Las víctimas de esta pandemia no son cartas de naipe. Son seres humanos. ¿Qué hay de las responsabilidades del gobierno?

Iván Ljubetic Vargas.

Historiador. Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren (CEILER).

Santiago. 31/05/2020. Releyendo, en estos tiempos de  cuarentena, ese libro maravilloso que es “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, no me cupo duda alguna de que si el señor presidente y el doctor mentiras hubieran leído esta obra quizás (porque nada es seguro con estos personajes) no habrían llevado a nuestro Macondo a la terrible situación que vivimos con la pandemia del coronavirus.

El señor presidente  ahora, con el agua más arriba del cuello, después de haber desoído a los más amplios sectores, clama desesperadamente por un Acuerdo Nacional para compartir la catástrofe.  Bien  pudo haber seguido el ejemplo de José Arcadio Buendía y reunirse con los jefes de familia y entre todos acordar medidas.

Pero “mangas cortas”  se creyó el gran mago que podía lucirse y sacar partido con la peste. Pensó repetir la historia  de los 33 y el papelito.

Leemos en “Cien años de Soledad”:

“Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarle lo que sabía sobre la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga. Fue así como se quitaron a los chivos las campanitas que los árabes cambiaron por guacamayas, y se pusieron  a la entrada del pueblo a disposición de quienes  desatendían los consejos y súplicas de los centinelas e insistían en visitar la población. Todos los forasteros que por aquel tiempo recorrerían las calles de Macondo tenían que hacer sonar su campanita para que los enfermos supieran que estaba sano. No se les permitía comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda de que la enfermedad sólo se transmitía por la boca, y todas las cosas de comer y beber estaban contaminadas de insomnio. En esa forma se mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población…”

Más adelante Gabriel García Márquez escribe:

“Pilar Ternera fue quien más más contribuyó a popularizar esa mistificación, cuando concibió el artificio de leer el pasado en las barajas como antes había leído el futuro. Mediante ese recurso, los insomnes empezaron a vivir en un mundo construido por las alternativas inciertas de los naipes…”    

Naipes, naipes, ¿por qué será que me recuerdan estas palabras a un mañoso investido de ministro?

Trato de hacer memoria. Algo que leí anteayer:

“Lo que hemos aprendido duramente en esta pandemia es que todos los ejercicios epidemiológicos, las fórmulas de proyección con las que yo mismo me seduje en enero, se han derrumbado como castillo de naipes”, reconoció Mañalich, en el contexto de una visita al Hospital Clínico de la Red de Salud de la Universidad Católica.

De esta manera, el ministro responsable de la salud de los chilenos, en forma frívola,  liviana, irresponsable, insensible, reconoció el fracaso del gobierno neoliberal ante la pandemia del coronavirus.

Pero, las víctimas de esta pandemia no son cartas de naipe. Son seres humanos. ¿Qué hay de las responsabilidades del gobierno?

La derecha vive cien años de irresponsabilidad.

Pero los chilenos no somos  insomnes que aceptamos vivir  en un mundo construido por las alternativas inciertas de los naipes de    Pilar Ternera o del “doctor mentiras”.

Pese a las dos pestes (la del coronavirus y la del gobierno neoliberal) y a todas las pestes, más temprano que tarde abriremos las anchas alamedas.