AFEP figuras importantes del exterior, como la irlandesa Cath Collins y la italiana Francisca Lessa. En algún momento se ha contado además con el apoyo de abogados del Programa de DDHH del Estado chileno.

En nuestros días la actividad continúa con el mismo entusiasmo y dedicación. Cerca de una veintena de jóvenes profesionales, coordinados por el abogado Marcelo Tapia, colaboran en el seguimiento de estos procesos judiciales. En el grupo no hay diferencias ni dificultades en el orden político. La realidad es que hay colegas independientes y otros con militancia en diversas organizaciones políticas de izquierda y sus reuniones semanales son un ejemplo de trabajo serio y de alegría juvenil. Sin duda la gestión y el acompañamiento de las dirigentes de la AFEP ha sido fundamental. Al cumplirse esta década, la realidad nos muestra que su accionar seguirá por mucho tiempo y ni la pandemia ha paralizado su contacto con  los tribunales.

Es el momento de recordar estas luchas y agradecer sobre todo a aquellos abogados, estudiantes, familiares y compañeras y compañeros cercanos a la AFEP  que en los difíciles días del comienzo de la tarea estuvieron por dar con fuerza esa gran batalla por la verdad y por la justicia. Muchos de ellos siguen en la tarea. Sus nombres nunca serán olvidados.