Falleció en Reino Unido. Se destacó su solidaridad con el pueblo chileno y la defensa de DDHH. “Ha fallecido nuestro querido amigo y compañero”.

Londres. 05/06/2020. Nos avisaron que nuestro querido amigo y compañero, Andy McEntee, ha fallecido de un ataque al corazón fulminante.

Muchos deben haber conocido a Andy, durante la campaña para extraditar a Pinochet a España. Pero a Andy se le conocía por mucho más que eso. Él era un excelente amigo no solo de la comunidad exiliada en el Reino Unido y Europa, sino también un dedicado defensor de los oprimidos y perseguidos alrededor del mundo.

Andy poseía muchas cualidades. Un Escoses de cuerpo y alma, era excepcionalmente inteligente, dedicado y con un profundo sentido del deber y compromiso para con la lucha contra la injusticia donde sea que se encontrara. Tuvo un rol central en la detención de Pinochet en Londres y la campaña legal que se llevó a cabo luego para lograr la extradición hacia España para que respondiera por sus crímenes.

Trabajando desde el Chile Committee for Human Rights, fue testigo del costo humano de la “guerra sucia” que la dictadura desato contra el pueblo chileno, así como el impacto en Latinoamérica con la “Operación Cóndor”. Trabajo sin cesar para lograr la libertad de los presos políticos y denunciar los crímenes de la Junta Militar en Chile, mientras participaba en las variadas actividades político-culturales de la comunidad latinoamericana en el Reino Unido. Siempre optimista, con su humor y acento tan Escoses, siempre mantuvo que, sin importar el tiempo ni la distancia, había que juzgar a los violadores de los derechos humanos.

Como Presidente del Consejo Directivo de Amnistía Internacional -Sección Británica-, Andy trabajo por muchos años, a pesar de que no se sabía abiertamente, coordinando una serie de acciones legales para lograr la detención de Pinochet durante sus frecuentes viajes a Gran Bretaña. Estos intentos, se llevaron a cabo durante las visitas de Pinochet a Gran Bretaña para reunirse con fabricantes de armas, o durante sus viajes para ir de compras a las tiendas caras y de moda en Londres.  En ese entonces, se le permitía al dictador el ingreso al país, a pesar de un fuerte cuestionamiento en el Parlamento Británico, por parlamentarios tales como Jeremy Corbyn, y las continuas protestas de las organizaciones de derechos humanos y exiliados.

Esto hacía que, en 1998, muchos en Chile y en el mundo, creyeran que el dictador, quien se había trasformado en un Senador Vitalicio, había escapado la justicia y nunca sería juzgado.

Pero Andy, junto a los abogados y jueces españoles, Joan Garcés, Baltasar Garzón, iban a demostrar que no era así. Transformándose en el lazo entre la comunidad exiliada en Londres y los jueces españoles, Andy ayudo a que se emitiera una orden de detención y extradición, para evitar que el Dictador escapara una vez más.  Un simple papel, que tendría repercusiones más allá de las fronteras de nuestro pais, creando un precedente en la jurisdicción internacional de los derechos humanos. Nunca más los dictadores y torturadores se sentirían seguros viajando fuera de su país.

Andy fue una inspiración para todos nosotros. Trabajo incansablemente desde el momento que Pinochet llego a Londres, ese frio octubre de 1998, hasta el día que el gobierno británico, en acuerdo con el gobierno chileno, conspiraron para permitir que Pinochet volviera a Chile en libertad. El Piquete de Londres, trabajando estrechamente con Andy, coordinando acciones, emitiendo comunicados de prensa, marchando, manifestando. Su posición era que lo esencial consistía en mantener la presión pública y política en el Gobierno Británico y en la opinión pública para lograr la extradición. Al mismo tiempo, trabajando diligentemente con el equipo legal para lograr que las Cortes no solo instituyeran lo que era un principio de la ley, sino la obligación moral de una sociedad civilizada de no permitir la impunidad de crímenes de lesa humanidad

El compromiso de Andy fue tal, que invirtió todo su tiempo y esfuerzo, en algo en lo que creía firmemente. Justamente, durante ese periodo del proceso de extradición, se arriesgó personalmente, defendiendo su posición, por lo que él consideraba como una causa justa.    Incluso después que se le permitió al dictador volver a Chile, Andy continuó trabajando, manteniendo la presión en el gobierno de Chile para asegurar que Pinochet enfrentara la justicia en su país.

Andy deja un legado inconmensurable, que no puede ser descrito en palabras. Su contribución a la justicia y el principio de las leyes internacionales de derechos humanos es bastante único. Y sus repercusiones las sentimos hasta hoy. Pero quizás incluso más importante para algunos de nosotros que lo conocimos y trabajamos con él, es el honor que sentimos de haber conocido a una persona honesta, sincera y comprometida.

La pandemia por la que atravesamos no nos permite estar presente personalmente en la ceremonia de despedida. Pero estamos decididos de estar ahí, con lágrimas en nuestros ojos, con símbolos de muchos países y personas, que sus actos de amistad y solidaridad tocaron. Especialmente chilenos y Mapuche, con nuestros corazones llenos de afecto y respeto, entonando una canción que cantamos con él, durante esos largos días en el Piquete de Londres:

“..De pie, cantar

el pueblo va a triunfar.

