Ahora nos encontramos con una ausencia total de seguridad y más parece un copamiento de fuerzas militares.

Javier Albornoz Rebolledo

Integrante del Comité Central del Partido Comunista

Santiago. 31/05/2020. La seguridad históricamente ha sido un objetivo de la sociedad, vemos así que hay una tendencia que ve a la seguridad solo para un grupo reducido de la población, que les permite proteger sus bienes materiales y su bienestar personal. En sentido opuesto existe otra tendencia que busca proteger al conjunto de la sociedad sin distinciones de ningún tipo, visto así entendemos que la seguridad tiene y tendrá una posición en la lucha de clases.

La situación de la seguridad pública que vive Chile desde antes del estallido social tiene este perfil que mencionábamos en el párrafo anterior. La seguridad y el esfuerzo del Estado por proveer seguridad se centró única y exclusivamente en los centros financieros y comerciales, dejando desprovista de seguridad a un porcentaje mayoritario de la población ante el avance del narcotráfico y del crimen organizado en el país. Incluso las redes de estas organizaciones criminales han permeado en distintos niveles y grados al Estado e incluso a las instituciones que deberían brindar seguridad.

La realidad que el estallido del 18-O develó en profundidad es que la seguridad pública es para defender los intereses de grupos minoritarios, traspasando la línea de protección de los DDHH y la integridad física de los y las ciudadanas movilizados/as. Se repite en otro tiempo y espacio nuevamente que las fuerzas de orden y seguridad han optado por ser cómplices de la política oligárquica que en la historia de Chile se ha servido de su mano para reprimir y castigar a los sublevados.

Ahora en plena pandemia nos encontramos con una ausencia total de seguridad y más parece un copamiento de fuerzas militares. Las caminatas de adolescentes,  jóvenes, adultos y viejos que están “pegados” en la pasta base,  muestra que esta pandemia también tiene un tratamiento de clases, el tráfico sigue siendo normal en los puntos que todos conocen, siguen avisando vía fuegos artificiales la llegada de “la merca”, se mantienen las disputas territoriales mediante balaceras y robo de droga a grupos rivales, los mismos que han envenenado a varias generaciones ahora siguen con una práctica que puede generar barrios y comunas fallidas.

Los narcos han usado la entrega de dinero y alimentos en estos momentos de incertidumbre, lo que les permite ir avanzando en mayor control territorial y de conciencias, desde otro lado los empresarios, la oligarquía despiden y dejan sin sueldos a cientos de miles de trabajadores/as, los narcos ofrecen alimentación, dinero. Unos y otros se sirven de las consecuencias del modelo neoliberal (El Estado priorizó comprar material para reprimir que significo 15 millones de dólares). Vistas así las cosas, la CPC pone a disposición del gobierno un fondo privado que asciende a cerca de 100 mil millones de pesos. En comparación tanto la oligarquía como los narcos se parecen mucho.

Qué vemos y proponemos para ir al fondo del problema en las nuevas y difusas nuevas condiciones que vive la humanidad y Chile en particular:

  1. Debemos avanzar en un acuerdo político social que ponga al centro las demandas que se arrastran por décadas, sin esto es imposible salir de la crisis neoliberal.
  2. Avanzar en un acuerdo político y social por la reforma y rearticulación de Carabineros.
  3. Avanzar en el esclarecimiento a las violaciones a los DDHH. Justicia y reparación.
  4. Debemos plantearnos una profunda reforma a la ley de drogas, que sea acompañada de una política nacional permanente de prevención y fortaleciendo comunitario para evitar que se termine consolidando el crecimiento y control territorial del narcotráfico.
  5. Se debe perseguir a los financistas que internan drogas a Chile, así como a los lavadores de dineros de estas organizaciones criminales.
  6. Se deben transferir recursos financieros y humanos hacia los municipios para enfrentar desde una perspectiva integral la problemática del tráfico y consumo de drogas.