Será mejor

la vida que vendrá

a conquistar

nuestra felicidad

y en un clamor

mil voces de combate se alzarán

dirán

canción de libertad

con decisión

la patria vencerá.

Y ahora el pueblo

que se alza en la lucha

con voz de gigante

gritando: ¡adelante!

El pueblo unido jamás será vencido,

el pueblo unido jamás será vencido…

 Compañero Andy McEntee!

Presente!

Ahora y Siempre!

 

Jon Barnes y Andy Atkins agregan:

Respectivamente, dirigimos el Comité de Derechos Humanos de Chile (CCHR) del Reino Unido durante el período 1982-88 y tenemos cálidos recuerdos de trabajar con Andy McEntee en la segunda mitad de la década, habiéndolo reclutado para la organización en 1986. Asumió el cargo de secretario del CCHR en 1988 y dirigió su trabajo de manera impresionante hasta que el comité cerró a principios de la década de 1990, tras el referéndum que rechazó la continuación de la dictadura de Pinochet y abrió el camino a las elecciones.

Así como los cambios estaban surgiendo en Chile como resultado del movimiento de protesta, el momento fue uno de transición en el CCHR también. Cuando yo (Jon) dejé el comité, significaba que dos personas llamadas Andy se quedaron dirigiendo nuestro espectáculo solidario: Andy Atkins y “Andy Mc” como solíamos llamarlo. La comunidad chilena, con su ingenio habitual, apodó el nuevo equipo establecido como la ‘cumbre de los Andes’.

Estamos aturdidos y entristecidos por la inesperada muerte de Andy Mc y recordamos con cariño y enorme respeto a su persona y trabajo. Una cosa que nos llamó la atención de inmediato fue su feroz determinación. Llegó asombrosamente preparado para su entrevista de trabajo en 1986 y sus respuestas a nuestras preguntas fueron tan enfáticas -probablemente estábamos más nerviosos que él- que casi teníamos miedo de rechazarlo. Si Andy era algo, era tenaz.

Andy Mc trajo nuevos conocimientos y habilidades importantes al trabajo del comité en ese momento. El cabildeo de los políticos, las campañas con los grupos locales y la sensibilización a través de los medios de comunicación seguían siendo vitales, sobre todo por la necesidad de responder a los episodios sistemáticos de represión con los que se encontró el movimiento de protesta. Pero con indicios de transición en el horizonte, la organización necesitaba renovar su enfoque, y aquí es donde los antecedentes legales de Andy mostraron su valor. Andy aplicó el rigor forense a su trabajo sobre los asuntos en juego en el período previo a la transición política, así coadyuvando a la colaboración con partidarios claves del comité como el abogado Geoffrey Bindman.

Esta pericia, combinada con la tenaz persistencia de Andy -una vez que se metió los dientes en algo, no lo dejaría caer- dio dividendos en los años venideros mientras sostenía su compromiso leal con la causa de derechos humanos en Chile en la década de los 1990, a pesar del cierre del CCHR. Como señala el artículo, el papel que Andy jugó con otros en la detención de Pinochet en Londres en 1998 fue transformador, tanto por su importancia duradera para el progreso en la rendición de cuentas de los derechos humanos en Chile como por su contribución más amplia al avance del principio de «jurisdicción universal» sobre las atrocidades de derechos. A pesar del establecimiento de la comisión de la verdad de Chile, la preocupación era que la impunidad de los derechos humanos se considerara un precio necesario para proteger la estabilidad y consolidación de la llamada transición democrática de Chile.

Al meditar con inmensa tristeza la pérdida de Andy Mc, también nos hemos reído al recordar su carácter animado y su idiosincrasia. La pasión de Andy se infundía a veces de aristas espinosas que necesitaban ser comprendidos como una parte fundamental de su compromiso. A menudo le tomábamos el pelo por la intensidad de su argumentación, pero Andy, al acusar recibo de nuestros intentos, también nos pagaba con la misma moneda. Nosotros, por supuesto, en medio de las presiones y demandas del trabajo, teníamos nuestras propias peculiaridades, sensibilidades y pretensiones también. Andy, con un destello en el ojo, los comentaba agudamente y nos reducía a la medida.

Detrás del exterior aparentemente áspero de Andy estaba un escocés amable y dulce que nosotros, y la comunidad chilena, llegamos a apreciar cada vez más. Tal afecto también fue, sin duda, suscitado por la picardía de su irónico sentido del humor con que a menudo nos trataba a nosotros. Como era de esperar, también era un buen imitador. En una ocasión, yo (Andy Atkins) recibí un telefonazo en la oficina del CCHR y seguí diciéndole a la persona que llamó (que insistió en hablarme con una voz elegante): «¡No me jodas, Andy, deja de huevear!» Estaba convencido de que era Andy Mc, haciendo una de sus imitaciones, pero la persona en cuestión resultó ser un miembro de la Cámara de los Lores con quien iba a reunirse.

Jon Barnes, secretario del Chile Committee for Human Rights (1982-86)

Andy Atkins, secretario del Chile Committee for Human Rights (1986-88)

 

 

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